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Emprendedoras que quieren salvar el planeta

Emprendedoras que quieren salvar el planeta

Las mujeres tienen escasa representación en los cuadros directivos, ganan menos, trabajan más, su recorrido profesional es menor… pero hay un área del negocio mundial en el que sobresalen. Mientras que los objetivos económicos motivan a los empresarios, la finalidad social es la gran estimulación para ellas, dos veces más propensas a situarse en lo más alto de los rankings del emprendimiento social, en empresas preocupadas por la sostenibilidad del mundo que reformulan el concepto de beneficio. Estos cuatro ejemplos patrios dan buena muestra.

La de Beatriz Fadón es una firma que apuesta por la agroecología. Comenzó a cultivar y vender sus propios productos hasta que se propuso cambiar la escala de su compromiso. Y creó la Red Calea, una entidad que ayuda a los agricultores a pasarse a la producción ecológica. Ya ha convencido a casi cuatrocientos, al tiempo que estimula la agrupación de campesinos para que vendan sin intermediarios, a través de internet. ¿El propósito? Contribuir a un desarrollo sostenible, desde una perspectiva local y bajo los criterios del ecologismo social. Pasó de facturar 25.000 euros anuales a más de 132.000 en tres años, consiguiendo la conversión de más de cinco toneladas de frutas y hortalizas en ecológicas.

Que lo feo puede ser bello, al menos desde el punto de vista ético, es lo que llevó a Mireia Barba a crear Im-perfect, una empresa que lucha contra el despilfarro alimentario –recordemos que España es el sexto país europeo que tira más comida, casi ocho toneladas anuales–. Con la participación de colectivos en riesgo de exclusión, recoge aquellas frutas y verduras que bien por feas, bien por imperfectas, son desechadas para su comercialización. El noventa por ciento de esa cosecha la destinan a entidades o comedores sociales, y con el diez por ciento restante elaboran productos para la venta (mermelada, salsa, conservantes vegetales, cremas…). Ya han recuperado más de cuatrocientas toneladas de alimentos que les han proporcionado las calorías suficientes para impulsar leyes y campañas contra el despilfarro, así como para crear un laboratorio que busque soluciones al derroche.

¿Un papel autoadhesivo que no dañe ni deje rastro en las superficies para cuya fabricación no se requiera la tala de un solo árbol? Existe. Se llama Withoutrees, hecho con los residuos generados por las industrias de la piedra y mármol (del que España es el segundo productor mundial). Cien por cien reciclable, asequible mediante impresoras domésticas y libre de químicos. Este negocio, ideado por Esther Escolano, desarrolla un material para cartelería más ecológico y de mayor calidad, con resistencia a las manchas y fácil de instalar. Participa en Climate-KIC, una de las grandes iniciativas europeas para mitigar el cambio climático.

Un último ejemplo. Dalla Corte, Carolina Pavan, Mónica Miernau, Eva Espinet y Olga Moya. Estas cinco mujeres impulsaron Dona café, una firma que ayuda a mujeres desfavorecidas a que se labren su futuro en el sector cafetero.

Apenas un puñado de nombres para ilustrar de qué modo ellas están ya cambiando el mundo. Como dijo Eleanor Roosevelt, «el futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños».