Economía circular

¿Cómo se pueden reciclar las aguas residuales?

¿Cómo se pueden reciclar las aguas residuales?

El reciclaje de aguas residuales se perfila como un medio clave para aliviar la presión sobre los recursos hídricos del planeta y mejorar el saneamiento e higiene de las poblaciones más desfavorecidas.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), al menos 2.000 millones de personas en todo el mundo se abastecen de una fuente de agua potable que está contaminada por heces. Además, en los países de bajos ingresos, el 38% de los centros sanitarios carecen de fuentes de agua y el 19% de saneamiento mejorado.

Invertir en infraestructura que permita el depurado y reciclaje de aguas residuales es una de las claves para mejorar la higiene y erradicar las enfermedades diarreicas, que suponen uno de los principales motivos de muerte, sobre todo entre los niños. De hecho, la OMS estima que el agua insalubre y la falta de saneamiento e higiene causan unas 842.000 muertes al año.

Además de evitar la muerte de miles de personas y mejorar la calidad de vida de otras tantas, las aguas residuales son especialmente eficaces para el riego. Mediante su adecuado tratamiento puede asegurarse el suministro de agua dulce, según pone de manifiesto la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). ¿El motivo? Su tratamiento elimina todas las bacterias, pero mantiene los sulfatos y los nitratos, sustancias que se utilizan como abono.

Las aguas residuales o negras son aquellas que proceden del desagüe de la cocina o del váter. Su tratamiento y reutilización en la agricultura pueden beneficiar a los agricultores permitiéndoles conservar las reservas de agua potable (para beber, cocinar, fregar o ducharse), mejorar la integridad del suelo, evitar el desagüe de las aguas superficiales y fortalecer la economía. Además, una buena planificación de las aguas residuales y de los sistemas de tratamiento, permite alcanzar elevados niveles de control sanitario y evitar los problemas que generan sus descargas en grandes cantidades en ríos y mares, causando importantes problemas de contaminación.

Pero, ¿cómo se pasa de las aguas negras a otras que puedan ser usadas? En primer lugar, hay que filtrar el agua para eliminar los residuos sólidos o de mayor volumen que haya en ella. Una vez que se ha eliminado toda la basura de distintos tamaños, el agua pasa por unas tuberías hacia las cámaras de depuración y va a unos tanques de sedimentación, para que los residuos se asienten en el fondo. Después de eliminados, se lleva a cabo una serie de procedimientos biológicos que depuran el agua, promoviendo la desintegración de todo material contaminante que exista. Tras ser depurada, se traslada a unas cámaras donde se eliminan los últimos residuos que todavía puedan quedar en el agua y luego a otros tanques donde se realiza un tratamiento químico para dejarla en perfecto estado para futuros usos.

A nivel global, el gasto anual de capital en infraestructuras de agua y de aguas residuales ronda los $100.000 millones y los $104.000 millones, respectivamente. Pero todavía es necesario invertir más, ya que se trata de un recurso poco explotado clave para alcanzar uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos.