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Venta de animales exóticos

Venta de animales exóticos

Este lucrativo negocio, que genera 10.000 millones de dólares al año, ha sido condenado repetidamente por organismos internacionales como la ONU y la Unión Europea, pero faltan medidas efectivas para proteger a más de 7.000 especies en peligro de extinción.

El tráfico ilegal de animales genera, al año, 10.000 millones de dólares

Según la última estimación de la UNODC, la oficina de Naciones Unidas observadora del mercado negro, el tráfico ilegal de animales genera, al año, 10.000 millones de dólares, solo por detrás de la trata humana, las falsificaciones y el comercio de drogas ilegales. Desde la organización, «todas las regiones del mundo juegan un papel en este tráfico ilegal: África y Asia en cuanto a los mamíferos, Europa y América del Norte respecto a los reptiles y Oceanía con los corales. En cuanto al tráfico de colmillos de elefante, actualmente el principal objetivo de los cazadores furtivos, China es el primer destino y en el que más se incauta». Esto último tiene un motivo: el auge en ese país de productos medicinales a partir del marfil no deja de ascender. Igual que las clases altas, entre las que estos productos de lujo cada vez tienen más aceptación y llegan a valorarse por encima del oro. Al año se asesinan ilegalmente más de 30.000 elefantes, según datos de WWF. Uno cada 25 minutos.

El caso de este animal es especialmente significativo. La ONG Elephants Without Borders realizó el primer censo de elefantes fiable, entre 2014 y 2016. Para contabilizarlos, sus miembros sobrevolaron 22 países africanos. A principios del siglo XX se estimaba una población, en ese continente, de aproximadamente cinco millones de ejemplares. Después del estudio, apenas llegan al medio millón.

164.000 incautaciones de operaciones policiales en 212 países

No es un caso aislado: según Naciones Unidas, hoy hay más de 7.000 especies protegidas víctimas del tráfico ilegal. Y no es algo que nos pille de lejos. En España, por ser punto estratégico de llegada y tránsito, se incauta, cada año, una tercera parte de las pieles de reptiles comerciadas en todo el mundo clandestinamente. Y recientemente, la Guardia Civil interceptó casi una tonelada de marfil, proveniente de 74 colmillos de elefantes. Estos datos los obtuvo la UNODC de 164.000 incautaciones de operaciones policiales en 212 países. Por tanto, las cifras reales son desconocidas.

Cada año se comercializa con más de un millón y medio de aves vivas protegidas

La información que acaba de hacer pública WWF refleja el impacto que representa esta práctica para especies en peligro de extinción: más de un centenar de tigres y de mil rinocerontes se asesinan anualmente para traficar con sus huesos, su piel, sus colmillos o sus cuernos. En los últimos 15 años, se han producido una media de 30 incautaciones diarias. Y cada año se comercializa con más de un millón y medio de aves vivas protegidas.

El tráfico ilegal de animales exóticos pone en peligro a los países de origen

Desde la ONG advierten de que esta práctica también afecta a las comunidades locales de los países de origen de estos productos ilegales, y pone en peligro su desarrollo social y económico. En muchos casos, los habitantes viven del turismo de los safaris controlados, y cada vez les cuesta más encontrar animales salvajes. Pero las consecuencias del negocio ilegal de especies exóticas pueden ser mucho más sanguinarias: en Naciones Unidas ya han demostrado que en muchos casos financia el terrorismo, y desde WWF informan de que, en la última década, casi mil guardas de los parques naturales han sido asesinados por defender a elefantes, rinocerontes y otros animales de los cazadores furtivos.

Y estos últimos, muchas veces, se convierten en tales para salir de la pobreza extrema, alentados por las mafias que realmente se enriquecen con este negocio, que muchas veces es visto condescendientemente por el mundo desarrollado. «Perdí a mis padres a los nueve años de edad. Tuve que sobrevivir desde muy pequeño, y me convertí en cazador furtivo, que es algo que se paga muy bien», relata el habitante de un poblado camerunés a WWF. La organización advierte: «El tráfico de animales exóticos es un negocio al alza».

El problema de raíz, como denuncian esta y muchas ONG, es que sigue siendo un negocio rentable, porque las consecuencias penales no son proporcionadas. «Compensa a los traficantes, porque está menos perseguido y penado que las drogas o las armas. Es un problema de regulación», zanjan desde WWF.