Innovación

Viaje al centro del ecodiseño

Viaje al centro del ecodiseño

<<E ste producto contiene químicos que pueden provocar cáncer, problemas de nacimiento u otros daños reproductivos». El texto, estampado en la etiqueta de un patito de goma, llamó la atención del arquitecto ecologista William McDonough. ¿Qué clase de cultura produciría un artículo con componentes nocivos y luego lo etiquetaría y vendería a los niños?, se preguntó. Este californiano de origen japonés fue quien popularizó, junto a su socio, el químico Michael Braungart, el concepto cradle to cradle (de la cuna a la cuna), una nueva forma de interpretar el ecologismo, el diseño y la economía que pretende dar carpetazo al nefasto modelo en el que llevamos anclados desde la Revolución Industrial: usar, tirar, usar, tirar. De la cuna… a la tumba. Echemos la vista atrás, al estado básico de las cosas, e inspirémonos en el mayor archivo histórico del mundo: la naturaleza. En la cadena trófica, cada eslabón de la comunidad biológica se alimenta del precedente y es alimento del siguiente.

«Un círculo virtuoso en el cual la vida propicia condiciones para crear más vida», explica Rafael Aparicio, ingeniero industrial y CEO de Biomival. Esto, aplicado al diseño, significaría, ni más ni menos, hacerlo con criterio. Un edificio, dice McDonough, debe aspirar a ser como un árbol. Con ello, alude a la máxima expresión del ecodiseño: la biomímesis, teoría de la que bebió Aparicio para impulsar Biomival. Esta empresa ha creado unas turbinas cuyo diseño imita el pico del flamenco rojo (Phoenicopterus ruber) para obtener energía de las olas del mar, y a un precio que compite en el mercado. «Hay cientos de ejemplos como este. Se está experimentando en colas adhesivas basadas en las fuerzas moleculares de los mejillones para fijarse a las piedras y aguantar unas condiciones terribles del mar. También se está trabajando en un velcro basado en el mecanismo de las lagartijas, aún más resistente del que conocemos y que no necesita componentes químicos. Otro ejemplo es el del color estructural, o color sin colorantes, como los que proyecta el arcoíris, el caparazón de algunos insectos o las alas de las mariposas, que podría aplicarse en los vehículos», enumera. «La Revolución Industrial está superada.

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Hoy, somos más de 7.000 millones de personas en el mundo consumiendo recursos. No podemos seguir en la misma línea. No culpo al ser humano; creo que en su momento hicimos lo correcto. Pero si, como especie, hemos llegado a un punto en el que estamos saturando el planeta y modificando el clima, también tenemos la capacidad y el deber como especie de solventarlo», reclama Aparicio. «En este sentido, la economía circular destruye las concepciones establecidas. Va a ser la gran revolución tanto en ingeniería como en economía; trastornará el mercado». «El envite de la economía circular va a ser exponencial», coincide Nicola Cerantola, consejero delegado de Ecologing. «Imagínate un Uber o un Airbnb de la sostenibilidad. O piensa en una impresora 3D, a la que puedes traer tu residuo plástico, de algún utensilio roto que tengas en casa, e imprimirlo con una tremenda rapidez de procesado. La economía circular abrirá nuevos mercados que ahora no existen o que están monopolizados por otros sectores. Y muchos empresarios ya están empezando a tomar la delantera», celebra, aunque reconoce que el ecodiseño se sitúa en una fase todavía delicada. «Durante la década de los 80 y la de los 90, comenzaron a surgir las primeras metodologías. De los 90 a los 2000, su aplicación se redujo. Y, aunque a partir de entonces haya habido una mejora de los procesos industriales y se hayan ido incorporando pequeñas reglas de ecodiseño, se ha producido un cierto estancamiento.

biomenesisNo se han presentado muchos productos ecodiseñados realmente rompedores y novedosos». La razón es simple: el modelo actual de desarrollo aún está en contra. «El ecodiseño se encuentra enmarcado en un modelo operativo lineal que no le ha permitido prosperar. Conceptos como la durabilidad, por ejemplo, entran en conflicto con ese modelo de usar y tirar que hemos arrastrado hasta hoy. Como el ecodiseño no es economía, no le interesa a muchos sectores, no resulta tan atractivo», lamenta. «Sin embargo, no podemos ecodiseñar sin tener un marco mucho mayor, lo que viene a ser la economía circular. La escala es diferente, pero uno se retroalimenta del otro». En efecto, la economía circular, en general, y el ecodiseño, en particular, atajan los problemas desde su misma raíz, teniendo en cuenta, desde la propia concepción de cualquier objeto, estrategia o política, todas las fases de los productos involucrados: extracción, procesamiento, utilización, reutilización, reciclaje… Un nuevo paradigma que pondrá, más pronto que tarde, el mercado patas arriba. «Los drivers que van a empujar esta revolución son, por un lado, los Gobiernos, estableciendo una regulación muy fuerte, y, por otro, los consumidores y las iniciativas empresariales que encuentren una innovación rompedora que logre que el mercado reviente», adivina Cerantola. Se prevé que el mercado mundial del sector de los materiales de ecodiseño alcance los 335.000 millones de euros en el 2020. «Para ello, tendremos que darnos prisa en circularizar». «No solo basta con regular y obligar. Con incentivación y motivación es más fácil llegar al fabricante, al productor», opina Juan Carlos Mampaso, director de Sigre.

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«Se habla del consumidor responsable, pero alguien tiene que ofrecerle esos productos. Y si bien en cualquier plan que se active deben participar las administraciones y los ciudadanos, a la industria no se la debe dejar sola», comenta, y advierte sobre la necesidad de considerar la especificidad de los sectores: «En lo que respecta al alimentario y al sanitario, por ejemplo, cualquier regulación que pueda hacer un Gobierno debe tener en cuenta las normativas de cada sector y compaginarlas con otras de salud pública».

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CERRAR EL CÍRCULO

El ecodiseño puede entenderse desde el punto de vista puramente científico ,analizar las prestaciones ambientales de los productos y sus impactos durante todo su ciclo de vida,y desde el punto de vista de las estrategias para reducir ese impacto, aún más importante, si cabe, coinciden los expertos. «El ecodiseño es el pilar más importante de la economía circular. El 80% de los impactos y de los costes se definen en la fase de diseño», explica Mampaso. Medidas como aligerar los envases o suprimir los embalajes innecesarios, eliminar tintas y metales pesados o utilizar materiales reciclados suponen un ahorro para las empresas y un beneficio medioambiental neto. Solo en 2015, gracias al ecodiseño, se evitó emitir 65.771 toneladas de CO2, según datos ofrecidos por Ecoembes. Para ayudar a las empresas a integrar estas soluciones, Ecoembes puso en marcha allá por 1999 sus Planes de Prevención.

img154En este tiempo, se ha logrado reducir un 17,7% el peso de los envases. Ejemplo de ello son las botellas de PET de aceite de un litro y las latas de aluminio de refrescos de 33 cl, que se han aligerado un 15% y un 18%, respectivamente. «Podemos estar orgullosos del camino recorrido. En España, contamos con un requisito único que se decidió incorporar a finales de los 90, cuando Europa pedía que los Estados miembros transpusieran sus directivas», explica Jorge Serrano, gerente de Empresas y Ecodiseño de Ecoembes. Solo en 2015, y gracias a la puesta en marcha del VI Plan de Prevención (2015-2017), un total de 2.172 empresas, de las cuales el 62% son pymes, han implantado 3.748 medidas de ecodiseño, 556 más que en 2012 (inicio del V Plan de Prevención). Por sectores, el que va a la cabeza es el de la alimentación (le corresponde un 55% de las iniciativas), seguido del sector del cuidado personal y del equipamiento para el hogar. En este proceso de transición, la organización se ha marcado un nuevo objetivo, ambicioso pero posibilista: conseguir una reducción del 20% en el peso de los envases para 2020, además de mejorar su reciclabilidad y de seguir incorporando materiales reciclados en los nuevos que se produzcan. Asimismo, la entidad pondrá en marcha en 2017 el primer Laboratorio de Economía Circular en Europa, un espacio concebido para la experimentación real y la validación de las mejores prácticas de calidad ambiental. El centro ha elegido como sede La Rioja. Su actividad permitirá que la región sirva como campo de pruebas para investigar conceptos como «el envase del futuro». El residuo, recuerda William McDonough, no es más que un invento humano. «Acaso el más pernicioso». No hay duda. Mientras en la naturaleza todo son nutrientes, los seres humanos desechamos 1.500 millones de toneladas de basura cada año. De no cambiar el rumbo, en 2020 serán 2.600 millones. Cada ciudadano español genera unos 500 kilos de residuos anuales. Sin saber qué hacer con ellos. Desde una cáscara de naranja a un envase, un electrodoméstico, una bicicleta, un coche o un patito de goma. Todos ellos objetos concebidos, paradójicamente, como proyectos de diseño industrial. El planeta no nos deja otra opción: el único modelo de desarrollo posible es aquel que no deje ningún rastro. Y el nuevo ciclo ya ha comenzado.