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Smart city: Mudarse al futuro

Smart city: Mudarse al futuro

Songdo, a 65 kilómetros de Seúl, es considerada la smart city o ciudad más inteligente del mundo: edificios eficientes, amplias zonas verdes, conexión Wi-Fi de alta velocidad en todas partes… hasta un sistema que recoge directamente los residuos de la cocina y los separa para su reciclaje.

Cuando el joven Marty McFly se montaba en el DeLorean para viajar en el tiempo en la película Regreso al Futuro, llegaba a unas ciudades donde los coches volaban y se movían a base de reactores alimentados con basura, y donde los aeropatines eran un objeto más en las aceras. Aunque ya hace tres años que su futuro se convirtió en nuestro pasado –el protagonista de la cinta se transportaba hasta 2015– y algunas de sus predicciones se han cumplido, otras no habían roto, hasta ahora, el cascarón.

Es cierto que, de momento, los microondas no hidratan la comida y los coches no vuelan por la calzada (al menos en sentido literal). Pero lo que está claro es que la tecnología, cada vez más extendida e integrada en nuestras vidas, ha transformado las ciudades que habitamos hasta convertirlas en una versión más o menos fiel de ese futuro imaginado.

¿Cómo funcionan las smart cities o ciudades inteligentes?

A solo 65 kilómetros de Seúl se ubica Songdo, considerada la ciudad más inteligente del mundo y construida con el propósito de serlo. Esta «pequeña» urbe surcoreana –que cuenta con algo más de 120.000 habitantes– comenzó a edificarse desde cero en el año 2003 sobre terreno ganado al mar Amarillo, con la idea de construir un centro económico, logístico y comercial que se convirtiera en el mayor desarrollo inmobiliario privado de la historia. Centenares de empresas, sedes de corporaciones internacionales o universidades y colegios de alto nivel ocupan los edificios y rascacielos de una ciudad en la que se han invertido más de cuarenta mil millones de dólares.

No solo de tecnología viven sus vecinos. Si por algo Songdo es la ciudad más inteligente, es por su simbiosis con la naturaleza. Más del 40% del terreno urbano está ocupado por parques y zonas verdes, y hay más de veinticinco kilómetros de carril bici y numerosos puntos de carga de coches eléctricos. Amplias calles y avenidas separan los edificios, que cuentan con los certificados más altos en sostenibilidad (LEED) y que la convierten en una ciudad diáfana diseñada, incluso, para poder ir caminando al trabajo.

Y, sí, en casa y en la calle todo está digitalizado, automatizado y conectado a la red. La ciudad cuenta con una omnipresente conexión Wi-Fi de alta velocidad que permite descargar archivos, ver vídeos en alta definición o hacer videoconferencias mientras vas en metro o caminas por la superficie, donde ordenadores y pantallas instalados por toda la ciudad avisan a los ciudadanos del estado del tráfico o los tiempos de espera del transporte público. Los dispositivos permiten un total control domótico de los hogares –que, por cierto, tienen un alto nivel de eficiencia energética y un sistema que impide, por ejemplo, la llegada de agua potable a los inodoros– y ni siquiera hay que bajar la basura para que la recoja el camión: unos tubos la absorben directamente de la cocina y la llevan, mediante un complejo entramado de conductos, hasta una planta de reciclaje subterránea.

Songdo manda un mensaje claro a las ciudades del mundo: lo smart será verde o no será.