Economía circular

Arquitectura slow: construir para el bienestar personal y medioambiental

Arquitectura slow: construir para el bienestar personal y medioambiental

7 de la mañana. Suena el despertador. Corriendo a la ducha. ¿Desayuno? No tengo tiempo, lo haré en la oficina. 8.30: un par de reuniones, se acumulan mis emails sin leer y crece la lista de tareas. ¡Me falta tiempo! Como en media hora pegada al teléfono y vuelta al ordenador. Termino antes de las 19.00, gimnasio y a casa a toda prisa para cenar, porque quiero hacer un par de cosas antes de acostarme.

Vivimos acelerados. En las sociedades urbanas del siglo XXI, todo sucede a una velocidad vertiginosa sin apenas darnos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor. Y cuando llegamos a casa, es difícil relajarse. En primer lugar porque seguimos conectados a nuestros aparatos electrónicos –siempre más pendientes de lo que ocurre fuera y lejos de nuestro entorno que de lo que nos rodea–. Pero, además, porque nuestros hogares están diseñados de manera que poco nos invitan a desconectar, descansar y recuperarnos.

En este contexto surge la arquitectura slow, un movimiento que pretende decelerar la marcha de nuestros ritmos de vida, creando espacios diáfanos, en armonía con el entorno, agradables y atractivos, y donde todo se aprovecha al máximo: los materiales de construcción, el consumo energético, nuestro propio tiempo personal.

¿Cómo se logran edificaciones que proporcionen paz y tranquilidad, reduzcan su impacto en el entorno y sean energéticamente eficientes? La clave radica en estructuras con aberturas para captar la luz del sol y tener una ventilación natural, muros bien aislados que eviten las pérdidas energéticas, aislamientos naturales libres de compuestos tóxicos y materiales que mantengan un ambiente interior a la temperatura y humedad adecuadas.

La arquitectura y diseño slow dan prioridad a lo local frente a lo global, a lo artesanal frente a lo industrial y utilizan materiales ecológicos, reciclados, reciclables y sostenibles, desarrollando espacios íntimamente relacionados con el entorno, integrados y adaptados a un terreno concreto, y aprovechando al máximo los recursos naturales. Además, su filosofía implica poner a las personas en primer lugar. Porque uno de los objetivos, además de construir inmuebles respetuosos con el medio ambiente, es desarrollar espacios que favorezcan el bienestar.

Uno de los mejores ejemplos son las Termas de Vals, en Suiza, del arquitecto Peter Zumthor. Construidas sobre las fuentes termales de Graubunden, la idea era trabajar con el entorno natural y crear un espacio de sosiego. Así, la piedra se convierte en la inspiración para el diseño y priman los elementos naturales, implementándolos de manera consciente en la construcción. ¿El resultado? Unas termas que están debajo de una estructura cubierta verde semienterrada en el cerro, levantada capa sobre capa con piedras de la misma cantera y que proporciona un enorme bienestar, no solo físico, sino también mental y emocional.

Pero, ¿es posible llegar a desarrollar ciudades enteras basadas en la arquitectura slow? El complejo Hillside Terrace, del arquitecto Fumihiko Maki, cerca de Tokio, muestra que es posible. Se trata de un barrio en el distrito de Daikanyama, en la región montañosa de Musashino, formado por un conjunto de edificios bajos, conectados por espacios públicos, pasadizos y mucha vegetación. «Los espacios públicos urbanos no existen solo para masificaciones. Pueden ser también espacios diseñados para proporcionar soledad, paz y tranquilidad», afirma Maki. De hecho, «cómo se diseñan las calles y demás espacios públicos urbanos dedicados a peatones pueden ser un índice muy efectivo para determinar la calidad de urbanidad de una ciudad».