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Riego Solar

Riego Solar

El riego solar permite eliminar casi el cien por cien de las emisiones aprovechando la energía fotovoltaica, algo especialmente interesante para las economías domésticas y de pequeña escala en las zonas con menos recursos.

Nadie discute que el descubrimiento y desarrollo de la agricultura fue una de las revoluciones más significativas de la Historia. A partir de ese momento, el ser humano dejó de depender de los vegetales que encontraba en su camino. Siglos después, el cambio vino con la llegada de los sistemas de regadío, que permitieron mantener la producción agrícola sin depender, en exclusiva, de los condicionantes impuestos por el cielo.

Hoy, el mundo se encuentra en una situación climáticamente compleja: la escasez de agua y las emisiones de gases que contribuyen al calentamiento global marcan la agenda y los desafíos más inminentes. ¿Y si la solución es, irónicamente, volver a mirar al cielo?

Aunque los debates acerca de agricultura y el medio ambiente suelen centrarse en el uso de agua –ya que ésta es la actividad humana que más recursos hídricos consume–, también es necesario abordar el gasto energético y económico que conlleva el proceso agrícola en toda su cadena, desde la siembra del cultivo hasta que los productos llegan a la mesa, algo especialmente problemático en las zonas más pobres del globo. Afortunadamente, cada vez son más los que exploran otras alternativas dentro de las fuentes inagotables que el planeta nos proporciona gratis.

Las bombas de agua solares para riego son la alternativa

La llamada irrigación solar es una técnica que sustituye la energía procedente de la electricidad o los combustibles fósiles por una fuente limpia: la fotovoltaica. De esta manera, la instalación de paneles solares permite que el bombeo de agua pase a ser un proceso sin emisión de gases de efecto invernadero: contando con su instalación, el sistema reduce entre más del 95% de las emisiones de las bombas eléctricas y biodiesel, cuyo impacto medioambiental va de la mano con la contaminación y el cambio climático. Según fuentes de la ONU, el bombeo de agua superficial para consumo humano –incluido el destinado a regadío– necesita, generalmente, un 30% menos de energía que el de aguas subterráneas, que son cada vez más escasas e inaccesibles.

Además del beneficio ecológico a nivel planetario, supone una gran oportunidad para la explotación agraria familiar en algunas áreas de África o Asia donde el acceso a electricidad es muy limitado, pero, sin embargo, la presencia del sol es constante. Una vez sufragados los costes de instalación iniciales –significativamente altos y que precisan de financiación–, el uso de energía solar para la agricultura constituye una oferta viable que aporta una fuente de energía segura en las zonas rurales, reduciendo costes y emisiones, algo especialmente útil en la agricultura a pequeña escala, según explica uno de los últimos estudios realizados por la FAO.

«En un momento en que el mundo sienta las bases de un futuro más sostenible, la vital interrelación entre el agua, los alimentos y la energía plantea uno de los problemas más difíciles a los que nos enfrentamos. Sin agua no hay dignidad, ni se puede escapar de la pobreza», sentenciaba en un discurso el exsecretario general de Naciones Unidos, Ban Ki-Moon. Invertir en tecnologías sostenibles que mejoren el acceso al agua de la población más vulnerable del planeta es necesario para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible… Y para devolver al planeta parte de lo que nos da.