Social

El cambio climático también es un problema de género

El cambio climático también es un problema de género

El Banco Mundial señaló recientemente que existen alrededor de 103 países que ponen barreras legales al desarrollo económico de las mujeres. Son los casos más críticos, pero la realidad es que en ningún país del mundo ambos géneros reciben los mismos ingresos por el mismo trabajo. La diferencia salarial se mueve en una horquilla que va del 30% al 80%. La brecha de género imposibilita el acceso igualitario tanto a servicios sanitarios como a los distintos niveles de toma de decisiones políticas. Por cada 100 hombres que desempeñan funciones parlamentarias y ministeriales a nivel global, solo hay 22 mujeres, según un informe de 2016 de Mckinsey and Company Consulting.

El 60% de las personas que sufren desnutrición en el mundo son mujeres y niñas.

El Informe sobre la Brecha Global de Género de 2016 pone sobre la mesa otro dato alarmante: el cambio climático puede contrarrestar los avances en igualdad de género conseguidos hasta la fecha. Las desigualdades se acrecientan por hechos como que el 60% de las personas que sufren desnutrición en el mundo son mujeres y niñas. Y esta viene dada, cada vez más, por sequías y desastres naturales.

Hay muchos ejemplos que demuestran que el sexo femenino es más vulnerable a los efectos del calentamiento global. En el ciclón de Bangladés de 1991, el 90% de 150.000 personas que murieron fueron mujeres. El motivo es que estaban dentro de sus casas, porque son ellas las que desempeñan el papel cuidador en la familia.

Sobre ellas, especialmente en países con pocos recursos, recae gran parte de la responsabilidad de producir y procesar alimentos y de garantizar el mantenimiento de sus hogares. La desaparición de los recursos del agua y la degradación de la tierra afecta especialmente a las mujeres, según un informe de Naciones Unidas. En muchas zonas rurales de países de África y Asia son las mujeres las que desempeñan una parte importante de los trabajos agrícolas. Y las que tienen que ir, cada vez más lejos y a pie, a por agua potable, según un informe reciente de Naciones Unidas.

El estudio destaca otro escenario: cuando escasean los recursos, habitualmente las mujeres dan de comer en primer lugar a sus maridos e hijos. Y si la contaminación del aire causa enfermedades como el asma, son habitualmente las madres las que se quedan en casa cuidando de los niños enfermos, por lo que mengua su productividad y frena el crecimiento de su carrera. Esto es un hecho que también se da cuando un desastre natural se ceba con un país desarrollado. En el caso del Huracán Katrina, por ejemplo, las mujeres perdieron casi un 10% de poder adquisitivo.

Tras el Huracán Katrina las mujeres perdieron casi un 10% de poder adquisitivo.

El cambio climático se ceba con el sexo femenino, pero se da la paradoja de que las mujeres podrían ser parte de la solución, pero se les impide actuar en muchos casos. Según afirmaba recientemente Zandile Gumende, alcaldesa de Durban (Sudáfrica), en un artículo de The New York Times, «las mujeres son más vulnerables a los efectos del cambio climático y tienen menos posibilidades de recibir una educación que les permita formarse como científicas, investigadoras o representantes de comités que tomen decisiones en materia de medio ambiente».

En este sentido, tras la firma del Acuerdo de París, su alcaldesa, Anne Hidalgo, declaró públicamente: «Las mujeres trabajaron en los puestos más altos y jugaron papeles cruciales durante la firma. Cuando mujeres y hombres se sientan a trabajar juntos en igualdad de condiciones, con diferentes experiencias, se obtienen buenos resultados. Hacemos cosas de forma más abierta que cuando los hombres trabajan solos».