Economía circular

Poniendo cara al reciclaje

Poniendo cara al reciclaje

Depositar un envase en el contenedor es solo el principio de un viaje que los ciudadanos tenemos el poder de iniciar. Desde Circle nos adentramos en ese sofisticado proceso y ponemos cara a aquellas personas que hacen posible que los envases tengan una segunda vida.

Querido lector: Puede darse por aludido, el primer eslabón de esa cadena es usted. Somos todos nosotros, cada vez que consumimos un producto y decidimos depositarlo en el contenedor adecuado, evitando que ese residuo acabe en un vertedero, sin ninguna utilidad y con un impacto ecológico negativo.

«Gracias a la tecnología, se ha reducido el riesgo de accidentes laborales. Antes teníamos que ir en la parte exterior del camión, pasando frío. Era un trabajo mucho más físico»

En total, en España están disponibles, las 24 horas del día y los 365 días del año, 581.739 contenedores amarillos y azules (14.782 más que el año anterior) que permiten al 99% de los españoles, según cálculos de Ecoembes, tener acceso a la separación selectiva con una media de un contenedor cada 100 metros. Las cifras corroboran los avances: en 2016, cada habitante depositó 13,2 kg de envases de plástico, latas y briks en el contenedor amarillo y 15,5 kg en el contenedor azul, en todo el territorio nacional.

Óscar Hernández (Recogida Municipal)

Óscar Hernández (Recogida Municipal)

Son los Ayuntamientos de cada ciudad los encargados de recoger los residuos de los contenedores y transportarlos a las plantas de selección, instalaciones especializadas en la clasificación de los diferentes tipos de envases ligeros. Pero ¿qué pasa luego con esos desechos? ¿Quiénes están detrás? Lejos de las aceras, allí donde no alcanzan los ojos de los ciudadanos, hay más de 42.000 personas trabajando en alguna de las fases del proceso de reciclaje.

Uno de esos eslabones es Óscar Hernández, que lleva catorce años dedicado a la recogida municipal, aunque ahora solo dedica un día a la semana, ya que lo compatibiliza con su nuevo empleo en las oficinas de Ecoembes. A las once de la noche de cada sábado comienza la faena, que finaliza alrededor de las cuatro y media de la mañana. «Los ciudadanos no somos conscientes de vuestra labor salvo cuando sufrimos las consecuencias de una huelga de basuras», le comentamos. «Bueno, sí… es un servicio muy importante, la verdad», responde con aptitud modesta.

Hernández nos habla de lo mucho que ha evolucionado el servicio en los últimos lustros: «Gracias a la tecnología, se ha reducido el riesgo de accidentes laborales. Antes teníamos que ir en la parte exterior del camión, era un trabajo mucho más físico. El paso de la carga trasera a la carga lateral ha permitido que el operario no tenga que estar fuera, pasando frío. Otro avance es que los camiones antes eran diésel y ahora hay eléctricos e híbridos. Y también impulsados con gas natural, del propio gas que produce el residuo.»

Recoger estos residuos de la forma más óptima posible es la clave para un mejor reciclado y reutilización. En este sentido, la separación de fracciones de residuos en distintos contenedores ha sido un factor determinante en el constante perfeccionamiento del proceso. «Recogemos las cuatro fracciones fuertes, las que conoce todo el mundo: envases, papel, cartón y vidrio. Aunque también nos encargamos de otros residuos como muebles, enseres, electrodomésticos o ropa usada. Asimismo, ahora se están desarrollando proyectos piloto para la basura orgánica», explica Hernández.

Los camiones descargan los residuos en los llamados camiones nodriza, de mucho mayor tamaño, y estos son los que aterrizan en la «playa» de la planta de selección, nombre con el que designan al área de recepción y descarga.

PRIMERA PARADA: LA PLANTA DE SELECCIÓN

«La planta debe estar atendida, engrasada y limpia para que nada falle al día siguiente. La recogida no para nunca»

En España, existen 95 plantas de selección (53 de ellas son automáticas), donde se separan los envases ligeros en, al menos, tres fracciones: metales (acero y aluminio), plásticos (PET, PEAD, film y plástico mezcla) y briks. Circle se ha colado en la de Gavà-Viladecans, operada por la empresa Selectives Metropolitanes S. A. (SEMESA), filial de TERSA. A este centro, en funcionamiento desde 1992, llegan los residuos procedentes de los 36 municipios que configuran el Área Metropolitana de Barcelona (AMB).

Antonio Naranjo (Planta de selección)

Antonio Naranjo (Planta de selección)

El responsable de la planta, Antonio Naranjo, nos recibe para explicarnos este sofisticado procedimiento de separación y clasificación de envases ligeros. Los residuos comienzan su recorrido en una cinta transportadora. Los abrebolsas abren y vacían las bolsas homogeneizando el caudal que llega hasta el trómel (máquina de cribado), que deja caer por sus agujeros las bolsas y los envases sueltos, separándolos de los de mayor tamaño. A continuación, un sistema con movimiento oscilatorio (separador balístico) filtra los envases por su densidad, formando tres grupos: planares (envases más planos), rodantes y finos. Mientras, un gran aspirador absorbe las bolsas de plástico. La siguiente fase de separación –explica Naranjo– es la de los envases de acero con un gran imán. Luego, se apartan el resto de envases, PET, PEAD, brik y de otros plásticos, a través de un sistema de separadores ópticos. Por otro lado, las latas de aluminio abandonan la cinta gracias a un sistema de repulsión mediante oposición de campos magnéticos.

Aunque el sistema automatizado de selección es muy preciso, se realiza un control de calidad en todos los envases anteriormente seleccionados por si se ha colado algún impropio. «Antes era todo manual», recuerda Naranjo, que lleva más de treinta años trabajando en el mundo de la gestión de residuos; 26, concretamente, en la planta donde nos encontramos. «Puede pensarse que la tecnología, según va avanzando, podría sustituir muchos puestos de trabajo, pero no es así. Ahora están dedicados única y exclusivamente al control de calidad. Lo que ha permitido la implantación de nuevas tecnologías es mejorar tanto la capacidad como la calidad de tratamiento», nos cuenta. «La planta funciona 24 horas, 16 destinadas a producción. Las otras 8 horas nocturnas, al mantenimiento preventivo y la limpieza. Debe estar atendida, engrasada y limpia para que nada falle al día siguiente. La recogida no para nunca».

Una vez separados los envases, es cuando cada material se conduce a una prensa para formar las balas compactas de los diferentes materiales, que se cargarán en camiones tráiler para ser transportadas a las diferentes empresas de reciclaje.

SEGUNDA PARADA: EL RECICLADOR

«Recibimos material del contenedor amarillo que viene de la planta, sobre todo, botellas de PET. Hoy, no se desperdicia nada»

Y de la planta de selección de Gavà-Viladecans a la sede de Suminco, donde nos da la bienvenida José Peruga, consejero delegado de esta empresa familiar fundada en 1983 y especializada en el reciclaje de plásticos. «Nosotros recibimos material del contenedor amarillo que viene de la planta. Básicamente, son botellas de PET y polietileno. El paso número uno es limpiarlo. Para ello, no usamos productos químicos, solo agua tratada con un sistema de depuración», nos cuenta Peruga. «Una vez purificado, lo metemos en una extrusora, donde se derrite el material y salen estas bolitas», dice, señalando unos trocitos de plástico o «granzas».

Antonio Naranjo (Planta de selección)

José Peruga (Empresa recicladora)

El 90% de los productos que fabrica Suminco son tuberías corrugadas de saneamiento y drenaje para aguas sucias y pluviales. Durante su recorrido, esta empresa familiar ha sido testigo de importantes progresos en la industria. «Cuando nacimos, ni siquiera había petroquímica. Había mermas industriales que las empresas despreciaban. Hoy no se desprecia nada», asegura Peruga.

La contribución y las alianzas entre ciudadanos, organizaciones de gestión de residuos, plantas de selección, recicladores y administraciones ha dado sus frutos: España ha alcanzado una tasa de recuperación de envases del 76%, porcentaje que nos sitúa entre los primeros países de Europa en la materia, superando los objetivos de reciclado que marca la Unión Europea en más de 21 puntos (55%).

No por ello debemos bajar la guardia. «Facilitaría mucho nuestro trabajo que todo el mundo reciclara más, y mejor», asegura Antonio Naranjo. Sabe de lo que habla. Cada día ve circular por las cintas transportadoras de la planta residuos que no se han desechado correctamente. «Mira», nos advierte, señalando con el dedo a una botella. «Eso es un ejemplo. La gente se termina una botella de agua, o de lo que sea, y no sabe que tiene que tirarla con el tapón quitado. De esa manera, no tendríamos que estar pinchando las botellas, podríamos chafarlas directamente», nos explica. «Aún hay falta de información y un gran margen de mejora, pero vamos por el buen camino».