Economía circular

¿Dónde acaban los residuos electrónicos?

¿Dónde acaban los residuos electrónicos?

Más de 50 millones de toneladas de aparatos eléctricos y electrónicos se envían a vertederos o destinos inciertos cada año. La ONU advierte de que la gestión de estos residuos es una prioridad. La solución pasa por el reciclaje.

El paladio es un metal dúctil parecido al platino por su color blanco, y uno de los pilares de la movilidad sostenible: es esencial en las pilas de combustible que producen electricidad a partir de hidrógeno. Los coches con esta tecnología (marcas como Toyota ya tienen algunos modelos), en lugar de gases nocivos, solo expulsan agua por sus tubos de escape. Junto a los vehículos eléctricos son, para muchos expertos, el futuro del tráfico sin humos contaminantes.

Paradójicamente, grandes cantidades de paladio, cada vez más valioso, acaban en los vertederos o en destinos inciertos: según el último informe The Global E-waste Monitor de Naciones Unidas, en 2016, se produjeron en todo el mundo casi 50 millones de toneladas de residuos electrónicos. Entre los millones de teléfonos móviles, lavadoras, aspiradoras y casi cualquier aparato que a uno se le pase por la cabeza, se desecharon materiales como oro, plata, cobre, platino o el mencionado paladio, entre otros metales preciosos que, según el estudio de la ONU, suman unos 50.000 millones de euros que podrían haberse recuperado de haber sido convenientemente reutilizados. Parte de ellos, por ejemplo, para la fabricación de coches no contaminantes.

«El problema de los residuos electrónicos del mundo sigue creciendo. Es esencial que se mejoren las mediciones para poder monitorear los objetivos e identificar políticas públicas», dijo Jakob Rhyner, vicerrector de la UNU (Universidad de Naciones Unidas), durante la presentación del informe, que aboga por mejorar el diseño de los componentes en estos aparatos para que resulte más fácil su clasificación y seguimiento.

El estudio aporta algunos datos para el optimismo: cada vez más países están aprobando leyes sobre residuos electrónicos, y ya son 41, entre ellos España, los que cuantifican oficialmente cuántos se generan y reciclan. En nuestro país, la Fundación Ecolec ha llegado ya a superar los 100 millones de kilos anuales de desechos de aparatos eléctricos y electrónicos gestionados para la reutilización de sus componentes con la colaboración de fabricantes, proveedores y particulares.  Un claro ejemplo de economía circular.

A nivel mundial, la ONU anticipa que los residuos electrónicos seguirán creciendo si no se toman medidas drásticas, y que en 2020 se podrían superar holgadamente las 60 millones de toneladas. Australia y Nueva Zelanda son los países que más desechos generan, con 17 kilos anuales por persona. Europa y Estados Unidos le van a la zaga, donde la vida media de un teléfono móvil no supera los dos años.

Ante este panorama, Naciones Unidas lidera la iniciativa Solución del Problema de los Desechos de Equipo Eléctrico y Electrónico (StEP, por sus siglas en inglés), un consorcio mundial con más de 65 miembros (empresas privadas, institutos de investigación, organismos gubernamentales, organizaciones internacionales y organizaciones no gubernamentales) de todos los continentes que investigan sobre la manera de contener la generación de residuos y, sobre todo, de facilitar y acelerar su reciclaje. Este organismo, por el momento, ha detectado los componentes nocivos de muchos de estos desechos electrónicos de destino incierto: sustancias tóxicas como el cadmio, presente en los tubos de rayos catódicos de muchos monitores, los gases refrigerantes contenidos en los frigoríficos o el mercurio empleado en las pantallas planas, son solo algunos ejemplos.

En la última década, los riesgos para la salud y el medioambiente que entraña la eliminación descontrolada de los residuos electrónicos, cuyo volumen no deja de aumentar a nivel mundial, obligan a tomar medidas urgentes. El hecho de que cada vez más países adopten normativas al respecto, o iniciativas multisectoriales como la de Naciones Unidas, son una buena señal. Pero hay que pisar el acelerador, ya que el planeta necesita soluciones urgentes.