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Ramón Lobo y María Benjumea

Ramón Lobo y María Benjumea

Un periodista todoterreno y una de las voces más relevantes en el mundo del emprendimiento. Ramón Lobo y María Benjumea reflexionan en este diálogo organizado por Circle sobre la vertiginosa transformación social, laboral y cultural que estamos experimentando.

María, te defines como una startup en ti misma. Ramón, tras una larga e intensa trayectoria periodística en distintos medios, ahora has pasado a pertenecer, dices, a la clase social de los emprendedores. ¿Es esta la figura que representa al trabajador del siglo XXI?

María. Creo que sí. Vivimos en un mundo que se mueve a una velocidad de vértigo, en el que el concepto de empleo ha cambiado de una manera bestial, y nada mejor que todos nos sintamos dueños de nuestro proyecto. Me encanta definirme como una strartupera de 62, porque lo que está claro es que emprender no tiene edad. Se puede hacer en cualquier momento y desde cualquier sitio. Es algo apasionante.

Ramón. Los chinos dibujan la palabra crisis con dos ideogramas: wei ji. Esto es, peligro y oportunidad. La oportunidad depende de ti. El periodista Andrés Oppenheimer, un tipo conservador pero de aquellos a los que siempre hay que escuchar, escribe en el libro ¡Crear o morir! Cómo reinventarnos y progresar en la era de la innovación que los anglosajones son diferentes a nosotros en la manera de concebir el fracaso. En la cultura latina, fracasar está socialmente condenado; en la anglosajona, simplemente te estás tomando un poco más de tiempo para tener éxito. En esta situación de crisis, hay que tener una mentalidad más anglosajona. Lo importante no es fracasar, sino intentarlo.

En esta nueva ola de emprendimiento, ¿creéis que hay una nueva cultura a la hora de plantear proyectos, con un enfoque más social, dirigidos a paliar problemas reales que las grandes empresas, quizás, han desatendido?

María. Yo veo una nueva cultura desde el punto de vista de lo que es concebir esta crisis, de la que afortunadamente ya estamos saliendo. Claramente, es un mundo de oportunidades. Esta nueva cultura está muy vinculada con esa concepción cada vez mayor de considerarnos emprendedores. Desde la cultura latina, realmente estamos empezando a concebir el fracaso como un aprendizaje, como una experiencia. Este cambio de cultura va unida a una mayor concienciación e interés por proyectos sociales. Pero, además, también veo ilusión, no solo un «esto lo tengo que hacer», sino un «esto lo quiero hacer». Algo que admiro muchísimo es la generosidad por parte de esta nueva generación. Y cuando hablo de generación no me refiero únicamente a los jóvenes, sino a esta nueva cultura que se embulle en todas partes. Es una manera distinta de pensar.

Ramón. Hay muchas ganas de hacer cosas, eso es evidente. España es un país con mucha energía. De alguna forma, tapada por una clase política que vive en su mundo, junto con la clase periodística y la clase empresarial. El mundo empresarial está cerrado. No estamos jugando con unas reglas justas, como en Estados Unidos o en Alemania, donde venir de una familia rica no determina tanto el partir de una posición de ventaja; allí, si eres un tipo trabajador con una buena idea, puedes llegar a tener éxito. Hay miles de ejemplos, Facebook o Google, por poner algunos. Tenemos que meternos en esa dinámica. Hoy, hay un campo enorme para hablar de problemas sociales y ambientales; eso es lo que le importa a la gente. En el Congreso, en las tertulias de la radio, se habla de un tipo de problemas y en la calle se habla de otros. Tenemos que conectar con esa calle.

A los retos globales, como las migraciones o el cambio climático, ¿se les pueden dar respuestas locales?

Ramón. En España, la sociedad civil está tan dispersa como la energía. Existe, se dio en el 15M, pero le falta concretarse. Lo que me gusta de Estados Unidos es que hay asociaciones de cualquier cosa. En vez de tener una actitud tan pasiva en Twitter y en los bares se nos va la boca, tenemos que tener conciencia de que debemos ser los instrumentos que movilicen la política para hacer cosas. Luego hay una confusión muy grande entre Estado y Gobierno. El Estado somos todos; el Gobierno es el encargado de gestionar el Estado. No sé si tiene algo que ver la religión. Hay voces que dicen que sí, que en la cultura protestante se les permitía tener una actitud mucho más activa en la interpretación de las escrituras. Concebían el trabajo como un medio para llegar a Dios; para nosotros es un castigo. Eso ha dañado a los países mediterráneos, sin duda. En España, Egipto, Grecia, Italia, el Estado es un enemigo al que hay que engañar, nunca ha sido un amigo. Si no pagas impuestos, te estás engañando a ti mismo. Se ha avanzado muchísimo en los últimos 40 años, pero tenemos que avanzar más.

María. Me gustaría incidir un poco más en ese cambio y en algo en lo que coincido completamente contigo: hay una brecha grandísima entre la sociedad en general y la clase política y los medios de comunicación. Vivimos en un mundo global, sin fronteras. Somos lo mismo, pensamos lo mismo. La evolución que yo noto en España es enorme, en su mentalización, en su concienciación, seas un ciudadano de a pie, una empresa o una startup. Sin embargo, desde el punto de vista de los medios, habría que incidir mucho más en todo lo bueno. No se puede resaltar constantemente lo negativo y no lanzar ningún mensaje de la gente tan extraordinaria que tenemos, de estos cambios de los que hablamos… Hay que intentar transmitirlo. La transformación social viene vía medios. Con los políticos, pasa mucho más; consideran que ganan votos con ese tipo de mensajes.

Ramón: «Hoy, hay un campo enorme para hablar de problemas sociales y ambientales; eso es lo que le importa a la gente »

Ramón. Me gusta la política como ciudadano, no como periodista. Hay un debate en todas las ciudades europeas sobre cómo hacer frente a la contaminación y hacer las ciudades sostenibles. Sobre peatonalizar el centro, generalizar la bici o implantar carriles que generan electricidad. Aquí se cierra la Gran Vía, mal o bien, de una forma más o menos chapucera, y hay una ola de críticas. Lo que se está haciendo es un entrenamiento. Si no te gusta la medida, tendrás que ofrecer una alternativa. Y esa alternativa no puede ser llenar la ciudad de coches. Nadie está en ese debate. No puedes decir que está mal todo lo que haga el contrario. Zamora, por ejemplo. Creo que es una ciudad que está muy bien rehabilitada. Y el alcalde que lo hizo era del PP. ¿Y qué? No puedes hacer enmiendas a la totalidad. La educación, por ejemplo, uno de los mayores fracasos de la democracia, es una estafa, porque no sabemos cómo va a ser el mundo dentro de dos o tres años y estamos educando a niños con instrumentos de hace 150 años. Ni siquiera les estamos educando a manejarse en lo impredecible. Ken Robinson, británico experto en educación, cuya charla es la más vista de TED, dice que la escuela está matando la creatividad. Cuenta la historia de una niña de seis años a quien su profesor le pregunta: «¿Qué estás pintando?» Y la niña responde: «A Dios». «¡Pero si nadie sabe cómo es Dios!», le responde el profesor. A lo que ella contesta: «Pues ahora lo van a saber». Esto es lo que se va matando. La educación pública se hizo coincidiendo con la Revolución Industrial para crear trabajadores para la industria. Y esa industria está muriendo. Se siguen educando trabajadores para una industria que no existe. Tenemos que crear un campo, abonarlo, plantar los niños, y que cada uno salga según sus talentos. Si un niño te dice dos y dos son cinco, no hay que decirle que está mal, hay que preguntarle cómo ha llegado a esa conclusión, aunque esta sea errónea.

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María. Cuando yo era niña, y no tan niña, la manera en la que me educaban estaba encorsetada para no desarrollar mi creatividad. Hoy día pasa lo contrario, pero el sistema está todavía anclado. En este país hay un talento y una creatividad impresionantes. En nuestro mundo de startups, algo que se decía de los españoles es que no sabemos comunicar. No te digo ya si era en inglés, la lengua de los negocios en un mundo global. En el momento en que nos quitamos las caretas y los tabúes, hay talento en todos los campos. Fui a Silicon Valley y me quedé impresionada no por el talento que allí había, sino porque nuestro talento es tan bueno como el que pude haber allí o mejor. Encima, nosotros somos menos estrictos, más flexibles. Sí me impresionó cómo es como se unen todos los de arriba para apoyar a los emprendedores. Aquí hay que apoyarles desde abajo, porque desde arriba el apoyo no llega.

Ramón. También es un tema de mentalidad empresarial. El director de orquesta no soporta que el primer violín toque mejor el violín que él. Lo que tienes que conseguir es que funcione la orquesta. Nos falta aprender a trabajar en equipo.
Hay mucho talento. Simplemente, hay que crear espacios donde ese talento pueda crecer y ser rentable.

María: «No debemos concebir el emprendimiento como una solución al paro, sino como una nueva forma de vida»

María. Se tienen que dar cuenta de que esto son decisiones prioritarias. Luego ven la evolución y no dan crédito. Veo una evolución positiva, a pesar de todos los sambenitos sobre el carácter latino. Es más, nosotros quisimos llamarlo South Summit para quitar ese concepto peyorativo del Sur. Ya está bien de asociar el Sur a gente vaga, a la pobreza y al jaja. De eso nada. Enseñemos al mundo lo brillante que es el Sur, no por el sol, sino por el talento y la creatividad. Somos supercurrantes. El reto ahora es que concibamos el emprendimiento no como una solución al paro, sino como una nueva forma de vida y de generación de riqueza. De hecho, según un estudio que hicimos, la mayor parte de los emprendedores que encontraron su espacio en plena crisis venía de trabajar por cuenta ajena. El siguiente grupo, un 30%, venía de emprender en otros proyectos. Y solo el 1% venía de estar desempleado.

Ramón. Cada vez que voy a una facultad les digo lo mismo a los estudiantes. Si hacéis periodismo para que os fiche un periódico, sois unos imbéciles, porque os van a pagar 600 euros para estar delante de una pantalla copiando y pegando. Ahora existe la posibilidad de juntarte con este y aquel, hay que crear redes personales. Ahora mismo, una redacción no tiene que estar físicamente toda junta. Eso es el síndrome de la gallina; la gallina necesita tener polluelos alrededor para saber que es gallina. Yo nunca he podido estar ahí 12 horas para que mi jefe se sintiera gallina. Está comprobado que desde casa trabajas más, eres más efectivo. Hoy en día, no se necesita pagar un espacio enorme. Lo aplico a otros campos. En España, hay un escándalo tremendo con las renovables, y no sale nada. Hay una serie de empresas que van cambiando de mercado en función de las subvenciones. Es un país que podría tener mucha más energía y pone un impuesto al sol, todo porque poner un panel solar en la terraza fastidia a las eléctricas.

María. Cuando las energías fósiles tienen sus días contados… están intentado retrasarlo.

Ramón. O las tarjetas de crédito, van a tener serios problemas, porque se podrá pagar todo con el móvil. Todo se está modificando. El periodista Enrique Meneses me dijo que hay tres edades del hombre: la primera es el descubrimiento de la agricultura, que supuso un cambio tremendo porque pasamos de ser nómadas a vivir en ciudades, a ser civilización; el segundo gran cambio fue el descubrimiento de la escritura, y el tercero se produjo en 1968. Ese año se produjo la primera transmisión de ordenador a ordenador de un documento. Si aceptamos el juego de Meneses, estamos al comienzo de una revolución tan importante como el descubrimiento de la agricultura y la escritura. Estamos muy al inicio. Viviendo un momento apasionante. ¿Recuerdas las videotecas?

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María. ¿Y el fax? ¿Qué me dices del fax?

Ramón. Hay un principio de la evolución de las especies de Darwin que nos afecta: no sobreviven los más fuertes ni los más listos, sino los que se saben adaptar. O te adaptas o te quedas analfabeto en cinco minutos. Ahora vamos a un mundo robótico, habrá que debatir cómo se va a repartir el trabajo. Algunos estudios revelan que, en menos de 20 años, casi la mitad de los empleos actuales habrán sido sustituidos por software y robots…

María. Se generarán nuevas actividades. Hablábamos de la necesidad de la adaptación, del aprendizaje. Es un reciclado permanente. Hay montones de profesiones que surgirán. Recuerdo el grado de depresión de la gente en 2012; pensaban que el mundo se terminaba. El tema de la formación será determinante, porque estos robots no nacen solos, por mucho que digan que inclusive van a pensar mucho más rápido que tú. Al final, ahí hay una cosa que no conocemos muy bien del todo, el cerebro, que, cuando se le deja en libertad, es capaz de hacer cosas increíbles. No es el fin del mundo, porque los robots no van a sustituirnos. Quizá sí a nuestras manos, pero no a la cabeza pensante.

Ramón. Seis de cada diez niños que empiezan primaria ejercerán profesiones que no existen. Pero, si miramos hacia atrás, veremos que han surgido profesiones con la industrialización que no existían y han muerto otras. Las profesiones nacen y mueren. Ser taxista hoy, por ejemplo, es una profesión de riesgo. O las agencias de viaje. Hoy puedes incluso hacer un recorrido virtual y ver cómo es tu habitación de hotel. ¿Que esto genera problemas? Sí, incluso de pensamiento. No se piensa, se reacciona. Pero es la misma resistencia al cambio que hace 200 o 300 años. Pensemos en los monjes copistas, en sus monasterios, haciendo esos libros tan maravillosos. Y de repente ven que han inventado una máquina que va a destruir los libros y la cultura. Y hoy vemos que la cultura ha llegado a todos los sitios.