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Pedro Jordano: «Se está produciendo una extinción de especies que ni siquiera conocemos»

Pedro Jordano: «Se está produciendo una extinción de especies que ni siquiera conocemos»

En el año 2008, por primera vez en la Historia, la Constitución de Ecuador reconoció a la naturaleza como sujeto de derecho, algo que provocó extrañeza en los sectores más conservadores: ¿puede protegerse el planeta y evitar la extinción de especies, como si fuera uno de los seres que lo habitan? Pedro Jordano suscribe esa apreciación. Además de investigador del CSIC en la Estación Biológica de Doñana y profesor en la Universidad de Sevilla, es uno de los científicos que luchan por proteger la biodiversidad del planeta amenazada por el cambio climático y la actividad humana.

Instituciones como el Instituto de Resiliencia de Estocolmo alertan de que se ha llegado ya a un punto de no retorno en la pérdida de biodiversidad debido al cambio climático. ¿Pesimismo o realismo? ¿Hay algo que celebrar?

Las cifras son perfectamente realistas. La situación es muy alarmante, sobre todo cuando la comparamos con la información que ofrece el registro fósil, que nos permite conocer cuál sería la tasa de extinción de especies con lo que sabemos de las que existían hace millones de años. En este nuevo periodo en el que nos encontramos, conocido como Antropoceno, estamos varios órdenes por encima de la tasa de pérdida de especies. Como advertimos los ecólogos, biólogos de la conservación y paleontólogos, en este periodo de existencia del planeta se ha disparado la pérdida de biodiversidad en la Tierra por consecuencia directa de la actividad humana.

Los humanos son los responsables de la extinción de especies

Nosotros, los mismos que hemos contribuido a este trágico escenario, ¿qué podemos hacer para revertir la situación?

Lo primero sería conocer mejor la biodiversidad del planeta porque, aunque parezca paradójico, ni siquiera sabemos cuánta hay. Cada año, aproximadamente, descubrimos entre 18.000 y 20.000 especies nuevas pertenecientes a organismos superiores. Ahora, gracias a las mejoras tecnológicas y a las técnicas de secuenciación masiva de ADN en los océanos, hemos comprobado que la biodiversidad de organismos procariotas, bacterias, protozoos, virus u hongos es muchísimo más alta de lo que podíamos imaginar. Por tanto, una de las primeras acciones que habría que llevar a cabo sería invertir más recursos en investigación para documentar la riqueza de la vida sobre la Tierra, porque en realidad la desconocemos. Le tenemos dado un nombre a alrededor de un millón y medio de especies, pero es probable que la cantidad que existe sea muchísimo mayor. Los biólogos estamos convencidos de que esas tasas de extinción y de pérdida de especies estén afectando a algunas que ni siquiera conocemos. Es fácil imaginar el enorme reto que supone documentar todas ellas, para lo que necesitamos más medios. Además, se deben incrementar los recursos para la conservación efectiva de las áreas protegidas sobre todo en aquellos considerados ‘puntos calientes’ de biodiversidad del planeta.

La extinción de especies en España

España es el país europeo con mayor biodiversidad, pero también con mayor porcentaje de especies amenazadas, según los datos que maneja la Unión Internacional por la Conservación de la Naturaleza. ¿Los poderes públicos se han olvidado de protegerla?

La legislación española –tanto a nivel nacional como autonómico–, tiene directrices e instrumentos de conservación de la naturaleza muy buenos, pero estamos muy lejos de cumplirlos. Lo que tenemos que hacer es, sencillamente, garantizar que se aplique la ley. Por ejemplo, en el caso del espacio natural de Doñana, que se lleven a cabo las normas de extracción de aguas subterráneas. Solo con eso estaríamos ante un avance porque, en otros aspectos, en los reglamentos autonómicos tenemos figuras para la conservación de superficie en porcentajes bastante elevados. Los instrumentos están, pero hay muchas más limitaciones, como que los guardas forestales o los técnicos de medio ambiente no tienen el apoyo que deberían tener. Hay que luchar para que la Fiscalía de Medio Ambiente cuente con más medios, y para que el Seprona tenga toda la ayuda necesaria para cumplir con su misión de proteger la naturaleza. Somos un país privilegiado en cuanto a biodiversidad tanto en la cuenca mediterránea como en Europa, y tenemos pérdidas muy importantes.

Ahora que se ha creado un Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades –liderado, además, por un científico–, ¿crees que mejorará la situación de los investigadores españoles?

La situación de la ciencia en España es muy mala y su diagnóstico estaba hecho ya hace tiempo. Desde 2009, el descenso de recursos económicos y apoyo institucional a universidades y centros de investigación se ha desplomado. Se están produciendo situaciones de verdadero colapso, sobre todo en la escala de la carrera investigadora, donde hay un problema muy serio de gestión: hay construida una barrera casi infranqueable para profesionales que terminan su tesis, realizan un postdoctorado en el extranjero y no pueden reincorporarse al sistema investigador español porque hay una grave carencia de plazas, insuficientes para acogerlos, aunque sean unos excelentes investigadores. Eso es incluso más grave en el caso de las mujeres científicas, así que espero que la creación del Ministerio sea un primer paso, ya que era una de las cuestiones más reclamadas en los últimos años. Además, también se pedía que reagrupara a la ciencia con las Universidades, ya que somos como hermanos siameses que no se pueden separar. Debemos permanecer unidos porque en estas instituciones, junto con las empresas privadas, está la base del sistema científico e investigador español.

Aunque has estudiado la biodiversidad de zonas como el sur de Brasil o las Islas Canarias, entre otros, desarrollas gran parte de tu labor investigadora en Doñana, una de las joyas de la biodiversidad española, donde cada vez hay menos agua. ¿Cuáles son los retos a los que hace frente el parque ahora y en los próximos años?

Todos los científicos e investigadores que trabajamos en Doñana tenemos una responsabilidad altísima para garantizar su conservación, y los problemas que hay planteados son muchos, por desgracia. Es un espacio natural que, desde su creación, ha sufrido ataques de todo tipo: el desarrollo urbanístico y la construcción de infraestructuras y carreteras, la agricultura de regadío y extractiva, problemas de contaminación… Aunque es cierto que uno de los factores clave es el agua, sobre el que pivota el funcionamiento de todos los ecosistemas. Es una de las cuestiones más importantes, pero hay otras amenazas pendientes, como las recientes autorizaciones para la extracción minera en la zona norte o el dragado del río Guadalquivir. Se debe garantizar que el aporte de agua a Doñana sea adecuado en calidad y cantidad, por lo que se debe atender a la extracción incontrolada destinada a los cultivos intensivos bajo plástico y al uso de herbicidas y pesticidas que puedan contaminarla. Aunque hay agricultores que cumplen las normas, por desgracia hay otros que no lo hacen, y eso es algo denunciado desde hace años que supone un grave problema para la conservación del entorno.