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Agricultura con agua de mar para regar las cosechas del futuro

Agricultura con agua de mar para regar las cosechas del futuro

Diversos proyectos científicos han conseguido cultivar con agua salada. Ante la escasez de los recursos hídricos para la agricultura, estas nuevas iniciativas apuntan a un futuro prometedor. La agricultura con agua de mar promete ser una solución.

De los 1.300 millones de kilómetros cúbicos de agua que cubren el planeta, el 97% son salados. Casi el 3% está en forma de hielo y nieve, y el agua dulce aprovechable por el ser humano es solo el 0,1% del total. Algunos expertos alertan de que las recientes sequías, como consecuencia del cambio climático, pueden menguar aún más ese porcentaje. Y de esta agua, el sector agrícola requiere, en todo el mundo, casi el 70%.

En los últimos años se han ido implantando nuevas tecnologías en los cultivos, como el riego por goteo, que impide el desaprovechamiento de miles de metros cúbicos, pero aun así podría no ser suficiente si se agudizan las sequías en el futuro. Por eso, muchas investigaciones apuntan a nuestra mayor fuente de agua: el mar. Las desalinizadoras se erigen como la solución inmediata, pero su complejidad, elevados costes, y el consumo de energía que suponen, impiden por el momento una rápida expansión de este sistema.

Por suerte, en diferentes partes del mundo, están brotando iniciativas que le dan la vuelta al planteamiento inicial: no cambiemos el agua del mar, sino la manera en que cultivamos con ella. Estos son algunos casos de éxito que dan pie al optimismo.

Arroz para todos gracias al agua del mar

Un equipo de científicos chinos ha logrado cosechar con éxito arroz en los desiertos de Dubái, tras desarrollar una cepa que permite que el cultivo crezca en agua salada. El proyecto está liderado por Yuan Longping, a quien consideran «el padre del arroz híbrido». La cosecha superó las expectativas de los científicos, ya que llegó a las casi ocho toneladas por hectárea y podría alimentar a 200 millones de personas al año.

Antes de ese proyecto, el arroz se había cultivado en un campo cercano a la ciudad costera de Qingdao, en el este de China, en la provincia de Shandong. Se plantaron 200 tipos de grano diferentes para investigar cuál crecería mejor en condiciones saladas. El agua del mar se bombeaba a los campos, se diluía y luego se canalizaba hacia los arrozales. En aquel caso los resultados fueron aún mejores: los científicos esperaban producir 4,5 toneladas de arroz por hectárea, pero duplicaron esta cantidad.

En China hay un millón de kilómetros cuadrados donde los cultivos no crecen debido a la alta salinidad. Los científicos esperan que el desarrollo del nuevo arroz permita que algunas de estas áreas se utilicen para la agricultura.

Sol y aguan de mar, el invernadero del futuro

Sol y agua de mar. Eso es todo lo que un nuevo invernadero necesita para producir 15.000 toneladas de tomates por año en el desierto del sur de Australia.

Es el primer sistema agrícola de este tipo en el mundo y no usa tierra, pesticidas, combustibles fósiles ni agua subterránea.

Un equipo internacional de científicos comandados por la empresa Sundrop Farm ha pasado los últimos años afinando el diseño, primero con un invernadero piloto construido en 2010, luego con una instalación a escala industrial que comenzó la construcción en 2014 y hoy ya es una realidad.

El agua de mar se canaliza a lo largo de 5,5 kilómetros desde el Golfo de Spencer hasta Sundrop Farm, una parcela de 20 hectáreas en la árida región de Port Augusta. Allí, una planta de desalinización que funciona con energía solar elimina la sal y crea el agua dulce necesaria para irrigar 180.000 plantas de tomate dentro del invernadero.

Las temperaturas abrasadoras del verano australiano y las condiciones secas hacen que la región no sea adecuada para la agricultura convencional, pero el invernadero está revestido con cartón empapado en agua de mar para mantener las plantas lo suficientemente frescas como para crecer de forma saludable. En invierno, la calefacción solar mantiene el invernadero caliente.

Los tomates producidos por el invernadero ya han comenzado a venderse en los supermercados australianos. Sundrop Farm ahora planea lanzar invernaderos sostenibles similares en Portugal y Estados Unidos, además de otro en Australia. Otras compañías también están probando invernaderos piloto de agua de mar en las áreas desérticas de países como Omán, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos.

Verduras frescas en medio del desierto

El desierto más árido del mundo ha sido capaz de producir verduras regadas con agua de mar sin desalar. Un equipo de ingenieras chilenas ha logrado cultivar acelgas y tomates cherry en la zona costera de Atacama. Las hortalizas no solo no se han muerto con el agua salada, sino que tienen más nutrientes que otras cultivadas por métodos tradicionales y buen sabor, según ha informado la Universidad Católica del Norte de Chile, promotora de la investigación.

La clave del experimento radica en que las plantas no reciben el agua por arriba, sino que les llega desde abajo por capilaridad. Las ingenieras agrónomas colocaron las hortalizas en tres niveles: unas con 40 centímetros de tierra debajo, otras con 80 y las últimas con 110 centímetros. El agua marina fluía por debajo. «El ascenso capilar es una propiedad de los líquidos. El agua comienza a ascender y las sales quedan retenidas en el sustrato» ha explicado recientemente la directora del proyecto, Natalia Gutiérrez Roa, en un comunicado de la Universidad.