Innovación

¿Estamos preparados para el ecodiseño?

¿Estamos preparados para el ecodiseño?

La innovación nace de nuestra necesidad de mejorar un objeto, una situación, una experiencia. A la hora de diseñar, hemos de cuestionar el statu quo y hacer una introspección de 360 grados para desarrollar proyecciones a futuro que nos ayuden a anticiparnos a lo que se está gestando.

Vivimos en una sociedad de consumo y partimos, por ello, de cierta utopía en el planteamiento de la sostenibilidad. Podemos diseñar packaging eco y reciclable, pero ¿abarcamos realmente el concepto de eficiencia, durabilidad o reciclaje dentro del ciclo de vida completo de los productos? Creamos espacios de trabajo flexibles y respetuosos con el medio ambiente, pero ¿nuestras oficinas responden realmente a las necesidades y al uso real que van a hacer las personas de estos espacios? ¿Educamos en un sistema consciente del impacto en un futuro?

Todas estas preguntas tienen un denominador común y es que, a menudo, no estamos preparados para el ecodiseño, porque nos falta una reflexión más profunda sobre el potencial del diseño sostenible.

Productos sostenibles

La sostenibilidad ha pasado de ser un objetivo aspiracional a convertirse en un valor que ocupa verdaderamente las agendas empresariales. El prefijo eco- ya no es un mero complemento de las estrategias de marketing para adornar los atributos de imagen y branding de una marca; ha logrado trascender los planes estratégicos del negocio. Nos preocupa a todos –como personas dentro de la sociedad y la cultura empresarial– vivir y trabajar de forma socialmente responsable. Más allá de aplaudir este hecho –siempre hay que celebrar que las empresas amplíen su ángulo de visión y miren afuera–, el verdadero reto consiste hoy en reflexionar sobre el impacto y el alcance del business ecodesign.

Hay muchas manifestaciones del ecodesign. Podemos hablar de los planes de responsabilidad social de las empresas; del diseño responsable de productos y servicios; de la ecoarquitectura y el diseño de interiores; de la redefinición sostenible de la industria, y de la propia educación. El atributo eco, entendido como sinónimo de diseñar conscientemente productos y servicios socialmente responsables y sostenibles, tiene una vasta aplicación en muchos sectores económicos e industrias, pero no siempre damos con la clave ni creamos con un objetivo realmente sostenible.

Debemos apostar por partir de una visión muy ligada a la metodología del design thinking. Su potencial es enorme y comprende desde el propio ecodiseño hasta el diseño para un propósito, unos comportamientos o unos sistemas. Este último, el system design, es el más complejo, porque abarca un diseño total que toma en cuenta el contexto, el sistema de creación de productos y servicios y las propias organizaciones susceptibles de aplicarlo.

Así, hay cinco consideraciones básicas inherentes al design thinking y al propio ecodesign: usuario, investigación, prototipo, evaluación y mejora. El diseño eco tiene que centrarse en personas más que en marcos técnicos u organizacionales, y basarse en un research previo que ayude a definir los verdaderos retos del proceso de diseño en cada ocasión. Hay que ampliar la visión contextual: expandir las preguntas más allá del marco habitual, analizando el sistema en el que estamos como organizaciones; solo de esta forma podremos plantear cuestiones que realmente cumplan objetivos en línea con lo que sucede dentro y fuera de nuestras empresas, servicios y productos.

A la hora de diseñar –cualquiera que sea el objeto del proceso de diseño–, hemos de cuestionar el statu quo y hacer una introspección profunda de 360 grados para hacer proyecciones a futuro que nos ayuden a anticiparnos a lo que se está gestando. Esta mirada compleja tiene que ser, además, evolucionar el diseño para que cumpla con los objetivos reales que perseguimos. Se trata de desarrollar la máxima empatía en los procesos de diseño, considerando que, más allá del green washing, apostamos por una visión justa y responsable del ecodiseño, sea cual sea su objeto. Merece la pena hacer una introspección justa para valorar nuestros modos presentes y futuros, más allá de las simples modas.