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Gonzalo Fanjul: “Hemos alcanzado un punto de no retorno en la pérdida de biodiversidad”

Gonzalo Fanjul: “Hemos alcanzado un punto de no retorno en la pérdida de biodiversidad”

«El mundo lo cambia la gente informada». Así reza la declaración de intenciones de la web de la Fundación PorCausa, una plataforma de periodismo, investigación y migraciones creada y liderada por Gonzalo Fanjul (Madrid, 1971). Este activista e investigador con más de dos décadas de experiencia también es director del área de Análisis de ISGlobal y coordinador del blog 3.500 millones de el diario El País.

Ya hay más refugiados por el clima que por guerras, un número que supera cada año los 20 millones de personas. Sin embargo, no son recogidos como refugiados en las cifras oficiales. ¿Qué medidas habría que tomar para visibilizar la magnitud del problema a nivel global?

Todo parte de la manera en que algunas de nuestras decisiones sobre los modelos energético y de consumo están teniendo consecuencias que escapan por completo a nuestro control. El Instituto de Resiliencia de Estocolmo diseñó la idea de los límites planetarios, que hablan insistentemente de que hay puntos de no retorno donde nuestras acciones nos están llevando más allá de lo que podemos controlar. El desplazamiento climático es una especie de fotografía del futuro, ya que moverse de sus casas es la reacción más lógica y natural ante las condiciones extremas crecientes, y eso es algo que solo va a empeorar. Debemos actuar para prevenir que esto vaya a más, lo que implica tener una agenda relacionada con el cambio climático y con el deterioro de los recursos naturales que también haga frente a la protección de quienes se han visto obligados a abandonar sus hogares. Eso significa que debemos reconsiderar alguno de los límites ya establecidos con respecto a los refugiados.

Siendo realistas, ¿cuándo llegará la transformación legislativa que se necesita para ello? ¿Pasarán años todavía hasta que se cree un mecanismo legal de protección que vaya más allá de la Convención Internacional de Refugiados?

Creo que aún tardaremos tiempo, pero es cierto que los desplazados climáticos son ya parte de las conversaciones, algo que no ocurría hace cinco o diez años. Es un tema que está sobre la mesa de los expertos internacionales, no solamente de los activistas o de aquellos ‘sospechosos’ de tener ciertas inclinaciones éticas o políticas. Cuánto tiempo tarde eso en traducirse en legislaciones más complejas es una cuestión diferente, pero ahora mismo tenemos que luchar para no dar pasos atrás en los derechos ya adquiridos con los refugiados. En este momento, la convención que protege a los desplazados y a los solicitantes de asilo se encuentra amenazada, sobre todo porque los países de destino más poderosos están reconsiderando normas que estaban perfectamente aceptadas hasta hace muy poco. Aunque sea una conversación larga con ciertos aspectos problemáticos, soy optimista en cuanto a que es una realidad que ya está presente de una forma que no lo estaba hace no tanto tiempo.

¿Hay mayor conciencia social?

Yo creo que sí, y eso está relacionado con lo que vemos en los demás y lo que estamos experimentando nosotros mismos. Es muy interesante ver el debate que se ha producido, por ejemplo a raíz de lo sucedido en Ciudad del Cabo, donde han sufrido una sequía que no se recuerda y que ha llevado a restricciones de agua durante meses, o también con lo ocurrido tras la proliferación de incendios en Australia. En el caso de España, la gente ha sido más consciente al ver lo que ocurre en zonas del sureste español como Murcia o Almería, que han ayudado a que nos demos cuenta de que el cambio climático tiene un impacto directo en los medios de vida más básicos del ser humano. Eso ayuda a fortalecer nuestra capacidad de empatía, y nos hace ver que, si esto ocurre aquí, qué no les pasará a los ganaderos trashumantes de Mauritania, que pueden encontrarse años enteros sin lluvias.

«Estamos viendo una combinación extremadamente peligrosa de conflictos violentos y luchas por l os recursos naturales»

Muchas organizaciones humanitarias ya trabajan con refugiados climáticos. ¿Qué problemas se encuentra la cooperación?

No son muy diferentes a los que se encuentran en otras crisis humanitarias. Estamos viendo una combinación extremadamente peligrosa de conflictos violentos y luchas por los recursos naturales, fenómenos climáticos extremos y pandemias como la vivida con el ébola hace unos años. Todos esos factores multiplican las necesidades humanitarias de los países en vías de desarrollo. A los trabajadores y ONG que tienen que trabajar con ello lo que les ocurre es muy simple: ven que los problemas a los que se enfrentan no han hecho más que multiplicarse en los últimos años, mientras que los recursos con los que cuentan para hacerlo se han estancado o incluso se han reducido. El fenómeno de los refugiados climáticos solamente es una manifestación más de lo difícil que resulta predecir lo que va a ocurrir en el futuro, en un contexto de fenómenos naturales extremos como los que estamos viviendo ya.

Trump sacó a EEUU del acuerdo de París entre un gran revuelo. Sin embargo, algunos estados y ciudades norteamericanas le han plantado cara reafirmando su compromiso en la lucha contra el cambio climático. ¿Llegaremos a tiempo para cumplir los objetivos marcados?

No creo que lleguemos a tiempo, lo cual no quiere decir que vaya a ser todo catastrófico. El retraso en el ritmo que llevamos, además de obstáculos como los de Trump, van a hacer muy difícil que cumplamos esos objetivos. Además, en otros aspectos –como la pérdida de biodiversidad– ya hemos alcanzado puntos de no retorno. Dicho esto, no soy absolutamente pesimista, y las ciudades estadounidenses son un buen ejemplo. A veces nos encontramos con personajes siniestros como Donald Trump, que son absolutamente regresivos en la protección del interés común, pero a la vez aparecen actores nuevos que tienen un poder y una voz reconocible que no habían tenido hasta ahora: las ciudades son un foco de problemas y emisiones, pero algunas ya son agentes que actúan contra ello. A esto se suma la reacción del sector privado, algo que antes no estaba tan generalizado y que ahora es una norma más que una excepción. Ya no se trata de medidas como apéndices en forma de RSC o fundaciones, sino que están incorporadas en el corazón del modelo de negocio y que lanzan un mensaje muy sencillo: hacer lo correcto también es hacer lo más inteligente. Es decir, si se dan los pasos en la dirección adecuada en materia de medio ambiente y protección de derechos, también ellos saldrán beneficiados y harán que las vidas de todos sean mejores. El desarrollo sostenible es un ejercicio que puede arrastrar a toda la sociedad, pero se necesitan responsables políticos, empresariales y sociales que den un primer paso y que marquen el camino.

Se necesitan responsables políticos, empresariales y sociales para impulsar el desarrollo sostenible

En esa misión de marcar el camino a seguir, ¿crees que desde los medios de comunicación se enfoca la información medioambiental de manera adecuada?

Creo que el panorama ha mejorado mucho en los últimos años. Ahora tenemos más información y más referencias, entre otras cosas porque los medios de comunicación han cambiado: ya no dependemos solamente de tres o cuatro grandes corporaciones que filtren los contenidos, sino que tenemos revistas e iniciativas de periodismo como PorCausa. Estos medios se han convertido en la ardilla que se enfrenta al dinosaurio, ya que ofrecen información especializada y detallada con un ritmo de trabajo más lento, que retrotrae a la forma original del periodismo y que pretende ofrecer los elementos necesarios para que el ciudadano tenga una conversación informada. El contexto tóxico creado por la posverdad ha afectado de manera determinante al espíritu de las sociedades, que reaccionan a los problemas de manera visceral ignorando los hechos. Por ejemplo, en Estados Unidos, el debate sobre el cambio climático y el negacionismo que conlleva en algunas de las partes de la sociedad, es una cuestión emocional, en la que subyace la idea del individuo que cree que el Gobierno le dice cómo tiene que vivir. Los medios juegan un papel fundamental en el establecimiento de una conversación pública que ponga las emociones en el lado correcto y las convierta en un asunto de toda la sociedad y no de cuatro académicos.

¿Qué papel juega en todo ello el activismo y la labor de organizaciones como PorCausa?

Precisamente porque entra por esa vía emocional, creo que el activismo es absolutamente imprescindible y tiene que hacer ruido de forma permanente. Debe llamar la atención sobre asuntos públicos, debe ser provocador e irreverente, y tiene la misión de invitar a la gente a hacerse preguntas y a mirar hacia lugares a los que normalmente no miraría. Al igual que sucede con los medios o con los partidos, el activismo ha cambiado por completo en los últimos años: de las cuatro o cinco organizaciones fuertes catalizadoras del movimiento, hemos pasado a un gran ecosistema en el que el ciudadano tiene poder para crear sus propias iniciativas. Aunque PorCausa no haga activismo más allá de las posiciones individuales de sus miembros, buscamos entrar en el terreno de la información de calidad, combinando las capacidades y conocimientos de los investigadores con la capacidad de comunicación y ética de los periodistas.