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«El desafío ambiental solo se puede abordar desde una visión revolucionaria»

«El desafío ambiental solo se puede abordar desde una visión revolucionaria»

Si conocemos las causas y los efectos del cambio climático, ¿a qué esperamos para actuar? Es la pregunta que se hace Cristina Monge, politóloga y directora de Conversaciones de Ecodes. Nos reunimos con ella para reflexionar sobre los desafíos ambientales a los que asistimos en el siglo XXI.

El Parlamento Europeo ha aprobado aumentar el uso de las renovables del 27% fijado hasta ahora al 35% para 2030. ¿Estamos preparados para cumplir ese objetivo?

Estamos absolutamente preparados para subir este porcentaje, y más. En concreto, en España tenemos la materia prima, que es el sol, el aire, etc. Tenemos, además, una tecnología que está madura, no solamente desde el punto de vista técnico, sino también desde el punto de vista económico y financiero. Por lo tanto, sabemos lo que hay que hacer y sabemos cómo hacerlo. La pregunta es: ¿por qué no se está haciendo? Sabemos que hay que invertir en renovables porque son buenas para el medio ambiente y para la economía. También sabemos cómo hacerlo porque hay tecnología, es viable, existe el conocimiento necesario… Solo hace falta voluntad para ponerlo ya en marcha.

¿Hablamos de una voluntad política o de una voluntad empresarial?

Como siempre, es una mezcla de todo, de voluntad política, empresarial y social. Pero es verdad que, si hasta ahora no se ha hecho, es porque había frenos y barreras que impedían que se pusieran en marcha estas medidas. Estas barreras yo creo que son de tipo político y de tipo empresarial. Todos los cambios necesitan muchísima energía para borrar la inercia anterior de la que venían e imprimir una nueva dirección y un nuevo sentido a tus políticas, y eso implica, siempre, ser capaces de abandonar un modelo viejo que se ha demostrado ineficaz, ineficiente, un desastre desde el punto de vista ambiental y un desastre desde el punto de vista económico si se hacen bien las cuentas. Lo que hay que hacer es ir caminando hacia un nuevo modelo energético que esté basado en los criterios de sostenibilidad económica, social y ambiental. En este modelo, las renovables son una pieza clave, pero no son la única. También hay que hablar de eficiencia, de generación y de producción distribuida, es decir, hay que democratizar todo el ámbito de las energías.

Hay señales esperanzadoras, como la decisión que ha tomado el alcalde de Nueva York de retirar del Fondo de Pensiones a las compañías que operen con combustibles fósiles. ¿Estamos cada vez más cerca de una alianza entre economía y sostenibilidad?

«La coherencia de políticas será lo único que garantice que Ley de cambio climático sea efectiva»

No es un caso aislado. Por ejemplo, el Fondo Soberano Noruego tomó una decisión parecida hace unos años. En estados Unidos ahora ha sido el caso del alcalde de Nueva York el que ha tenido mucha relevancia, pero son muchas las empresas, los ayuntamientos, las universidades… que están apostando por las renovables de una forma clara y, además, lo están haciendo en contra de su Gobierno. En la última Cumbre del Clima, que se celebró en noviembre del año pasado, la gran cuestión política era que Trump no iba, pero sin embargo, el stand más grande, más llamativo y más ambicioso era el de Sociedad Civil y Ayuntamientos y Estados de Estados Unidos diciendo «Trump no estará, pero nosotros sí». Allí había un conglomerado tremendo de sociedad civil y política que le estaba diciendo a Trump que ellos no están con su postura y que lo que ellos quieren es avanzar en el camino de las renovables.

¿El Acuerdo de París es una palanca lo suficiente potente para lograr la descarbonización de la economía?

El Acuerdo de París puede ser todo o puede no ser nada. París abre una puerta, pero no garantiza nada. Lo que hace es facilitar un camino, pero es necesario que el conjunto del planeta sigamos ese camino. París no obliga. Sí que facilita, acompaña, incentiva, pero dependerá después de lo que se vaya haciendo en cada uno de los Estados. Por eso es muy importante concebir a París como una gran oportunidad, que probablemente sea la última que tengamos de abrir una puerta así de grande, y que es obligación de todos y cada uno de nosotros el recorrer el camino que se abre tras esa puerta. Si no lo hacemos, París no será nada.

Entrevista Cristina Monge

Llegará el momento en el que la palabra ‘revertir’ ya no se pueda aplicar y tengamos que limitarnos al concepto de ‘estancar’ los efectos del cambio climático.

En tema de cambio climático se habla de dos conceptos que para mí son clave. Uno que es el de mitigación: hay que mitigar el cambio climático, hay que detener esta velocidad. Y otro que es el de adaptación, tenemos que empezar a adaptarnos a un nuevo clima y un nuevo ecosistema. Esto último implica que tenemos que repensar nuestro modelo económico, nuestro modelo social, nuestro modelo de relaciones, dónde vivimos, cómo funcionamos en las ciudades, cómo nos transportamos, cómo nos alimentamos, con qué energía nos calentamos… Hay que empezar a repensar absolutamente todo para poder, por un lado, mitigar el cambio climático y, por el otro, adaptarnos a las nuevas condiciones.

Suena a revolución.

Por supuesto. El desafío ambiental solo se puede abordar desde una visión revolucionaria. Tenemos que repensar desde una perspectiva radical y revolucionaría toda nuestra forma de vivir y de relacionarnos con el planeta y con los recursos. De lo contrario, ni podremos mitigar esta debacle ambiental ni podremos adaptarnos a ella. Como dice la frase, «el cambio climático es la fiebre del planeta», pero debajo de eso está el virus. Y ese virus se puede concretar en el modelo energético, pero también en el modelo de producción, en el de consumo, en el de ciudad, etc. Si de verdad queremos parar el cambio climático hay que repensar todo esto que nos afecta en el día a día.

¿Qué no puede faltar en la futura Ley de Cambio Climático española?

No se puede dejar de hablar de modelo energético, de modelo de ciudad, de alimentación, de modelo financiero… no se pueden obviar muchísimas cosas, pero hay una que para mí está por encima de todas las demás: la coherencia de políticas. No vale que desde el Ministerio de Medio Ambiente se promulgue una Ley contra el cambio climático y luego desde el Ministerio de Energía se pongan trabas a las renovables. La coherencia de políticas será lo único que garantice que lo que sea haga sea efectivo, porque de lo contrario avanzas dos metros por un sitio, pero lo retrocedes por el otro. Para lograr esto tenemos un paraguas muy interesante que todos los Gobiernos deberían coger como hoja de ruta: la Agenda 20/30 que se compone del Acuerdo de París y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Los ODS tienen la característica fundamental de formar una red. Es decir, actuando sobre uno lo haces sobre todos y a la vez, para que se cumpla uno necesitas que se cumplan todos los demás. Es una red de interdependencia. El cambio climático es uno de los temas que está de telón de fondo con todos los ODS y, por ejemplo, es muy difícil que podamos hablar de temas de igualdad de género sin hablar también de cambio climático porque este está afectando más a las mujeres. Tenemos la oportunidad que nos brindan los ODS para trazar una hoja de ruta conjunta y coherente.