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Se crea un santuario para proteger el Océano Antártico

Se crea un santuario para proteger el Océano Antártico

La Comisión del Océano Antártico, formada por 25 países, se reúne en octubre para tratar la creación del mayor espacio oceánico protegido.

La primera vez que se llamó a la Tierra «el planeta azul» fue cuando el Apolo 17 tomó una foto para la NASA desde el espacio, en 1972. Es su color dominante, y tiene un motivo muy sencillo: el 70% de su superficie está cubierta por agua.

La biodiversidad y la vida humana terrestre dependen de los océanos. Pero solo un 7% están protegidos, incluidas las aguas nacionales dentro de las zonas económicas exclusivas. Y apenas un 2% son espacios correctamente vigilados, donde la actividad humana industrial queda prohibida.

Por eso la creación de un santuario antártico es una de las prioridades del Tratado Internacional de Protección de los Océanos de Naciones Unidas. Y un primer paso para llegar a proteger el 30% de nuestros mares antes de 2030, como demanda la Coalición Internacional de ONG.

El papel de la Comisión del Océano Antártico es decisivo para que Naciones Unidas decrete este santuario, que sería el más extenso del mundo. Este organismo cuenta con 25 países integrantes, entre ellos España, Alemania, Francia, Japón o Estados Unidos. Se creó a principios de los años ochenta para contrarrestar las capturas de kril, una especie crustácea cuya desaparición sería catastrófica para el ecosistema marino, ya que es el alimento básico de infinidad de aves marinas, pinnípedos, ballenas y peces.

La Comisión del Océano Antártico se reunirá en octubre de 2018 para debatir la creación de ese santuario. El océano glacial ártico ya cuenta con un convenio internacional que puede servir de marco legal de la zona, por eso los pasos para definir y decretar su protección no deberían ser tan complejos.

La Antártida terrestre ya goza de protección. A día de hoy, las empresas extractivas de combustibles fósiles tienen prohibido operar en su superficie. El reto, ahora, es salvaguardar también sus aguas. Los recursos naturales del océano Antártico no han sido explotados aún, pero varios estudios ya anticipan la presencia de grandes yacimientos petrolíferos y de gas natural, así como de manganeso en las proximidades del continente.

Está en juego la biodiversidad del Ártico

El problema no es solo la amenaza de empresas extractivas en la zona. Varias ONG han denunciado que la pesca en el océano se intensifica cada vez más descontroladamente. En un último informe, Greenpeace alerta además de que cada vez se acerca más a las zonas costeras, y eso pone en peligro su biodiversidad: «La explotación pesquera les arrebata a las especies de la Antártida, como pingüinos y ballenas, su principal fuente de alimento, y aumenta el riesgo de encallamientos, derrames de petróleo e incendios. En el caso de Chile, la captura del krill se duplicó en los últimos años, aumentando de 4.501 toneladas en la década de los noventa a 9.460 toneladas en el 2014», ha declarado recientemente la portavoz de la Coordinadora de Campaña Océanos de Greenpeace.

Por todos estos motivos, la reunión de la Comisión del Océano Antártico del próximo octubre es perentoria. Y, como dicen muchos ambientalistas, lo que salga de ahí será una ocasión para hacer historia. Los océanos, por primera vez, estarán realmente protegidos de aquí a 2030.