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Desconexión laboral: un derecho en trámite

Desconexión laboral: un derecho en trámite

El derecho a la desconexión laboral cobra fuerza en Europa: los trabajadores no deberían atender a su smartphone cuando finaliza su jornada laboral. El tiempo libre es un bien fundamental.

Decía el gran poeta y científico Johann Wolfgang von Goethe que «nadie está más esclavizado que aquellos que falsamente creen que son libres». Esta frase es del siglo XVIII, pero se puede aplicar perfectamente al actual o, más concretamente, a la vorágine digital en que nos encontramos. El teléfono móvil inteligente, comúnmente smartphone, nos permite conectar con quien queramos a cualquier hora y desde cualquier parte del mundo. No estamos atados a una cabina telefónica, al teléfono fijo de nuestra cocina, ni siquiera a un ordenador. Nos basta con una conexión wifi y el mundo, a través de un dispositivo enano que no pesa ni 200 gramos, estará a nuestros pies.

Está claro que los teléfonos móviles nos han dado mucha libertad de movimiento. Hoy, un smartphone de gama media puede, prácticamente, sustituir a una oficina: permite mandar y recibir correos electrónicos, escribir informes o cualquier tipo de textos, editar fotografías y vídeos, realizar videoconferencias con muchas personas a la vez desde distintos países, bajarse archivos de todos los formatos… Esto, a grandes rasgos, es sinónimo de libertad, porque convierte al trabajador en ubicuo, y no le ata a un escritorio. O, dicho de otra manera: permite el tan ansiado teletrabajo.

Pero todo anverso tiene su reverso y, como decía Goethe, esa sensación de libertad que nos da un simple móvil se puede volver en nuestra contra: es complicado justificar que tu jornada laboral ha terminado cuando a tu bolsillo pueden seguir llegando e-mails, llamadas, mensajes, o el último informe del último ejercicio para una última revisión, en forma de archivo PDF. Hace no mucho, cuando alguien se levantaba de su puesto de trabajo a las 6 o las 7 de la tarde y apagaba el ordenador, desconectaba. Hoy, seguimos conectados las 24 horas del día.

Esta realidad comienza a generar conflictos laborales que, en nuestro país, chocan con el Estatuto del Trabajador y muchos convenios colectivos. Por suerte, empiezan a tomarse medidas al respecto. Francia es pionera: el 1 de enero de 2017 entró en vigor su reciente reforma laboral, y con ella, el derecho a la desconexión laboral del trabajador con su empresa una vez finalizada la jornada. La nueva Ley (Code du Travail) lo deja en manos de la negociación colectiva, pero añade que «además de definir las modalidades de pleno ejercicio de ese derecho, debe incluir la puesta en marcha, por parte de la empresa, de dispositivos de regulación de la utilización de los dispositivos digitales». Dicho llanamente: el contratador tiene la obligación de implantar sistemas tecnológicos que limiten o impidan el acceso de los trabajadores a sus dispositivos digitales fuera del horario de trabajo.

¿Y qué pasa con la desconexión laboral en España?

En nuestro país empieza a haber visos en esta dirección: la aseguradora Axa ha sido la primera empresa en regular expresamente en su convenio laboral el derecho a no atender el móvil fuera del horario laboral en España. Es un acuerdo pactado entre la dirección de la aseguradora y su sindicato mayoritario, por el que reconoce el derecho de los trabajadores a no responder a los mails o mensajes profesionales fuera de su horario de trabajo, salvo causa de fuerza mayor o circunstancias excepcionales, y a no atender a las llamadas en su teléfono móvil corporativo una vez que haya terminado su jornada.

Pero el avance más significativo en nuestro país no vendrá de la legislación laboral, sino del nuevo reglamento del Parlamento Europeo respecto a la protección de datos personales, que ya se aplica desde el pasado 25 de mayo. El PSOE ha introducido una enmienda para cuando la norma europea se transponga en ley nacional, aún en fase parlamentaria: «Los trabajadores y los empleados públicos tendrán derecho a la desconexión laboral a fin de garantizar, fuera del tiempo de trabajo legal o convencionalmente establecido, el respeto de su tiempo de descanso y vacaciones, así como de su intimidad personal y familiar».

El camino está sembrado. Ahora, solo nos falta recorrerlo.