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Juan Carlos del Olmo

Juan Carlos del Olmo

Todo empezó con la decapitación de una hormiga. Juan Carlos del Olmo (Madrid, 1967) contempló horrorizado a los siete años cómo un amigo suyo desmembraba sin ton ni son al pobre insecto. «Me acuerdo muy bien de la sensación de una tarde de verano, del hormiguero, del aburrimiento y de ver a mi vecino arrancando las cabezas de las hormigas. Eso que me sublevó es lo mismo que hoy me subleva, que me indigna. Recuerdo nítidamente esa misma sensación de injusticia y de la estupidez de querer destruir algo bello, y eso es lo que me mueve en el presente». Hoy es secretario general de la ONG ecologista WWF España, aunque es activista por el medio ambiente desde ese desafortunado episodio de su niñez.

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La mayor ONG conservacionista independiente en el mundo. Cuenta con unos 5 millones de miembros y una red mundial de 27 organizaciones nacionales, 5 asociadas y 22 oficinas de programas, que trabajan en más de 100 países.
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SU MISIÓN

Detener la degradación del ambiente natural del planeta y construir un futuro en el que los seres humanos vivan en armonía con la naturaleza.
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¿Fue en ese momento cuando tomó conciencia de la importancia de cuidar nuestro entorno?

Más o menos, pero yo ya llevaba mi vocación naturalista por dentro. Salía al campo a mirar aves. Me hice experto ya muy jovencito, pero no me valía, porque está muy bien anillarlas y estudiarlas, pero, si no actúas cuando ves que se está destruyendo, no sirve de nada. Por eso desde muy pequeñito empecé a actuar y a participar en organizaciones de defensa del medio ambiente, cosas por aquella época muy radicales. Mi trabajo después siempre estuvo enfocado a la naturaleza; durante años hice documentales para TVE. Estuve un tiempo en Latinoamérica hasta que me WWF Internacional me ofreció dirigir la oficina en España.

Y, en todo este tiempo, ¿cómo ha evolucionado la concienciación con el medio ambiente? ¿Debemos ser optimistas con los resultados de la Cumbre de París?

WWF no está satisfecha del todo, pero hay que verlo con perspectiva. Llevamos veinte años y veinte cumbres, desde la de Río, desde que nace el Protocolo de Kioto, año tras año intentando que los gobiernos reconozcan la existencia del cambio climático. Pasaron primero de la negación al escepticismo. Nuestro objetivo es pasar a la acción y llevábamos veinte años viendo cómo fracasábamos cumbre tras cumbre, porque en el último momento las puertas se cerraban y alguien bloqueaba las negociaciones. Lo que ha pasado en París es un cambio, porque los actores principales, en este caso Estados Unidos, China y otros países, deciden que hay que cambiar y eso es muy importante. Nos gustaría más concreción, pero está claro que hay un cambio de tendencia.

Esos países tendrán que empezar por cambiar su modelo energético.

Los países que viven básicamente del petróleo y del carbón tienen que replantearse esa economía. A raíz de la Cumbre de París, ven que podrán extender un poco más este modelo, pero que va a acabar. Si eres una empresa que vive de los combustibles fósiles, cuando escuchas a 170 líderes firmar un papel en el que dicen que eres un problema, ya puedes empezar a cambiar de negocio. Es una señal en los mercados muy potente. Hay un espíritu y hay un discurso que creo que va en la dirección correcta.
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Dice que los políticos han pasado en diez años de negar el cambio climático a aceptarlo como un problema.

Hay un cambio de tendencia en los partidos tradicionales, aunque es totalmente insuficiente. A mí me preocupan más, en cambio, los partidos nuevos. Asumiendo que el cambio en los partidos de siempre será lento, me parece incomprensible que pueda haber formaciones nuevas donde la lucha contra el cambio climático no sea troncal. El último año ha sido crucial por dos cosas: se acuerda la agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, una agenda global que por primera vez es integral desde el punto de vista de la sostenibilidad, y el acuerdo de París. Eso para mí tendría que ser el centro de cualquier programa político. Y cualquier partido progresista moderno debería incluirlo no como algo lateral, sino central, aunque efectivamente la mayoría de los programas incluyen medidas interesantes que antes no había. Ahora mismo, la justicia social, si no es medioambiental, no es justicia social. Por eso me preocupa más no escuchar a los líderes emergentes empezar hablando del cambio climático, del cambio de modelo energético, de la justicia medioambiental. Parte de los grandes problemas sociales que van a venir en el futuro, quienes van a salir perjudicadas son las clases medias y bajas.

Dichas formaciones se ven en la tesitura de defender el medio ambiente o los derechos de tantos trabajadores en las minas.

Las víctimas del cambio climático no van a ser 8.000 o 10.000 mineros, sino cientos y cientos de miles de personas, los más desfavorecidos en el mundo. Los próximos años, y ya está ocurriendo, vamos a ver negocios que van a desaparecer y otros nuevos que van a emerger. Lo que hay que hacer es anticiparse e intentar que haya una transición justa, es decir, que no paguen los trabajadores y trabajadoras. Si nos anticipamos a eso, se puede solucionar. Lo que es un discurso maniqueo es poner el cambio climático como un problema.

El hecho de que se haya asumido en los Objetivos de Desarrollo Sostenible que de aquí a finales de siglo la temperatura va a subir dos grados, ¿no es tirar la toalla?

“La temperatura en España podría subir hasta seis grados a final de siglo.”

Es que ya es demasiado tarde. La Cumbre de París, por ejemplo, no asume que vaya a subir dos grados, mantiene todavía el objetivo del 1,5, pero todos los modelos dicen que en la situación actual nos vamos a tres y cuatro grados, y para países como España estamos hablando de cinco y seis. Ya estamos asumiendo unos niveles de riesgos enormes si cruzamos el umbral de los dos grados, y cuanto más avanzamos, peor; por eso estamos diciendo que es el momento de pasar a la acción. Muchas veces me hablan de la educación ambiental, pero es que ya no da tiempo. Hay que concienciar a los líderes que están ahora mismo en el poder y como mucho a la siguiente generación, porque estos son los que tienen que producir los cambios. Es una cuestión de urgencia.

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Parece que el mundo empresarial se lo empieza a tomar cada vez más en serio.

Yo haría dos distinciones. En el mundo empresarial hay una parte que se resiste al cambio, ligada a un modelo económico absolutamente inviable, y estas empresas son un problema. Están en contra de la sociedad sobre la que se asientan. Y hay otro mundo empresarial enfocado a las soluciones y a proveer lo que la sociedad pide. Esta parte está emergiendo, creciendo, a una gran velocidad. Está ligada con la innovación y las nuevas tecnologías, la lucha contra el cambio climático, por la protección del medio ambiente. Son la vía para generar una nueva economía. Pero algunas empresas están haciendo todo lo posible para frenar los cambios, por retrasarlos, aun sabiendo que se van a producir. Y otras están en la buena dirección. Aquí por ejemplo se acaba de crear el Grupo de Crecimiento Verde, que incluye empresas de todo tipo que están apostando por primera vez y haciendo un contrapeso a las empresas tradicionales. A nivel internacional hay empresas que están trabajando en temas de energías limpias y nuevas tecnologías lideradas por algunos líderes empresariales muy importantes. Echo en falta en España empresas que lideren este discurso medioambiental, empresarios líderes en este sentido, que sí ves en otros países.

Pero la sostenibilidad, cada vez más, sale de sus departamentos de RSC para integrarse en la estrategia económica de la empresa.

Sí, pero a mí no me vale que una gran multinacional diga que ahorra mucha agua cada año. Eso debería ir de serie. Hay que ir más allá. Nosotros somos muy partidarios de trabajar con las empresas y de empujarlas y sobre todo es una etapa en la que necesitamos aliados. La filosofía de WWF es la suma, trabajar juntos y cuantos más mejor. Las empresas tienen un papel extremadamente importante. Y algunos sectores tradicionales tienen una visión cortoplacista. La industria de la automoción durante años ha tratado de mitigar el mensaje del cambio climático y, cuando no ha quedado más remedio que aceptarlo, han empezado con modelos híbridos. Y de pronto llega Tesla y cambia las reglas del juego con sus coches eléctricos. Este es un ejemplo de las empresas proactivas, que miran a un futuro que pasa por el cuidado del planeta.

Hablando del planeta. Un estudio suyo dice que en 2030 harían falta dos para abastecer todas las necesidades de la población.

No es un problema de disponibilidad de recursos sino de reparto. Para que todos tengamos acceso a un somier y un lavabo con agua corriente algunos sectores de la población tendrán que reducir su consumo porque el planeta no da para más. Pero también que hay que producir de una manera más sostenible. La carne, por ejemplo: se usa soja para el pienso de los animales, y las plantaciones de soja suponen deforestaciones masivas en el Amazonas. Esto es un problema, y su solución pasaría por consumir carne menos masivamente. Tenemos un programa basado en una dieta sana para nosotros y, al mismo tiempo para el planeta. Hay un problema parecido con el aceite de palma: se deforestan bosques tropicales en Indonesia, Malasia o Borneo para abastecer la demanda mundial. Hay que concienciar a la gente de eso.

También nosotros tenemos responsabilidad. Deberíamos cambiar nuestro modelo de consumo.

Absolutamente. Hemos superado los límites del planeta y en este momento estamos consumiendo un planeta y medio. El modelo económico actual proyecta una idea de bienestar cimentada en el propio consumo. Ese es un problema que se debe cambiar con políticas eficaces, pero también con educación. Aunque, como ya he dicho antes, ya no nos queda tiempo para educar a las generaciones venideras. Hay que actuar ya.

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El reciclaje también tiene un papel crucial en la solución a la escasez de recursos. ¿Ve una evolución en la concienciación ciudadana?

Ha habido un cambio a mejor, y la labor de los SIG (sistemas integrados de gestión) como Ecoembes reciclando y educando es importantísima. También los poderes públicos lanzan campañas que son muy positivas. Hay un cambio en determinados hábitos cuando a la gente se le pone relativamente fácil. Todo el mundo quiere acostarse sabiendo que lo ha hecho lo mejor posible.

Las energías renovables también son un activo muy importante, más en un país como el nuestro.

Creo que España en 10 o 15 años podrá ser un país solar, apoyada, por supuesto, en otras renovables como el viento. Tenemos el potencial para serlo, es hora de empezar a abandonar el carbón. España tiene unas posibilidades extraordinarias de ser la autopista que va a traer la energía del norte de África hacia Europa. Podemos ser un país 100% renovable, es una cuestión de voluntad política.

Otra consecuencia dramática de la acción del hombre: al día se extinguen 200 especies animales.

Nosotros hacemos un índice, Planeta Vivo, que mide 10.000 poblaciones de 3.000 especies de an bios, peces, aves y mamíferos de todo el mundo. Las especies de agua dulce se han reducido dramáticamente y las que viven en los bosques también. En solo dos generaciones hemos reducido a la mitad el número de vertebrados del planeta. También el 90% de las poblaciones de tiburones, que son los que mantienen el equilibrio en el mar. Lo que hay que hacer es concienciar a la población de que esto es un problema que terminará volviéndose en nuestra contra, porque terminar con la biodiversidad afecta inevitablemente a nuestro ecosistema y por tanto a nuestros recursos.