Economía circular

Slow fashion: Vísteme despacio, que tengo prisa

Slow fashion: Vísteme despacio, que tengo prisa

SLOW FASHION. El auge de la moda sostenible es una tendencia necesaria y urgente para una industria, la textil, que es la segunda más contaminante del planeta.

Los españoles nos deshacemos, cada año, de más de 14 kilos de ropa. Este estudio, realizado recientemente por el Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, arroja una media, calculada a partir de toda la población. Dicho llanamente: en España, nos desprendemos anualmente de más de 500.000 toneladas de prendas. Según otra encuesta realizada por la Fundación Humana, solo se recicla el 10%. Echen cuentas.

Estos datos (que se repiten, con ligeras variaciones, en la mayoría de los países desarrollados) cobran mayor dramatismo si tenemos en cuenta que estamos hablando de la industria textil, la segunda más contaminante del planeta, después de la petrolífera. El cultivo de algodón, hoy por hoy el material más utilizado para elaborar prendas, es el que más plaguicidas consume: el 24% de todos los insecticidas y el 11% de todos los pesticidas del mundo. También es el que más agua necesita, en relación con el producto final. Una camiseta requiere más de mil litros, que raramente son reutilizados, como han denunciado desde Industry of All Nations (IOAN), una firma de diseño y desarrollo creada «con el objetivo de repensar los métodos de producción de bienes de consumo», como aclaran sus fundadores.

Desde ONG y organismos internacionales como Naciones Unidas urgen, una y otra vez, a eliminar los agentes químicos especialmente nocivos que se usan en la industria textil (como colorantes artificiales), muchas veces vertidos en ríos de países en vías de desarrollo (que aglutinan la mayor parte de las plantas de fabricación) y con potencial para contaminar y provocar escasez de agua en poblaciones enteras. Por suerte, parece que algo está cambiando, aunque aún sean pequeños pasos. Lo vemos en grandes firmas como H&M con Councious Collection o Inditex con Join Life, que han sacado sus propias líneas eco, en un esfuerzo del fast fashion por buscar fórmulas de moda sostenible.

María Clè

Uno de los diseños de la colección de María Clè ‘Cristalinos’, creado a partir de materiales reciclados encontrados en el fondo del mar.

Además, en los últimos años, han surgido firmas de moda concienciadas con el medio ambiente y los derechos sociales. El proyecto MFSHOW by Ecoembes, que surgió hace dos años con el objetivo de fomentar la investigación y el uso de tejidos realizados a partir de materiales reciclados, como botellas de PET, ha servido de plataforma a diseñadoras y diseñadores que tienen el convencimiento de que las cosas se pueden hacer de otra manera y que han subido a la pasarela reivindicando su mensaje.

Así lo indica Moisés Nieto, autor de la primera colección MFSHOW by Ecoembes: «Hoy en día, la moda sostenible tiene mucho que aportar. Es ya un incipiente motor para la industria actual. Los diseñadores tenemos la responsabilidad de que este movimiento siga hacia adelante, al tiempo que nos enfrentamos a un consumidor cada vez más sensibilizado y exigente».

En la última edición, la diseñadora vitoriana María Clè ha sido la ganadora con su colección Cristalinos. «Toda está realizada con tejidos reciclados en un 80%», explica Clè, que, a sus 37 años, ya ha desfilado sus prendas varias veces por la Mercedes Benz Fashion Week de Ámsterdam y por la dirigida por Charo Izquierdo, la MBFW de Madrid.

No es la primera vez que esta diseñadora investiga en moda sostenible. Durante sus estudios en el Instituto Europeo de Diseño (IED), participó en un proyecto para rebajar el impacto de la industria textil. «La sostenibilidad tiene que ver con muchas cosas, no solo el reciclaje: recuperar valores como la artesanía, la conciencia sobre el uso de los materiales o los derechos laborales», advierte Clè, y reconoce: «Pero tenía ganas de probar nuevos tejidos reciclados, y esa es la oportunidad que me ha dado Ecoembes». En este sentido, asegura que la reutilización no solo le permite ser más respetuosa con el medio ambiente, sino que abre las puertas a la creatividad: «Utilicé para la colección una fibra que se elabora en Italia a partir de materiales reciclados y lo más curioso para mí es cómo puede dar lugar a tejidos tan diferentes. Uno metalizado, otro que insinúa neopreno, otros plastificados… Esto abre mucho las posibilidades frente a materiales habituales como la lana o la seda».

Mucho más que una moda pasajera

Las firmas con conciencia sostenible empiezan a florecer en nuestro país. La profesora del Departamento de Sostenibilidad del IED Madrid, María Almazán, trabajaba en una multinacional. Hace dos años, fundó Latitude, una iniciativa para impulsar el cambio de paradigma en el mundo de la moda hacia un nuevo concepto en el que la sostenibilidad se incorporaba a todas las fases del proceso: desde la confección en los talleres de origen hasta el propio tejido, pasando por las prácticas de las marcas y los hábitos en las compras de los clientes. Tal y como explica esta emprendedora gallega, apuestan por la relocalización de la industria: «El regreso a la proximidad, tras la deslocalización de las producciones a países asiáticos de los últimos años», y puntualiza: «Es la reindustrialización del sector a través del valor añadido de la sostenibilidad».

Otra firma, Slow Fashion Next, parte de los mismos principios, aunque adopta la fórmula de la consultoría: «Somos un grupo internacional de profesionales expertos en moda, sostenibilidad, emprendimiento y negocio, que ayudamos a otros profesionales, estudiantes, empresas de moda y diseñadores a que aumenten el valor y el impacto positivo de sus negocios a través de la formación y el asesoramiento», explican sus responsables, y resumen sus ambiciosas miras: «Queremos reinventar el sector de la moda y transformar sus impactos en una herramienta de cambio positivo en lo social y lo medioambiental». Entre sus muchas iniciativas, han organizado y puesto a disposición, además, una red de proveedores seleccionados con criterios sostenibles.

La firma de moda Marlota produce íntegramente en España. Su fundadora, Mar García, explica: «Defendemos valores en olvido y desuso y reivindicamos métodos tradicionales de sastrería y costura, buscando el equilibrio con la tecnología más avanzada para mejorar. Nuestra producción local propicia que podamos mimar cada prenda por dentro y por fuera para que sea única. Creemos en el compromiso, el respeto y la honestidad».

Economía circular para salir de números rojos
juan-luis

The Circular Project Shop es un espacio fundado en Madrid, especializado en la comercialización y difusión de diseño español con las premisas de que sea sostenible y ético. Su fundadora, Paloma G. López, plantea la economía circular y colaborativa como pilar de su proyecto: «El planeta está en números rojos. No podemos seguir así», advierte. The Circular Project acoge, a día de hoy, más de 30 marcas que reúnen las características para ser sostenibles. La mayoría son firmas pequeñas, auténticas supervivientes debido a, como dice Paloma, «los pocos apoyos de los que disponen y la obligación de tener que importar los tejidos en muchos de los casos».

Este proyecto no solo pone a disposición un espacio de venta para estas marcas. Con el conocimiento que tienen sus responsables del consumidor y el sector textil, y su experiencia en comunicación, plantea un servicio de promoción integral de las empresas representadas y, en algunos casos, de consultoría, como Slow Fashion Next. Su fundadora está convencida del poder del comprador para llevar a cabo este cambio de paradigma, que supondrá toda una revolución en la industria: «No olvidemos que, hoy por hoy, tenemos más fuerza como consumidores que como votantes». Su acción trasciende nuestras fronteras: ha logrado que la Eurocámara tome medidas para controlar la trazabilidad y la transparencia en toda la cadena de suministro dentro de un sector que, asegura, «hoy sigue siendo muy opaco».

Moda sostenible, ¿y para tu bolsillo?

Hoy por hoy, las prendas sostenibles tienen, todavía, una pátina elitista. El motivo: son más caras, por lo general, que las que provienen de la llamada fast fashion, esto es, de las grandes producciones ajenas a criterios sociales y medioambientales. María Clè, desde su experiencia con Ecoembes, cree que esto va a cambiar rápido: «Hoy se sigue investigando en el tratamiento de materiales reciclados, porque sigue siendo algo relativamente nuevo. Y aquí es donde radica ese extra en los costes de producción. Pero es cuestión de tiempo que se normalice y se llegue a una economía de escala que reduzca el precio final». La diseñadora desmonta el mito de que el material reciclado de una prenda es necesariamente más caro que uno convencional. «El coste de estos tejidos me ha parecido muy asequible, y eso que estoy acostumbrada a trabajar con lanas naturales y sedas», explica, y añade: «No es ni mucho menos disparatado, sino bastante razonable. Está al nivel de tejidos que ya conocemos».

Respecto al número, cada vez mayor, de iniciativas que surgen por una moda sostenible, Clè opina que es mucho más que una moda —redundancia obligada— pasajera. «Yo tenía asociado el reciclaje a un estilo con el que no me identificaba. Pero estaba confundida. Ahora, al tratar estos tejidos reciclados como tejidos nobles, llevarlos al campo del diseño y subirlos a la pasarela, me ha parecido una experiencia realmente interesante. Puedes dar rienda suelta a tu talento, crear colecciones bellas y apasionantes, y no perder nunca de vista la sostenibilidad en tu proyecto. Por suerte, cada vez más emprendedores y agentes del sector se están dando cuenta de esto».