Economía circular

Inversiones financieramente Sostenibles. El círculo virtuoso.

Inversiones financieramente Sostenibles. El círculo virtuoso.

En 2050, se devaluarán 300.000 millones de dólares los activos en petróleo, gas y carbón. La última confirmación de esta tendencia ha sido el anuncio del alcalde de Nueva York: que retirará del fondo de pensiones las compañías que operan con combustibles fósiles.

Laurence D. Fink, presidente de BlackRock, la gestora de activos más grande del mundo, envió recientemente una misiva a las ejecutivas de las innumerables empresas que forman su nutrida cartera, con un mensaje inesperado: «No debéis pensar en el beneficio cortoplacista, sino en lo que podéis aportar a la sociedad a largo plazo».

Nadie duda de que el objetivo último de D. Fink es la máxima rentabilidad. Y no se ha vuelto un filántropo, ni un altruista. Sencillamente, este rey de las finanzas es plenamente consciente de que las reglas del juego están cambiando. Y que la sostenibilidad ha pasado de ser algo residual en el funcionamiento de una empresa, para convertirse en una parte fundamental de su estrategia. BlackRock gestionaba activos de 2017. Ese mismo año lanzó el fondo Green Bond Index, una serie de instrumentos de renta fija emitidos para financiar proyectos con beneficios directos sobre el medio ambiente. Y lo hizo movido por la creciente demanda de los inversores en este segmento del mercado.

Recientemente, el director ejecutivo del Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas sobre Iniciativas Financieras, Erich User, lanzó un aviso a los gestores bursátiles: «La comunidad financiera debe tomar nota de que los gobiernos se toman muy en serio la política medioambiental». Y apuntó a los bonos verdes (títulos de crédito emitidos por entidades públicas y privadas para la realización de proyectos sostenibles), como herramienta clave para lograr que este siglo la temperatura global no suba más de dos grados.

La “descarbonización” de la industria costará un trillón de dólares

La ‘descarbonización’ de la industria es ya un hecho imparable. Y es  una transición que costará, de aquí a 15 años, un trillón de dólares (un billón en terminología europea). La mitad, solo para adaptarse a las nuevas energías; el resto, para áreas como el transporte, infraestructuras, etc. Según declaró User, 2016 se cerró con 80.000 millones invertidos en este tipo de bonos. Sigue siendo insuficiente. «Hay que acelerar el proceso», advertía. La AIE (Agencia Internacional de la Energía) cifra en 300.000 millones de dólares los activos en petróleo, gas y carbón que se devaluarán en las carteras de empresas e inversores en 2050 solo en el sector energético

Hay indicadores que demuestran que los bonos verdes están a punto de vivir su apogeo. Hoy, solo son el 1% del total de bonos emitidos, pero el año pasado el montante, más de 60.000 millones de dólares, triplicaba el de 2013. La Portfolio Decarbonization Coalition formada por 25 inversores, supervisa la ‘descarbonización’ progresiva de activos por valor de 600.000 millones de dólares. Es un ejemplo de en qué dirección se mueve el sector financiero. Y ya se ha establecido una suerte de prima de riesgo paralela, que cuantifica la conveniencia o no de una inversión en función del uso de combustibles fósiles y la huella de carbono de las compañías.

El Fondo de la Familia Rockefeller, uno de los más poderosos del mundo, ha anunciado que se desprenderá tan pronto como sea posible de su participación en Exxon Mobil al completo, y de todas sus inversiones en compañías cuyo negocio sean los combustibles fósiles. En nuestro país, el BBVA acaba de anunciar la movilización de 100.000 millones de euros hasta 2025 para luchar contra el cambio climático

El sector público también toma cartas en el asunto. El Acuerdo de París apunta a una descarbonización global para 2030, pero Finlandia acaba de confirmar que adelantará cinco años la descarbonización del país. Y el fondo soberano de Noruega acaba de excluir a todas las empresas susceptibles de emplear combustibles fósiles. También hay iniciativas a nivel local: el alcalde de Nueva York,  Bill de Blasio, ha declarado recientemente a The New York Times que los fondos de pensiones de la ciudad se desharán de los 5.000 millones de dólares que representan las empresas cuyo negocio se centra en los combustibles fósiles. Y va más allá: el Ayuntamiento neoyorquino prepara una demanda contra cinco compañías petroleras, a las que pretende obligar a pagar los esfuerzos de la ciudad por atajar la contaminación: según De Blasio, BP, Chevron, Conoco Phillips, Exxon Mobil y Royal Dutch Shell conocían desde hace años que la quema de combustibles fósiles contribuía al calentamiento del planeta, pero ocultaron, premeditadamente, las conclusiones de sus propios científicos.

Todos estos hechos demuestran que estamos ante un cambio de paradigma: hoy, las inversiones, además de rentables, deben ser sostenibles y socialmente responsables. Si no, no tendrán futuro en el mundo actual, como decía el presidente de Black Rock en su carta. Y eso es una buena señal.