Economía circular

Inversiones con impacto

Inversiones con impacto

Favorecer un cambio más integral en lo social y más sostenible en lo medioambiental. Esa es la razón de la «inversión de impacto social ». El comienzo de un cambio que va mucho más allá de la «responsabilidad ».

El pasado abril, el fondo de la familia Rockefeller, el legendario multimillonario petrolero, anunciaba una desinversión histórica, por lo simbólico: adiós a Exxon y a todos sus activos en la industria del combustible fósil, por ser «moralmente reprobable». A cualquiera se le ocurre que, además, no es la industria del mañana.

Es un claro síntoma de que las cosas cambian. Los consumidores exigen un sistema con menos desperdicios y que asuma sus externalidades. Las empresas buscan mercados sostenibles y con futuro. Los inversores quieren financiar con su dinero modelos prometedores y que no destruyan el hábitat en el que vivimos todos. Así expresado, todo suena prometedor. Pero ¿sabrán colaborar todos estos actores para conseguir el cambio que buscan?

En los últimos años, se ha dado a conocer un nuevo tipo de inversión que está buscando favorecer un cambio más integrador en lo social y más sostenible en lo medioambiental. Se llama inversión de impacto social al capital que busca empresas cuya misión es producir un cambio beneficioso y medible en su entorno, a la vez que generan un retorno financiero.

Este tipo de inversiones están representadas en torno a la Global Impact Investing Network, cuyo último estudio anual estimaba que los principales inversores de impacto pensaban invertir 17.700 millones de dólares durante 2016, que se sumaban a los 77.000 millones de dólares ya invertidos hasta el año anterior. Preguntados los 158 inversores profesionales más destacados, el 54% de ellos aseguraba que una de sus misiones era lograr un entorno más sostenible.

Este es el comienzo de un cambio que va más allá de la «responsabilidad». Muchas empresas están marcando la diferencia, ayudando a aprovechar al máximo el ciclo de vida de los materiales. Por ejemplo Ecoalf y Sadako Technologies, en España, o TerraCycle y Ecovative, en el ámbito internacional. En el campo de la movilidad sostenible, tenemos iniciativas asentadas como Tesla o prometedoras como Spiri.

Pero, al echar un vistazo a nuestro alrededor, nos damos cuenta de que las iniciativas que nos conducen a una economía sostenible están en una fase inicial, pese al rápido cambio. Todavía quedan muchos emprendedores verdes por apoyar. Como consumidores, esperamos ansiosos que tengan éxito, pero podríamos hacer algo más si pudiéramos apostar de una forma más directa por ellos.

La inversión de impacto es una de las vías. En España, organismos como Ship2B, Creas, Isis Capital o Gawa Capital ya dan sus primeros pasos en esa dirección. La Bolsa Social, por ejemplo, democratiza la inversión de impacto, al conectar a inversores y empresas con impacto social y medioambiental a través del equity crowdfunding, la financiación participativa a través de Internet. Todo a golpe de clic y con el visto bueno de la CNMV, que la autorizó en septiembre de 2015.

Business angels, fondos de inversión, plataformas de financiación participativa, entidades financieras éticas como Triodos Bank, todos ellos juegan ya un papel fundamental para apoyar las ideas innovadoras de las empresas que quieren mejorar su entorno. Los inversores, grandes y pequeños, tienen la opción de poner su dinero en empresas que frenen el cambio climático, sí. Pero, si son buenos inversores, deberán además apostar por aquellos sectores en los que las ganancias son sostenibles también en lo económico.

Los datos son prometedores. En España, la economía verde ya supone un 2,5% del PIB. Según la Comisión Europea, este sector tiene un volumen de alrededor del billón de euros, cantidad que podría duplicarse para el año 2023. En este escenario, no cabe duda de que la inversión de impacto medioambiental puede ser la catapulta para lograr el cambio de modelo.