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La naturaleza integra

La naturaleza integra

Una granja ecológica, un vivero de flores, un huerto urbano, un curso sobre reciclaje u otro sobre consumo responsable. Cualquiera de estos escenarios se ha revelado como vías eficaces para motivar a personas en riesgo de exclusión social y que se sientan de nuevo integradas.

Un huerto urbano es saludable por muchos motivos: se cultivan productos de cercanía, ausentes de pesticidas y productos químicos. Y en muchos casos, rellenan de verde algunas zonas de las grandes ciudades comidas por la polución, purificando pequeñas porciones de aire. Pero estos cultivos urbanos pueden también mejorar la vida de muchas personas, independientemente de las verduras y frutas que allí se cultiven.

El Huerto de Roberto, que ha contado con la colaboración de la Consejería de Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid, está ubicado en el barrio de Carabanchel para favorecer el proceso de recuperación de personas con enfermedades mentales. Realizan distintas actividades como visitas guiadas, talleres y charlas sobre hábitos de vida saludable, creación de cultivos urbanos o voluntariado. Su equipo técnico está formado, en un 67%, por personas diagnosticadas de un trastorno mental, y pretende «favorecer una imagen realista de este colectivo», como explican sus responsables.

Desde años antes, ya organizaban talleres de jardinería y viverismo, enfocados a mantener o recuperar un empleo a personas que estaban en riesgo de exclusión social: «Es una herramienta para la adquisición o recuperación de los hábitos básicos de trabajo, y los aspectos cognitivos y habilidades sociolaborales necesarias», explican.

La Naturaleza es un elemento de integración. La consultora y formadora medioambiental Miriam Navarro explicaba hace tres años, en un informe para el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, cómo una educación sobre nuestro entorno natural favorece la inclusión social: «El fin es la implicación de la ciudadanía en la resolución de las problemáticas ambientales. Pero para llegar a ese punto debemos empezar por lo básico: enseñar a participar. En este proceso de aprendizaje, cada persona debe asimilar que es parte necesaria del grupo y que a su vez el grupo es indispensable para su propio desarrollo. De esta forma, la participación se convierte en herramienta y meta al mismo tiempo. Al nivel del individuo esto se traduce en inserción social al sentirse respetado y valorado, evitando el aislamiento de individuos o grupos enteros».

EducaEnEco Accesible está dirigida a niños con discapacidad intelectual y trastorno del espectro autista (TEA)

El medio ambiente abre muchos caminos hacia la inclusión, y se aplica a todos los colectivos imaginables. EducaEnEco Accesible, por ejemplo, es una iniciativa de Ecoembes y el Centro de Educación Especial María Auxiliadora. Está dirigida a niños con discapacidad intelectual y trastorno del espectro autista (TEA), y el objetivo es que la educación y el aprendizaje en medio ambiente y reciclaje estén al alcance de todos, independientemente de las capacidades de cada persona.

El año pasado, la empresa Bio Alverde impartió un curso sobre agricultura ecológica a 16 personas desempleadas y en riesgo de exclusión social. La iniciativa, impulsada por Cáritas, consistía en unas clases prácticas en un huerto de 20 hectáreas de localidad sevillana de Dos Hermanas. Los responsables de la formación explicaron que el objetivo no era solo la reinserción laboral, sino concienciar a los alumnos en «un consumo justo y responsable».

La finca de agricultura ecológica Karabeleko funciona como centro de rehabilitación psicosocial

La finca de agricultura ecológica Karabeleko, en Guipúzcoa, funciona como centro de rehabilitación psicosocial para personas con problemas de salud mental y otros colectivos en situación de exclusión. Y La Veguilla, un enorme vivero madrileño que exporta millones de plantas a todo el mundo, contrata a 170 personas con discapacidad psíquica: ellos son los responsables de que cada día florezca este inmenso vergel.

«Un individuo que puede transformar su entorno por sus acciones adquiere confianza en sí mismo, lo que lo impulsa no solo para actuar ante los problemas de la comunidad sino ante las situaciones complejas que se presenten en su vida», explicaba Navarro en su informe. Las experiencias, cada vez más numerosas, le dan la razón.