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Fracking: no es oro (negro) todo lo que reluce

Fracking: no es oro (negro) todo lo que reluce

El auge de la fracturación hidráulica para la extracción de gas y petróleo, también conocido como fracking, ha llevado a EE.UU. de nuevo al liderazgo mundial. Varios expertos alertan, sin embargo, de una burbuja que puede explotar por la coyuntura y las perspectivas de futuro infladas.

A comienzos de este siglo, Estados Unidos dejó de ser el gran productor de petróleo que había sido tras el descubrimiento de nuevos yacimientos en Alaska décadas antes. De un cénit de más de 10 millones de barriles diarios a principios de los 2000, cayó a la mitad 10 años después.

La desaceleración de la producción estadounidense permitió que otros países le tomaran la delantera en el liderazgo mundial: Arabia Saudí, Irán, Irak, Venezuela, Qatar y Rusia. Pero la situación, supuestamente, está dando un giro inesperado. Según las previsiones de la Agencia Internacional de Energía (AIE), Estados Unidos está a punto de recuperar el liderazgo perdido. El repunte de estos últimos años no ha venido por el descubrimiento de más yacimientos, sino por la expansión de una técnica más eficaz para llegar a ellos: el fracking o fracturación hidráulica. Consiste en la perforación y construcción de un pozo de cemento a más de 2.500 metros de profundidad, a través del que se inyecta agua a presión mezclada con productos químicos hasta que supera la resistencia de la roca y la fractura, creando canales de retorno para obtener gas y petróleo del subsuelo.

El año clave para la expansión del fracking fue 2010. Entonces, muchos productores demostraron su viabilidad técnica, y eso generó cierto entusiasmo en el sector ante la posibilidad de acceder a bolsas ya descartadas sin la aparatosidad de las clásicas plataformas de perforación. Texas y Dakota del Norte se convirtieron en los principales escenarios de esta nueva carrera. La producción de Estados Unidos se catapultó de nuevo hasta casi 10 millones de barriles diarios.

La generalización de este método ha aumentado casi en un 50% las reservas probadas de gas en Estados Unidos y en un 11% las estimaciones de petróleo, y ha permitido al país dejar de depender de las importaciones. Hoy, Estados Unidos se ha aupado al segundo puesto mundial en producción de crudo. Los hidrocarburos no convencionales suponen ya una aportación de 430.000 millones de dólares al PIB y la creación de 2,7 millones de empleos, con salarios que duplican la media nacional. Allí, el precio del gas natural es tres veces más barato que el de la mayoría de los países industrializados.

¿Perspectivas infladas?

Algunos geólogos, sin embargo, opinan que la productividad de los pozos explotados mediante fracturación hidráulica está sobrevalorada.​ Una investigación llevada a cabo en junio de 2011 por The New York Times, con acceso a documentos internos y correos electrónicos, encontró que la rentabilidad de la extracción mediante esta técnica puede ser mucho menor de lo inicialmente previsto, debido a que las compañías del sector habrían «inflado intencionadamente los datos de productividad de sus pozos así como el tamaño de sus reservas».

A principios de diciembre del año pasado, el MIT publicó un estudio que también concluía que Estados Unidos exagera ampliamente las previsiones de extracción de petróleo y de la productividad del fracking, con el apoyo de la AIE. Esta organización presupone que las evoluciones regulares en esta técnica están aumentando la producción en los pozos nuevos en alrededor del 10%, pero otros análisis externos demostrarían que está más cerca del 6%. Eso, junto con los propios datos mensuales de producción de la AIE, que muestran que la producción petrolera estadounidense entre enero y noviembre de 2017 creció a un promedio mensual del 1,3% –un porcentaje bastante más modesto que en ejercicios anteriores–, lo que indica que podría estar generándose una burbuja sobre la base de datos imprecisos.

A finales de 2017, Reuters informó en uno de sus análisis de que los resultados financieros del segundo trimestre de ese año arrojaban unos costes muy por encima de los precios subastados. La agencia concluyó que los productores de petróleo obtenido a través del fracking todavía tienen que demostrar que pueden ganar beneficios de forma consistente.

Según la consultora de la industria petrolera Wood Mackenzie, eso no ocurrirá hasta que el WTI (valor estándar para el precio del petróleo bruto) se negocie rutinariamente a 63 dólares por barril, lo cual, afirma, «es poco probable que suceda hasta 2020».

Por otro lado, está la presión creciente de los inversores institucionales para que se imponga la moderación y se evite un auge excesivo del petróleo que llevaría a pinchar la burbuja. Esto ha obligado a las compañías líderes de la industria a prometer una mayor moderación en el despliegue de capital y la perforación para reducir la deuda y generar rendimientos para sus accionistas. Si cumplen con sus promesas, se reduciría la probabilidad del repunte sustancial en la producción de petróleo de Estados Unidos a través del fracking que anunciaba la AIE.

Hay otro factor al que apuntan algunos analistas para probar la ralentización de esta práctica extractiva en Estados Unidos: en esta era de descarbonización, con las crecientes restricciones a la industria basada en combustibles fósiles, su demanda empezará a menguar. A esto se añaden sus costes, hoy por hoy todavía crecientes a pesar del avance tecnológico, y una escasez de mano de obra en el sector.  Este escenario provocaría que la perforación a través del fracking resulte cada vez menos atractiva para los inversores.