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Diálogo Andoni Canela y Unai Canela

Diálogo Andoni Canela y Unai Canela

El fotógrafo navarro Andoni Canela hizo las maletas hace cuatro años con el objetivo de retratar a las siete especies más amenazadas de cada continente y sensibilizar sobre la destrucción acelerada de los hábitats naturales y de las especies que los habitan. Unai Canela, emprendió junto a su familia una aventura que duraría quince meses y que luego se convertiría en una película documental, El viaje de Unai. Padre e hijo recuerdan en este diálogo organizado por Circle cómo comenzó aquella emocionante experiencia.

Andoni Canela (Tudela, Navarra, 1969) es periodista, fotógrafo y documentalista. Su último trabajo es El viaje de Unai, que se estrenó en septiembre de 2016 y fue candidato a los Premios Goya como mejor película documental. Ha publicado más de una docena de libros sobre fauna salvaje, como La llamada del puma, con textos de Meritxell Margarit, o Durmiendo con lobos. Sus fotografías aparecen regularmente en medios de comunicación como National Geographic, La Vanguardia o El País.

Unai Canela (Barcelona, 2004) se crió en un pequeño pueblo del Pirineo y ahora vive con su familia en Banyolas, Girona, donde estudia 2º de ESO. Su pasión por la naturaleza le viene de serie: solo tenía diez años cuando sus padres le propusieron dar la vuelta al mundo en busca de los animales más emblemáticos. Así, vivió tres meses en cada continente; más de un año y medio cruzando desiertos, subiendo cordilleras y surcando océanos. Le gusta la fotografía, componer canciones y dibujar. ¿Su lugar de estudio favorito? La montaña.

Fotos: Cristina Crespo
Dónde: Nos reunimos con Andoni y Unai Canela en el Lago de Banyolas (Girona).

Unai. Estábamos mi hermana Amaia y yo en la bañera. Entró mi madre y nos dijo: «Chicos, estamos pensando en irnos… los cuatro… dentro de un tiempo… a dar la vuelta al mundo». Yo me quedé flipando, no me lo acababa de creer. Solo tenían una preocupación: que Amaia se portara bien. Ella tenía cuatro años, no se enteraba mucho, pero yo no hacía más que rogarle que fuera buena. Sonaba como algo muy lejano, pero a los dos meses ya nos habíamos puesto en marcha.

Andoni. Nosotros, en realidad, ya lo habíamos decidido. Y también sabíamos cuál sería tu reacción. Recuerdo esas semanas previas, fue muy divertido cómo elegimos los animales, ¿verdad? Yo ya tenía algo diseñado…

Unai. El puma fue el que elegí yo. Por eso el libro que se publicó a raíz de ese viaje se llama La llamada del puma. Era mi animal favorito.

Andoni. ¿Por qué era tu animal favorito?

Unai. Un puma, un tigre, un jaguar… son animales que no crees que vayas a ver nunca delante de ti… Mi sueño era ver a uno. Cuando, al fin, llegó ese momento, fui consciente de lo brutal que estaba siendo aquella aventura.

Andoni. El lobo también fue difícil de encontrar. Tardamos unos 20 días.

Unai. Sí… El lobo está aquí mismo y no nos damos cuenta. No hace falta irse a Namibia o a Australia. Aquí tenemos cosas alucinantes.

Andoni. ¿Te acuerdas del primer lobo?

Unai. ¿Fue el que nos saltó a dos metros?

Andoni. De ese no viste ni la cola. Me refiero a los que vimos caminando por la ladera, que iban a alimentar a los cachorros.

Unai. ¡Ah, sí! ¿Y del león que se acercó a nuestra tienda de campaña por la noche? No sé cómo describir ese sentimiento. No era de susto, pero… el león ese… el rugido… era alucinante.

Andoni. Estaba rugiendo y lo teníamos a cinco metros. Ese día me dejé la grabadora y tuve que grabar el sonido con el móvil, ¿te acuerdas? En el docu, todos los sonidos son reales… tenía que grabarlo. Todo lo que experimentamos durante esos quince meses fue brutal. Era importante mostrar a la gente que hay animales que pueden desaparecer, como ya lo han hecho otros, tristemente. Y, también, que puede impedirse. Fíjate en el lince ibérico, en el oso pardo o en el águila imperial. Hace unos 20 años, cuando empecé a fotografiar linces, había 80 o 90.

Unai. Y, ahora, ¿cuántos hay?

Andoni. Aproximadamente, entre 400 y 500. Con el oso pardo, pasó lo mismo, estaba a punto de extinguirse. Y el quebrantahuesos también se ha logrado recuperar. En España, en Europa, gracias a acciones individuales, a las ONG y a la iniciativa privada, se han logrado recuperar varias especies. Pero, sin embargo, mira en África… se cargaban a todos los rinocerontes negros por sus cuernos. También quedaban poquísimos elefantes del desierto.

Unai. Cuando te lo cuentan, te impacta, pero no te afecta tanto como cuando lo ves ante tus ojos. Ver a un rinoceronte sin cuerno porque ha ido un ranchero y se lo ha arrancado… Puedes oír historias, pero no te afectan tan de cerca.

Andoni. En algunas de las zonas en las que estuvimos, había 100 rinocerontes hacía diez años y en ese momento tan solo quedaban cinco. Y, en otras zonas, habían desaparecido. El motivo es, claramente, el tráfico de los cuernos. La gente allí se juega la vida para proteger a los rinocerontes ante los furtivos con las ametralladoras. ¿Y te acuerdas del cálao bicorne? En el norte de Tailandia y Laos, prácticamente han desaparecido. Los elefantes del desierto también han pasado de 800 a 600, luego a 500 y, ahora, a menos de 300. Muy duro. Lo que ocurre en Asia, en Latinoamérica y, sobre todo, en África, es que la gente tiene que comer. La prioridad es esa. Aquí, en Europa, o en Norteamérica, la ganadería y la agricultura la tienes más o menos controlada con algunas subvenciones y puedes proteger a toda tu fauna. No es que en África quieran matar al rinoceronte, es que la gente no tiene otros recursos. En otros casos, hay empresas que van a sacar las materias primas. Como el aceite de palma, por ejemplo. ¿Por qué no hay orangutanes en muchas zonas? Porque destrozan toda la selva para cultivar aceite de palma.

Unai. Puedo llegar a entender que alguien de allí, que no tiene recursos, llegue a talar una selva. Me parece fatal y hay que encontrar alternativas, pero es muy grave que quien cometa eso sea una empresa que viene de otro país donde sí hay otros recursos.

Andoni. Hay quien lo hace por su familia, tiene que cazar o pescar. Por otro lado, hay muchos países en África con bastante corrupción, como la hay aquí, y se desvían todos los intereses. Al final, quienes acaban pagando las consecuencias son los animales, y todos nosotros. El primer mundo está mejorando, pero, en países en vías en desarrollo, el panorama es preocupante. Además, esos países en desarrollo son los más vulnerables a los efectos del cambio climático. En las zonas más extremas, en el círculo tropical, en zonas del Pacífico y del gran norte es donde las consecuencias son mayores. En las zonas tropicales inundables, se están quedando sin tierra. A la hora de alimentarse, eso les impide cultivar y provoca olas de hambre. El régimen de lluvias está cambiando y los desastres naturales son más extremos y más numerosos. Tres cuartas partes del mundo o más tienen temperaturas muy por encima de lo normal, fruto del cambio climático. Y lo peor es que el aumento del nivel del mar no va a parar.

Unai. Cuando estábamos en Alaska, me enseñaste fotos del mismo lugar que habías hecho doce años antes y habría un kilómetro menos de hielo. Las consecuencias del cambio climático ya las estamos viendo. También se están produciendo graves sequías. Acuérdate en Namibia; los elefantes tenían que hacer agujeros debajo de la tierra para buscar humedad.

Andoni. Ocurre aquí y está ocurriendo en todo el mundo. El cambio climático es un tema del que te hablan en todos los sitios a los que vas.

Unai. En este sentido, debemos ser conscientes de la manera en la que consumimos, porque eso repercute en el medioambiente. A veces, es muy difícil controlar todo lo que comes. Estamos llenos de cosas que dañan nuestro entorno, pero, si todos juntos nos unimos, segurísimo que podremos lograr un cambio. Si nadie compra un alimento o cualquier otra cosa, porque su producción ha tenido efectos negativos sobre el medioambiente, si todos consumimos menos, si reciclamos… todo cambiaría.

Andoni. Consumir menos es básico. Antes de reciclar, hay que utilizar los mínimos recursos, lo necesario.

Unai. Lo que está claro es que el cambio empieza en uno mismo. Cambiar uno mismo para cambiarnos a todos y lograr lo que queremos. Y ahí es importante la educación. En la escuela, todos sabemos que hay que respetar el medioambiente y las consecuencias que tiene el cambio climático. No es que no lo enseñen. Lo hacen, pero de una manera equivocada, según mi opinión. No consiguen que los alumnos se impliquen ni que se conciencien de los efectos que tiene el cambio climático sobre el entorno o de las consecuencias de nuestros hábitos, y sobre cómo ellos lo pueden mejorar.

Andoni. Sí, pero, luego, los chavales, sobre todo los más pequeños, deben tener la oportunidad de salir. Que los lleven a esas montañas o a caminar por el lago. Que les provoquen ganas de descubrir y de pasárselo bien. Cuando tus amigos han venido contigo, con nosotros, a buscar patos o a pasear por el Pirineo, ¿qué opinan? Se lo pasan bien, ¿no?

Unai: «El medio ambiente no puede enseñarse a través de un PowerPoint.»

Unai. Eso, desde luego, pero que, desde la escuela, te enseñen el medioambiente con un PowerPoint… Casi ni lo escuchas. Si te llevan ahí, con las fochas, con la nieve, con los ciervos, con los rebecos, realmente ves lo que hay y lo que se está acabando, lo que estamos destruyendo. Es así como te involucras.

Andoni. No se trata de meter y meter información a los niños pequeños, sino de que sea divertido y de que se hagan preguntas. Aparte de aprender, se lo tienen que pasar bien. Hay varios proyectos educativos, como las ecoescuelas, que están materializando estas ideas.

Unai. Eso es, les tienen que sacar fuera. Además, si realmente aprovecháramos la tecnología en las escuelas, en vez de gastar cada día 20 hojas de papel, podríamos usar una tablet. Si el respeto por el medioambiente es algo que nos enseñan desde pequeños y creces con ese principio, el día de mañana no dirás, ni siquiera pensarás, «yo respeto el medioambiente», porque será algo inconsciente. Ya lo tendrás integrado.

Andoni. ¿Te acuerdas cuando hacíais máscaras con las piedras, o con palitos, o construyendo cabañas? Cuanto más tiempo pasas jugando con elementos de la naturaleza, una piedra, una roca…, más se desarrolla la creatividad. La naturaleza desarrolla la imaginación, el ingenio. Aunque luego te puede salir rapero [risas].

Andoni: «En la naturaleza aprendes a observar, a apreciar el tiempo. Es una escuela para la vida»

Unai. Yo soy más metalero [risas].

Andoni. La naturaleza te enseña a apreciar el tiempo, a saber esperar; las prisas desaparecen. Puedes tener frío o calor. Te acostumbras. Pasan las horas. Es como caminar, una de las mejores cosas que hemos hecho. Te limpia el cerebro, las ideas. La naturaleza es una escuela para la vida que sirve para todo. Y aprendes a observar. Mientras esperas a un animal, te fijas en cómo se mueve el sol, dónde está el norte y en toda la vida que habita ese lugar.

Unai. El otro día, hicimos una salida con el insti, a Barcelona, y estaba con un par de chavales, un poco chulos, a los que parecía importarles muy poco todo, y, de repente, empezamos a apostar: «Qué te juegas a que una serpiente corre más rápido que tú». Y estuvimos una hora investigando y haciendo apuestas de qué animal era más rápido que otro. Si un elefante es más rápido que un burro o si una serpiente lo es más que una persona.

Andoni. Recuerdo que una vez enseñé a una amiga un rebeco al telescopio y dijo: «¡Buah!, esto es como un documental de La 2. Y los teníamos ahí, al lado de casa, donde te puedes tirar una hora, dos, tres o todo el día. Cuanto más joven se empiece a apreciarlo, mejor.

Unai. Los tres meses que estuvimos en Estados Unidos, la escuela fue brutal, la manera en la que te planteaban todo. Cuando nos fueron a contar las células, la profesora se sacó las células del carrillo de la boca con un palillo y las puso al microscopio. Toda la clase estaba mirando, atenta. Luego, los ecosistemas los construimos en una garrafa partida por la mitad. No a través de un libro. Y, además, los viernes eran fiesta [risas].

Andoni. Aquí se podrían hacer muchas cosas.

Unai. De hecho, creo que el mensaje más importante de toda la película es que no hace falta irse lejos.

Andoni. Fíjate cómo empezamos la película. En este mismo banco, mirando las fochas.

Unai. Si ahora tuviera que elegir un sitio donde vivir, los Pirineos estarían de los primeros en mi lista. Porque me los conozco tan bien, desde que soy pequeño… Lo he exprimido tanto… Hay que disfrutar de lo que tenemos en casa.

El viaje de Unai narra en primera persona la vuelta al mundo de una familia en busca de lo salvaje, a través de especies simbólicas de cada continente: el puma en América del Sur, el bisonte en América del Norte, el elefante en África, el cocodrilo en Australia, el pingüino en la Antártida, el cálao en Asia y el lobo en Europa. Estas son algunas de las fotos tomadas durante su expedición.


Bisontes en Dakota del Sur, Estados Unidos


Puma de la Patagonia chilena


Desierto de kunene, Namibia


Desierto de kunene, Namibia


Desierto del Namib, Namibia


Península Antártica


Costa de los Esqueletos, Namibia


Playa en Queensland, Australia