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Las Islas Svalbard: un observatorio del cambio climático

Las Islas Svalbard: un observatorio del cambio climático

Muchos de los asentamientos de este archipiélago noruego son estaciones científicas, entre ellas, el Banco Mundial de Semillas de Svalbard, construido para proteger los cultivos de todo el planeta.

El archipiélago de Svalbard es el lugar habitado más septentrional del planeta, a solo 1.500 kilómetros del Polo Norte. Con el 60% de su superficie ocupada por glaciares, es el hábitat natural de especies como el oso polar y un lugar idóneo para la investigación del cambio climático.

En 1920 se firmó el Tratado de Svalbard, un documento que reconocía la soberanía noruega de las islas y, al mismo tiempo, la potestad del resto de países para explotar los depósitos minerales de la zona. Así, se abría la posibilidad de crear un escenario en el que la economía y la política primaran durante años por encima de la ciencia. Mientras en 1959 el Tratado del mismo nombre designaba a la Antártida como un territorio para la investigación científica, el Ártico se convertía en escenario de la Guerra Fría. Hubo que esperar a los años 90 para que Svalbard se convirtiese en el santuario científico que es hoy.

A pesar de que los intereses económicos siempre sobrevuelan la zona, la Inspección Geológica de Estados Unidos estima que el 30% de las reservas de gas no descubiertas y el 13% de las de petróleo están en esta zona del mundo. En 1993, Noruega abrió en las islas el University Center of the Svalbard (UNIS), que ofrece formación académica sobre ciencia polar y, además, alberga investigaciones sobre áreas como biología, geología, geofísica y tecnología polar.

En 2009 se llevó a cabo el experimento ATP-2009, coordinado por el oceanógrafo español Carlos Duarte, como parte del proyecto Cambios Bruscos en el Ártico. Algunas de las conclusiones del estudio más relevantes para la lucha contra el cambio climático las explicó Duarte en un artículo en El País, donde afirmaba que «la mortalidad de los organismos más característicos de la comunidad del Ártico aumenta rápidamente con la temperatura» y que «el plancton del Ártico pasa de actuar como un fuerte sumidero de CO2 a una fuente de CO2 con el calentamiento». Otro ejemplo del triunfo de la ciencia es la base Ny-Ålesund, donde conviven equipos de China, Alemania, Reino Unido, Japón, Noruega, Corea del Sur y Estados Unidos.

Sin embargo, la joya de la corona de las islas Svalbard es el Banco Mundial de Semillas, también conocido como «la bóveda del mundo» o «Arca de Noé del Siglo XXI». Inaugurado en febrero de 2008 como parte de la iniciativa del Gobierno noruego,  Alianza para la Diversidad Global de los Cultivos, está construido dentro de una montaña helada y alberga 968.559 especies de plantas procedentes de 239 países diferentes. «Nuestro objetivo es conservar aquí una copia de seguridad de las semillas de todo el planeta», explicaba Ola Westengen, coordinador del proyecto, en un reportaje para El Mundo.

El Banco está preparado para soportar cualquier catástrofe gracias al permafrost (el suelo permanentemente helado), garantizando así la seguridad y viabilidad de las semillas. Su supervivencia permitiría que, en caso de que se cumpla el peor escenario respecto a la falta de alimento en el futuro, se pudiese abastecer de comida a aquellos lugares que hayan quedado incultivables por el cambio climático.