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Las luciérnagas se apagan

Las luciérnagas se apagan

Más de la mitad de las especies de insectos conocidas están en riesgo de extinción. Sin estos diminutos seres, la vida en la Tierra no sería posible.

La ONU lo advirtió hace diez años: al día, se extinguen 150 especies animales por la acción humana indirecta. Y definió este escenario como «la mayor ola de pérdida biológica desde la extinción de los dinosaurios». El informe que elaboró entonces el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático fue tajante con su conclusión: «El calentamiento global y la pérdida de biodiversidad son las dos caras de una misma moneda».

Hoy, la situación solo ha empeorado y se ceba, cada vez más, con los insectos. Más de la mitad de las especies conocidas está en riesgo de extinción, y podrían desaparecer en los próximos 50 años. Hay que tener en cuenta que, según la revista Science, a día de hoy existen cerca de 1,5 millones de especies localizadas y documentadas. Se calcula que entre seis y siete millones aún no se han identificado. De modo que el ritmo de extinción podría ser mucho mayor aún.

Un 25% de abejas melíferas, principales polinizadoras del planeta, desaparecen cada año

Tal vez esos insectos que invaden nuestro espacio vital, especialmente en verano, no sean tan vistosos como los gigantescos dinosaurios. Y por su diminuto tamaño, muchos nos son conscientes de la importancia que (paradójicamente) tienen para la subsistencia del ser humano. Uno de los casos más conocidos es el de la abeja mellifera (también conocida como europea): los grupos ecologistas alertan de que en torno a un 25% desaparecen cada año. Son uno de los principales agentes polinizadores del planeta. Si se extinguiera este insecto desaparecerían muchas plantas y, por extensión, la agricultura quedaría devastada: casi el 70% de los cultivos están polinizados por esta abeja.

Entre las principales causas que alegan los especialistas están el cambio climático y el uso de plaguicidas. También los monocultivos extensivos: grandes extensiones quedan despobladas de biodiversidad, porque son cultivadas con un único tipo de planta. Si carecen de néctar y polen, las abejas deben realizar grandes desplazamientos. Aparte del esfuerzo que suponen, durante los mismos se reduce su acopio de estas sustancias.

Algunos insectos, como la mosca vinagre, han sido origen de fármacos que salvan millones de vidas

Estos tres ejemplos dejan patente que la acción humana está detrás de un hecho que reviste mucha gravedad si persiste en las próximas décadas, ya que pone en peligro al conjunto del planeta y a nosotros como especie. En su informe El declive de las abejas, publicado hace tres años, Greenpeace cifra en 265.000 millones de euros anuales lo que supone la polinización para la agricultura mundial. Y apunta que las abejas han prosperado durante 50 millones de años en colonias de 40.000 a 50.000 ejemplares que, en la última década, han empezado a morir en masa.

Por desgracia, no es el único caso: según la ONU, cada año desaparecen o quedan diezmadas en torno a 15.000 clases de insectos. Y, aunque muchas veces ni siquiera los percibimos, su papel es fundamental para la vida sobre la tierra: muchos se alimentan de otras especies perjudiciales para el hombre, como los escarabajos terrestres, y otros muchos, como la mosca vinagre, han sido origen de fármacos que salvan millones de vidas.

La revista Science publicó recientemente un estudio en el que, de todas las especies de insectos monitorizadas, un 70% tiene casi la mitad de abundancia que les correspondería por naturaleza.

La luciérnaga es la principal depredadora de las babosas que destrozan los cultivos

La contaminación es una de las principales causas de su desaparición, también la lumínica: el exceso de luz desorienta a los insectos cuya actividad se desarrolla por la noche, como las luciérnagas. La invasión de sus hábitats es otro de los grandes motivos: muchas ONG advierten también la desaparición progresiva de este animal mitológico, y los problemas que esto podría acarrear a la agricultura: entomólogos de la Republica Checa apuntan, por ejemplo, que la luciérnaga es la principal depredadora de las babosas que destrozan los cultivos.

En su libro Un mundo sin insectos, el biólogo Roberto Rojo hace una reflexión de la que deberíamos tomar nota para frenar este declive que nos aboca al desastre: «Llevan más de 350 millones de años sobre la Tierra y han demostrado no solo su capacidad de supervivencia: también de solidaridad dentro de las especies. Creo que se han ganado que nos sentemos a escucharlos».