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La banda sonora del reciclaje

La banda sonora del reciclaje

Flautas con tubos de plástico, guitarras eléctricas con cajas de galletas o tenedores que se convierten en piezas de violín… un proyecto social de Ecoembes enseña a niños en riesgo de exclusión a tocar instrumentos elaborados a partir de residuos, con lo que se convierten en pequeños concertistas.

Martín Lutero, además de teólogo e impulsor del luteranismo, fue un virtuoso laudista durante sus años universitarios, y su sensibilidad por las armonías y los pentagramas la dejó plasmada en esta frase: «En la tierra, nada se presta tanto para alegrar al melancólico, para entristecer al alegre, para infundir coraje a los que desesperan, para enorgullecer al humilde y debilitar la envidia y el odio, como la música». El director de orquesta paraguayo, Favio Chávez, es más escueto: «El mundo nos envía basura, nosotros le devolvemos música». Sabe de lo que habla. Es el creador de la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura, en la que participan niños y jóvenes que residen, con pocos recursos, alrededor de uno de los mayores vertederos de Asunción, en Paraguay. Conviven a diario con desechos, una situación de partida dramática, pero que inspiró en Chávez una idea tan hermosa como sencilla: reciclar los residuos que les rodean y transformarlos en instrumentos. Su lema: «No tener nada no es excusa para no hacer nada». Y así, los niños tocan instrumentos creados a partir de objetos desechados, que les permiten vivir la magia de la música como la describía Lutero, a la vez que se les inculca el respeto por el medio ambiente. La iniciativa tuvo mucha más repercusión de la esperada e incluso logró captar la atención del Museo de Instrumentos Musicales de Phoenix, Arizona, que cuenta con una colección de más de 15.000 ejemplares, con una muestra de unos 200 países. Allí están ahora los instrumentos de esta formación musical, muy cerca del piano de John Lennon.  En enero de 2014, Ecoembes hizo posible que la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura actuara en nuestro país por primera vez llenando de emoción el Auditorio Nacional de Madrid. El padrinazgo por parte de artistas renombrados no ha dejado de aumentar año tras año. Alejandro Sanz apoyó públicamente el proyecto hace unos días, así como Manuel Carrasco y Judith Mateo, que se subieron al escenario el 4 de enero junto a esos músicos bajitos en el concierto que ofrecieron, como novedad, en el Teatro Real. Mikel Erentxun y el Orfeón Donostiarra hicieron lo propio el 2 de enero en el Palacio de Congresos y Auditorio Kursaal de Donostia.

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Otros cantantes y artistas como Raphael, Inma Shara o Antonio Orozco participaron
en giras anteriores compartiendo su música junto a la orquesta. Ecoembes se ha hermanado con este proyecto porque aúna sus valores: la educación a través música, el cuidado del medio ambiente a través del reciclaje y el futuro a través de la infancia. Así, la organización medioambiental ha impulsado en España el proyecto social La Música del Reciclaje, que hereda la filosofía de la iniciativa de Cateura: niños en riesgo de exclusión aprenden a tocar instrumentos creados por el lutier Fernando Solar a partir de materiales reutilizados.

También se les enseña el proceso de fabricación mostrándoles las posibilidades que ofrece el reciclaje. Dos centros madrileños han dado cobijo al proyecto: el colegio público Núñez de Arenas, situado en el barrio de Vallecas, y la residencia materno-infantil Villa Paz, de Pozuelo de Alarcón. Los niños de La Música del Reciclaje están dando sus primeros pasos, pero avanzan rápido; de hecho, algunos de sus componentes interpretaron varias canciones del recital del Teatro Real, en enero de este año. Los chicos comenzaron las clases en el curso escolar 2014-2015 y dos días a la semana asisten a las clases, en las que, durante dos horas y media, practican solfeo y ensayan con sus instrumentos de cuerda, viento y percusión. En junio de 2016, por segundo año consecutivo, familiares, amigos y miembros del Comité Protector pudieron disfrutar de la audición de fin de curso, donde demostraron el resultado de todo un año de esfuerzo y dedicación. Mediante este proyecto, se plantean retos como fomentar la actitud constructiva y el contagio de la alegría a través de la música y la satisfacción de trabajar en favor del medio ambiente utilizando material reciclado. Aparte de la audición de final del curso 2015-2016, Ecoembes presentó el documental La música del reciclaje. La segunda oportunidad, realizado por Pedro Armestre y la productora Calamar2.

banda-sonora-reciclaje-2El filme muestra todo el esfuerzo, trabajo e ilusión de estos pequeños músicos desde que comenzaron su andadura en este proyecto tan especial. El director de la orquesta, Víctor Gil, explica que «es un proyecto de enseñanza musical, fundamentalmente, pero también de otros valores importantes, a partir de instrumentos reciclados, como la solidaridad, por el apoyo de unos en los otros». Aclara: «Los niños, cuando ven que es un proyecto serio, que vas todas las semanas y estás allí trabajando con ellos, enseguida confían y se entregan. En cuanto se dieron cuenta de que podían convertir objetos cotidianos en instrumentos sonoros, notaron que estaban ante algo muy especial». Flautas a partir de tubos de plástico, guitarras eléctricas con cajas de galletas metálicas, tenedores que se convierten en piezas de violín, bidones de aceite refinado que escondían chelos en su interior, enormes latas de sardinas que emiten sonido de bandurria…

Más allá de que esté dirigido a familias desfavorecidas que, de otra manera, no podrían acceder a un instrumento, es una forma imbatible de despertar el gusanillo por la música a los niños, sea cual sea su condición social: «Como ellos mismos los fabrican, están deseando probarlos para comprobar cómo suenan. Llegaban a casa totalmente emocionados», dice uno de los padres. Fernando Solar, lutier implicado en el proyecto y guía del taller, cuenta, mientras prueba la afinación de un violín a base de latas y piezas de desagüe, que la iniciativa de Ecoembes le ha permitido salirse de «las maderas y virutas, para hacer instrumentos parecidos a los tradicionales, pero con material reciclado». Asegura que esta iniciativa le ha devuelto a su niñez.

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«Muchas veces, a los adultos nos falta soñar. Cuando somos pequeños, te dan un palo y te imaginas mil cosas, lo conviertes en un caballo. Esa es la mentalidad que hay que tener con estos instrumentos reciclados». ¿Llegarán a ser músicos consumados algún día? «No nos lo planteamos», dice Solar, «lo importante de este proyecto es que los niños en riesgo de exclusión se den cuenta de que se les tiende la mano e, independientemente de lo que lleguen a ser en la vida, es un momento que van a recordar para siempre». Víctor Gil lo corrobora: «Nuestro trabajo es abrir nuevos campos. La ciencia investiga como alargar la vida pero el trabajo de los educadores consiste en ensancharla». Una de las premisas sobre las que se apoya el proyecto es el trabajo en grupo. «Que se relacionen entre ellos, que interactúen. El apoyo al compañero es fundamental», explica el director. Ya lo decía el genio del jazz Roy Ayers: «La verdadera belleza de la música es que conecta gente. Lleva un mensaje y nosotros, los músicos, somos los mensajeros».