Economía circular

El reciclaje, en un instante

El reciclaje, en un instante

El concurso de fotografía Upcycling, promovido por Ecoembes, EFTI y Ecoalf, cumple cinco años. Los participantes deben reflejar en sus instantáneas temas como el cuidado del medio ambiente o la economía circular.

El gran fotógrafo Cartier Bresson dijo una vez que «quien toma una instantánea no puede ser un espectador pasivo, no puede ser realmente lúcido si no está implicado en el acontecimiento». Esta frase resume muy bien lo que significa, y busca, el concurso de fotografía Upcycling, que organizan mano a mano Ecoembes, la escuela EFTI y Ecoalf, la marca de moda sostenible.

«El reciclaje se puede comunicar de muchas maneras», explica Nieves Rey, directora de Comunicación de Ecoembes y miembro del jurado del concurso: «La fotografía es una de las más potentes, la que deja mayor calado». Siguiendo a Bresson al pie de la letra, esta iniciativa busca que los participantes se impliquen con lo que retratan: el reciclaje, el cuidado del medio ambiente y la economía circular son las temáticas principales de Upcycling.

A lo largo de sus cinco ediciones, este concurso, que concede un premio en metálico y otro de formación, ha adquirido mucho prestigio. Desde el día que se juntaron el director de EFTI, José Luis Amores, el fundador de Ecoalf, Javier Goyeneche, y la propia Nieves Rey para concebir Upcycling, tuvieron claro que, ante todo, debía ser un certamen de fotografía. Y eso implica calidad, cuidado por la luz, el encuadre y la composición. No vale cualquier foto, por mucho que muestre. «Me encanta la fotografía y se me ocurrió que juntar a dos pesos pesados como Ecoembes y EFTI en un concurso era una manera inmejorable de promover el reciclaje, que es el pilar de una marca como Ecoalf», dice Goyeneche.

Amores explica el procedimiento: «Recibimos más de 2.000 instantáneas, pero solo nos quedamos con unas 600, eso da una idea de lo exigente que es la iniciativa». Algo que confirma la composición del jurado. Además de sus tres fundadores, este año estaba formado por Pedro Armestre, fotógrafo medioambiental y social galardonado, entre otros, con el Ortega y Gasset de Periodismo; Manu Brabo, ganador de un Pulitzer, que ha retratado infinidad de países en conflicto, como Siria, Haití o Kosovo, y Andoni Canela, uno de los fotógrafos de naturaleza más reputados de nuestro país.

Cada año, reciben más de 2.000 trabajos, en los que se valoran la técnica y el mensaje.

La calidad de los decisores ha sido una constante en todas las ediciones: en las pasadas, participaron fotógrafos de la talla de Oukalele, Chema Madoz o Cristina García Rodero, integrante de la prestigiosa agencia Magnum.

«Estamos en 20 concursos y este, junto al de la Alianza Francesa, es el más importante para EFTI», dice Amores: «Es muy camaleónico, porque el reciclaje no es un tema sencillo. No vas a sacar un contenedor o una botella de agua a estas alturas, y las ideas se van agotando después de cinco años. La parte más documental, de reportero, de foto callejera, se ha ido diluyendo un poco para dar paso a una fotografía mucho más conceptual. Para no repetir ideas, la gente crea la suya propia, fraguándola, montándola y preparándola. La técnica ha ido mejorando, a la par que la capacidad para contar cosas. Está siendo muy gratificante».

«El día de la deliberación es uno de mis favoritos. Escuchar a fotógrafos de su talla es un auténtico lujo», dice Nieves Rey, y explica: «Chema Madoz, por ejemplo, se fija más en la parte conceptual, artística; y Pedro Armestre lo contrarresta con su enfoque fotoperiodístico. Yo, por mi parte, tiro más hacia los trabajos que sean más concienciadores, que sensibilicen más ante el reciclaje y la economía circular»

«Ese momento es pura dinamita», añade Amores, «imagínate, con jurados tan diversos, con visiones tan diferentes… Cada uno ve una cosa distinta en la misma fotografía». El director de EFTI asegura, no obstante, que todos coinciden en lo mismo: «El reciclaje, el tratamiento de residuos, al contrario de cómo ha sido hasta ahora, puede tener una vertiente estética, positiva. Todos estamos en lo mismo, cada vez más implicados, y eso es algo bonito que se puede reflejar en una fotografía».

Eso es justo lo que valoraron en el trabajo de la ganadora de este año, Gisela Aguilar: una planta asoma de una lata colocada sobre tierra, en la que se han grabado una serie de surcos circulares. «Es un bodegón, lo hice en casa, y finalmente opté por usar luz natural», explica esta fotógrafa tardía de 45 años: antes trabajaba como arquitecta técnica y era jefa de obra, pero, hace un lustro, una cámara se cruzó en su camino y decidió convertirla en su medio de vida. Acaba de terminar el ciclo superior de la Escuela de Arte de Algeciras y ha realizado un curso de fotografía infantil y familiar en EFTI, que a su vez es parte del galardón.

«La composición es muy bonita, y no es fácil fotografiar una idea en cuadrado, que es el formato elegido para esta imagen, porque todos tenemos una visión bastante panorámica», dice Amores sobre la foto ganadora: «La luz es muy sugerente, envuelve muy bien toda la obra, y la idea de meter esa planta en una lata sobre tierra… Es una foto muy directa y sencilla, sin ningún recargamiento, pero muy impactante al mismo tiempo. Nada más verla, te capta».

Aguilar ya tenía conciencia por el medio ambiente antes de toparse con el concurso: «El ser humano es tóxico, de eso somos conscientes», opina, «pero no vamos a renunciar a la Revolución Industrial a estas alturas. Quizá no haga falta. No hay que luchar contra el plástico, sino reciclarlo y volver a materiales menos tóxicos. Toda la serie que hice fue en torno a eso. El vidrio, las latas… Incluso la naranja, porque hay proyectos que reciclan la cáscara. Otra de las fotos que envié era una cáscara de naranja transformada en vela». Y comenta: «Mi idea era, en todo momento, reflejar la manera de cerrar el círculo. Eso es el reciclaje, en definitiva».

La gran novedad de esta edición ha sido la inclusión de una categoría infantil. «Nos pareció necesario, porque, hoy en día, con los móviles, los niños son pequeños fotógrafos, tienen más acceso que nunca a este mundo», explica Rey. La ganadora, Amaya Soler, a sus siete años, captó unos bidones recolectores de agua de lluvia, en una instantánea sorprendentemente colorista. «Estaba realmente emocionada cuando vino a recoger su premio de manos de Oukalele», recuerda Amores, «y cuando le enviamos a su casa el cartel luminoso que habíamos hecho con su foto para la exposición, casi ni podía dormir de la emoción, como nos dijeron sus padres. Es una forma maravillosa de estimular el talento fotográfico desde la infancia».

concurso fotografía upcyclin

Una de las características de Upcycling es su bidireccionalidad: acerca el medio ambiente a la fotografía, pero también los artistas implicados, desde los miembros del jurado hasta los participantes, se comprometen con su entorno y con el reciclaje. «Son fotógrafos de primer nivel de los que aprendes un montón», explica Rey: «Estaban a muerte con este proyecto. Pedro Maestre y Andoni Canela están muy ligados a la naturaleza por su trabajo, pero Manu Brabo, por ejemplo, me contó lo mal resuelta que está la gestión de los residuos en Siria y otros países en conflicto, y es un problema que realmente le preocupa. Oukalele acaba de llegar de África, de realizar un reportaje sobre el Coltán. Y Chema Madoz siempre ha pretendido que en las fotos seleccionadas haya un mensaje de sostenibilidad por encima de lo artístico. Todos, en definitiva, han estado implicados siempre con Upcycling, y pienso que es lo normal: son gente muy ligada a la cultura y la gente culta suele ser la más comprometida con su entorno».

Cartier Bresson tiene otra frase célebre: «Fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje». A la vista de los trabajos que selecciona Upcycling, no cabe duda de que se toman muy en serio las palabras del maestro.