Innovación

Drones contra el cambio climático

Drones contra el cambio climático

Los drones, esas aeronaves teledirigidas que cada vez son más comunes sobre nuestras cabezas, tienen mucha aceptación por sus numerosas utilidades profesionales y recreativas. Ahora, según un estudio publicado por Marine Scotland (la agencia para asuntos marinos del Gobierno escocés), también pueden ser una herramienta muy eficaz en la lucha contra el cambio climático.

La investigación se llevó a cabo en colaboración con la Universidad de Birmingham, motivada por la preocupación ante las consecuencias devastadoras del aumento de las temperaturas en los ríos, que pone en peligro a las poblaciones de algunas especies de peces, donde la pesca es el medio de vida de muchas personas.

Las imágenes aéreas tomadas por los drones ayudarían a los expertos a identificar con precisión las ubicaciones idóneas para plantar árboles que creen un ambiente fresco y, por ende, mantengan en niveles bajos la temperatura del agua de los ríos. La plantación de vegetación controlada es una práctica puesta en marcha hace tiempo puesto que, según los biólogos de Marine Scotland, los peces como el salmón y la trucha marrón son intolerantes a las altas temperaturas, lo que podría llevar a su extinción en la zona.

El verano pasado, un dron equipado con una cámara de alta resolución sobrevoló el río Dee en Aberdeenshire, al noreste de Escocia, para tomar imágenes aéreas, que se usaron después en la creación de un mapa en tres dimensiones de la altura de los árboles a lo largo de sus riberas. El experimento concluyó que los drones «ofrecen un método de estudio de bajo coste que permite analizar extensiones remotas de ríos tanto en Escocia como en el resto del Reino Unido». Las imágenes recopiladas se convierten, así, en una fuente de información primordial para desarrollar plantaciones controladas en lugares donde los árboles aportan «la mayor efectividad en la reducción de los efectos del cambio climático», según los portavoces de Marine Scotland.

Existen otros estudios que apoyan esta tesis, como el del exingeniero de la NASA Lauren Fletcher. Calcula que, con la ayuda de estas pequeñas aeronaves no tripuladas, algunas de las cuales pueden volar de forma autónoma, sería «relativamente fácil» plantar mil millones de árboles cada año, y combatir los problemas relacionados con la deforestación, como el aumento de los niveles de CO2 en la atmósfera que los árboles absorben de forma natural, el incremento de las temperaturas medias o la creciente desertización.

La empresa estadounidense Lockheed Martin Aerospace está desarrollando el proyecto SeedBomb, que básicamente consiste en emplear la tecnología de bombas de racimo para esparcir semillas pregerminadas en zonas yermas o desertizadas. Al emplear drones, en vez de bombarderos tripulados al uso, se podrían realizar jornadas mucho más intensivas y, por tanto, eficaces. Un gran ejemplo de que el ser humano tiene capacidad de destruir, pero también de crear.