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José Antonio Corraliza: «Hace falta una revolución eco-cultural para darnos cuenta de que no somos los dueños de la naturaleza»

José Antonio Corraliza: «Hace falta una revolución eco-cultural para darnos cuenta de que no somos los dueños de la naturaleza»

José Antonio Corraliza es Doctor en Psicología y profesor titular de Psicología Social y de Psicología Ambiental en la Universidad Autónoma de Madrid. Ha escrito el libro ‘La experiencia del ambiente’ (Madrid, Tecnos, 1987), y ha coeditado ‘Comportamiento y Medio Ambiente’ (Madrid, 1988) y ‘El comportamiento en el medio natural y construido’ (Mérida, 1994), entre otros. En el año 2000 formó parte del TAC (Technical Adviser Committee) del Programa de Buenas Prácticas de Naciones Unidas, y en la actualidad lleva a cabo diversas investigaciones en percepción de paisaje, calidad ambiental percibida, aspectos psicosociales de la gestión de espacios naturales protegidos y creencias y actitudes ambientales.

Para la gente poco familiarizada con el término ¿en qué consiste la psicología ambiental?

Es un tipo de investigación cuyo ámbito son las relaciones entre las personas y el entorno físico, que puede ser el entorno urbano o el natural. Hay muchísimos aspectos del entorno que determinan la manera de ser de las personas. De hecho, en psicología decimos que si quieres que te expliquemos el comportamiento de una persona, debemos acudir al lugar en el que se encuentra. Otro de los ejes de esta rama trata sobre las personas y la crisis ecológica. Los problemas ambientales han adquirido tal envergadura, intensidad y extensión que, hoy día, no encontramos soluciones técnicas para abordarlos. Muchos de ellos se pueden reducir si cambiamos el comportamiento urbano. Por ejemplo, en lo que respecta al cambio climático, sabemos que tenemos que cambiar el estilo de vida de las personas, sus pautas de consumo, su sistema de tratamiento de los residuos… Para minimizar los efectos que esto tiene sobre el planeta y, en concreto, sobre el clima.

«Muchos problemas ambientales se pueden reducir si cambiamos el comportamiento urbano»

El Ecobarómetro de 2017 sitúa la conservación medioambiental como la tercera preocupación de los españoles. Sin embargo, datos del Eurostat de febrero de 2018 evidencian que la tasa de reciclaje en España se sitúa en el 29%, muy por debajo de la media de la UE, del 45%. ¿Por qué esa dicotomía entre concienciación y acción real?

Lo que vemos es la diferencia entre las actitudes ambientales y los comportamientos ambientales. Las actitudes tienen que cambiar pero, no necesariamente estas determinan el comportamiento: no todo se puede resolver con concienciación solamente. El comportamiento de una persona se da en función de sus ideas y de sus intenciones, pero también es contingente a la situación en la que se produce. Por tanto, depende de la concienciación y de la situación. Si nos fijamos en la evolución de la tasa de reciclaje, sí vemos que hay un progreso, y se debe a que reciclar en España se ha vuelto más fácil. A la hora de reciclar hay dos variables: el sentimiento de obligación moral que tiene una persona, que depende de la concienciación; y el efecto de la situación. Hemos hecho trabajos en los que se muestra el poderosísimo efecto que tiene la situación en el desarrollo de comportamientos ambientales.

¿El respeto, la solidaridad, la conciencia medioambiental, deben ser nuevas materias al uso o, por el contrario sería mejor introducir esos valores dentro de las asignaturas ya existentes, como una base sobre la que se sustenta el resto?

Entiendo que haya gente que considera necesario que se extienda la preocupación por la crisis ecológica y por los problemas ambientales. Yo, por supuesto, lo comparto y creo que hay que divulgar lo que está pasando con el cambio climático, pero opino que la cosa no se resuelve con asignaturas: se resuelve con el esfuerzo de todas las instituciones públicas y privadas por cambiar partes esenciales de nuestro comportamiento. No puede ser que nuestro estilo de vida se base en el derroche ni en el consumo inconsciente. Hace tiempo, leí un artículo que se titulaba ‘Mi abuela tenía razón’ que hablaba de que antiguamente era muy fácil –estaba en el ADN cultural– reciclar porque no se derrochaba ni se tiraban las cosas. Cuando vemos los datos de España, lo que hace falta es una revolución eco-cultural para darnos cuenta de que no somos los dueños de la naturaleza, sino que somos sus usuarios y tenemos la responsabilidad de dejar todos los recursos que usamos a las nuevas generaciones porque de ello depende la supervivencia.

¿Eres optimista respecto a las nuevas generaciones?

Sí. Creo que los niños tienen más conciencia porque está invirtiéndose el proceso que vivieron las generaciones más adultas, que proceden de la modernización y del aumento de las tasas consumo. Es decir, ahora estamos viviendo bajo la idea del autocontrol. Esta prudencia y templanza en el uso de los recursos naturales es muy importante y me gustaría pensar que las nuevas generaciones van a ser más receptivas de lo que lo han sido las anteriores.

«Es muy importante que los escolares recuperen la memoria perdida del contacto con la naturaleza»

Existen modelos alternativos de educación más enfocados a los valores ambientales, como las ecoescuelas. Sin embargo, el número de ese tipo de centros son minoritarios en comparación con «los tradicionales», ¿qué medidas se deben adoptar para fomentarlos?

Son proyectos muy interesantes, pero hay que evitar la tendencia dogmática de pensar que en una ecoescuela, granja escuela o bosque escuela está la solución a los problemas ambientales. Pero todo suma y, aunque sea minoritario, va creando un modelo de referencia comportamental. Lo que necesitamos es promover la responsabilidad ecológica y la educación ambiental a través de descubrir los valores positivos que tiene estar en contacto con la naturaleza, del valor del disfrute de un entorno sano, de minimizar los impactos negativos que nuestro estilo de vida tiene en los recursos y en el territorio.

El proyecto Naturaliza de Ecoembes aboga por educar al profesorado. ¿En qué materias debe centrarse esa educación?

Se trata de abrir el debate sobre el proceso de naturalización de la escuela. Es muy importante que los escolares recuperen la memoria perdida del contacto con la naturaleza. Naturaliza busca eso combinando esfuerzos dirigidos a los profesores, a los estudiantes y a promover experiencias de formación intra y extraescolares. Es una oportunidad muy interesante para suscitar cambios sustanciales que generalicen cada vez más la orientación pro ambiental.