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Luchemos contra la sequia

Luchemos contra la sequia

El cambio climático, la intensificación de las sequías y el aumento exponencial de la población han agitado la preocupación sobre el abastecimiento de agua. No es algo nuevo. Ya en el siglo XIII, el legislador tenía en cuenta su necesidad y relevancia como bien vital, como demuestran los registros históricos, y, en la época de Al-Andalus, se formó incluso, en la región de Valencia, un tribunal para la resolución de conflictos sobre el aprovechamiento de los recursos hídricos por los agricultores.

El mayor error de definir el agua como bien escaso radica en verla como algo perecedero. «No es cierto que cada vez haya menos», aclara Eva Hernández, responsable del Área de Aguas y Agricultura de WWF España, «pero sí es verdad que cada vez está peor distribuida y, sobre todo, está más contaminada. Y la demanda es mayor. Es lo mismo que sucede con otros recursos naturales. Hemos basado el desarrollo económico en el crecimiento y en el uso cada vez más intensivo de los recursos naturales, y no estamos siendo capaces de buscar una alternativa real que no consista en seguir creciendo, sino en utilizar mejor lo que ya tenemos». La especialista advierte: «Si seguimos por esta senda, llegaremos a una situación insostenible. Y no hace falta esperar al futuro, porque ya lo estamos viendo. Tenemos en España una planificación del agua que viene de los años de abundancia. Y deberíamos ser mucho más precavidos, sobre todo con la incertidumbre que añade el cambio climático. Debemos tener un mayor margen de error, por lo que pueda venir, y aumentar los niveles de precaución».

La superficie terrestre es agua en un 71%. Solo el 2,5% es dulce, esto es, utilizable para el cultivo, y menos del 1% es potable, una situación que, según alertan desde Fundación Aquae, «se agudiza cada vez más por la contaminación de los ríos». Aunque son cifras que, sobre el papel, parecen insuficientes, muchos expertos aseguran que pueden ser sostenibles, y que hay agua de sobra para todos. Pero hay que apoyarse en los grandes avances tecnológicos, por un lado, y en la educación, por otro, para afrontar los retos inmediatos. La población mundial superará los 9.000 millones de personas en 2050, lo que trasladará mucha presión a los recursos hídricos, ya que las necesidades aumentarán alrededor del 30%, en la misma línea que las necesidades de alimentos y de energía, según estudios de Naciones Unidas.

La clave es pasar de una economía lineal a una circular basada en la reutilización, pero con matices, porque corremos el riesgo de caer en la famosa paradoja del economista y filósofo inglés William Stanley Jevons: si se hace un uso más eficiente, pero, al mismo tiempo, más intenso, hay un efecto rebote, ya que se pierde resiliencia y capacidad de adaptación a situaciones de crisis. Dicho en llano: se usa hasta la última gota y ya no hay margen de maniobra. «Hay que calcular lo que necesitan los sistemas naturales para mantenerse vivos», explica Hernández: «Porque los ríos y los humedales son mucho más que meras tuberías de agua, cumplen otras funciones esenciales para la sociedad, como el control de inundaciones, del clima…, y la producción de alimentos pesqueros». La experta de WWF España pone un ejemplo: «La reutilización es buena, siempre y cuando la dediquemos a usos anteriores, como la cisterna del retrete o la ducha, porque así reduces la extracción de un embalse. Pero, si entendemos la reutilización como un nuevo aporte de agua, es un riesgo. El Tajo tiene agua en Toledo porque la sueltan las depuradoras de Madrid. Si se reutilizase esa agua para regadío, el Tajo estaría seco. El 80% de lo que se extrae de un embalse vuelve a los ríos, y se consume en las ciudades el 20% restante. Si vas a usar ese 80% en otros usos como la agricultura, el riego tiene un retorno mucho menor. De modo que esa agua no vuelve al río. Si tenemos en cuenta que en España hay muchos caudales ecológicos con una media anual muy baja, esta situación sería crítica». Hernández concluye: «Nos preocupa la estrategia de economía circular que ha propuesto el Gobierno, porque el 50% del presupuesto va a la reutilización de aguas residuales. Pero no vemos planes específicos para que eso suponga en realidad un menor consumo, en lugar de un aporte extra de agua que solo nos llevaría a secar aún más los recursos que ya tenemos. Hace falta una estrategia más concreta en este sentido».

El calentamiento global cambia los ciclos pluviales y deteriora los recursos hídricos. El agua es un bien renovable y no tiene por qué ser escaso, si hacemos un uso eficiente.

Con todo, a nivel doméstico, la reutilización es una medida posible, que ya podría aplicarse de forma masiva, porque existe la tecnología y los costes de su implantación no dejan de disminuir. Supondría un alivio para los embalses, si tenemos en cuenta que los núcleos urbanos consumen más de la décima parte del total del agua disponible. «El reto es lograr que estos sistemas sean accesibles a todos. Y, para eso, hay que darlos a conocer, que se extiendan y reduzcan sus costes», opina Pablo Urbano, socio y cofundador de la empresa social Auara. Comercializan agua mineral y el dinero que obtienen lo emplean en proyectos de infraestructuras en países del tercer mundo para abastecimiento humano y agrícola. «La escasez del agua es un hecho que nadie discute y es hora de que empecemos a tomarla en serio para que siga siendo un recurso sostenible. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU son un buen paso en esta dirección, pero ahora es necesario que pasen del plano global al local, incluso al familiar. Y eso requiere una mentalización que pasa por la educación».

Más de la mitad del riego en España es eficiente y por goteo.

Precisamente, lo que se proyecte a las generaciones futuras será crucial para garantizar el agua como bien fundamental. «No hay que descuidar la educación ambiental», opina José Luis Gallego, ambientalista, escritor y cofundador de SOS Sequía: «Por eso, en casa, debemos darles ejemplo, con las medidas de ahorro y las de reutilización. El reaprovechamiento del agua de lluvia, por ejemplo, mediante la captación desviando los bajantes a depósitos de pluviales, un sistema muy interesante en jardines, parterres o huertos urbanos. Y también mediante la recuperación de aguas grises para llenar las cisternas, por ejemplo». Según Eva Hernández, consejos como lavarse los dientes o enjabonarse con el grifo cerrado son convenientes, pero no suficientes: «Hay que ir más allá. Por ejemplo, saber elegir qué productos consumimos. Qué prendas de algodón consumen cantidades ingentes de agua y cuyo origen y fabricación suponen la contaminación de ríos. Y otro aspecto que vemos lejano, pero es casi más importante, es el de la dieta. No es sostenible que esté basada en la carne. El consumo de agua para la producción de un kilo de garbanzos es mucho menos que para un kilo de ternera. O de lácteos y huevos. No se trata de que nos volvamos todos veganos, pero sí de moderar el consumo de alimentos animales».

En lo que respecta a la gestión de los recursos hídricos en nuestro país, José Luis Gallego ve pasos en la buena dirección: «Ya se está haciendo uso de aguas regeneradas de depuradora. Las que salen de las estaciones que tienen un sistema terciario dejan, en el agua, unos niveles de calidad mejores que los que toman las depuradoras de los ríos. Dicho de otra manera: devuelven agua a la naturaleza, después de su uso, con mejor calidad ambiental que la recogida». Y explica el proceso: «Una potabilizadora recoge el agua que está en la zona alta del río, cruda, y la trata y envía a la red para que nosotros la podamos beber. Nosotros la depuramos y la volvemos a usar, y después se bombea a las cuencas fluviales. Es un proceso que ya existe en muchos lugares de España y que demuestra que vamos por el buen camino, hacia una economía circular con sentido».

LA IMPORTANCIA DEL SECTOR AGRÍCOLA

Solo el 2,5% del agua es dulce, y menos del 1% es potable.

El cultivo es uno de nuestros principales motores económicos, y supone más del 70% de consumo del agua dulce de la que disponemos. Es, por tanto, uno de los sectores que merecen mayor atención para garantizar nuestros recursos hídricos, más ante retos como el cambio climático o el aumento poblacional. «En la agricultura es donde se tienen que hacer los esfuerzos más relevantes», opina Gallego: «Y hay que reconocer que está avanzando hacia nuevos modelos de sostenibilidad, que se basan en el uso eficiente del agua de riego. Ya existen métodos y modelos, como algunos que se están importando de California, para sacarle a un litro de agua una producción de alimentos cuatro veces mayor que hasta ahora». Y pone algunos ejemplos: «Se aplican en el Guadiana con la producción del tomate. En la comarca de Cartagena, se usa agua reutilizada procedente de depuradora. En Murcia y Extremadura, se están dando lecciones al mundo sobre cómo regar y obtener tres veces más alimentos con la mitad de agua. Y eso es la agricultura sostenible. Expertos de la Universidad de Berkeley están viniendo a estas regiones para enseñar a sus regantes a exprimir al máximo cada gota de riego. Tenemos tecnología y educación ambiental suficiente como para revertir la situación del agua. El futuro del agua de riego está ahí, porque, en el año 2050, seremos muchos más en el mundo y eso implicará incrementar la producción de alimentos».

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) ha advertido recientemente de que, si no se toman medidas, los suelos agrícolas estarán sometidos a demasiada presión y eso podrá incluso bajar su productividad. «Y la solución no puede ser reconvertir terrenos naturales en campos de cultivo. Eso puede ser un desastre en muchos ecosistemas. La clave es la reutilización y, sobre todo, la eficiencia», insiste Gallego.

En esa misma línea, opina José Carlos Caballero, responsable de Agua en la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (ASAJA): «Los paneles climáticos, de momento, no anuncian que se vayan a reducir las precipitaciones en nuestro país. Lo que está provocando el calentamiento global es que periodos de sequía se alternen con periodos de lluvias torrenciales. La intensificación de las tormentas de verano o los granizos no son buenos para los campos de cultivo. Por eso, no es exacto hablar de sequía: este año, hemos pasado de una preocupación muy grande por la falta de lluvia persistente a si la crecida del Ebro arrastra cabezas de ganado o anega grandes extensiones». Ante esta situación, Caballero da su punto de vista: «Hay que tomar medidas. El sector agrario lo lleva haciendo mucho tiempo. Hubo un Plan de Regadíos en el 2000, y ese fue el inicio. Hoy, podemos decir que, en menos de 15 años, se ha llegado a que el sistema de riego por goteo sea ya más del 50% de la superficie agrícola en nuestro país. Antes era el sistema de riego por gravedad o por inundación, el agua que discurre por las parcelas, que se nivela mediante surcos o mediante eras, y supone mucho más derroche. En el cultivo del arroz, es el único en el que hoy se sigue justificando, porque es absolutamente necesario, pero, en otros productos no».

En 2050, se requerirá un 30% más de agua por el aumento de población.

Los avances están documentados: según cifras de ASAJA, en los años sesenta, la dotación media de riego para una hectárea en España era de unos 9.000 metros cúbicos, y hoy estamos en la mitad. «Y todo esto es posible gracias a la tecnología», explica Caballero: «Hoy, una hectárea de riego produce seis veces más que una hectárea de secano. Esto arropa la necesidad de fomentar en la mayor medida posible el riego sostenible y eficiente, así como de invertir en avances en este sentido». Y aquí entran en juego los poderes públicos: «El agua no es un recurso ilimitado, pero tampoco escaso, porque es un recurso renovable. Pero, para que lo sea, hay que planificar inversiones en infraestructuras. Desde que entramos en la Unión Europea, hemos mejorado muchísimo en carreteras, en red viaria, en aeropuertos y puertos, pero ha llegado el momento de las infraestructuras del agua». Caballero pone tres ejemplos: «La conexión entre cuencas, dentro de las propias cuencas y la desalación.

Muchas veces, son las propias Administraciones regionales las que dilatan estas medidas, por intereses propios». Y zanja: «El agua es incolora, inodora e insípida. La política en recursos hídricos debería ser como la primera cualidad: transparente».