Innovación

Tecnología contra el waste food

Tecnología contra el waste food

Cada año se desperdician en todo el mundo alrededor de 1.300 toneladas de alimentos para cuyo cultivo se han generado 3.300 millones de toneladas equivalentes a CO2 de gases efecto invernadero, empleado 250 kilómetros cúbicos de agua y utilizado mil cuatrocientas hectáreas de tierra. Son datos de la FAO sobre el impacto que produce el despilfarro alimentario, el famoso waste food.

Se sabe que el derroche afecta a todos los procesos y eslabones de la cadena, aunque su intensidad varía en función de la región: en los países en vías de desarrollo, se da sobre todo en las primeras etapas, en la producción y la distribución (baste un dato: en China, se pierde en torno a un 45 por ciento de la producción de arroz, mientras que en Vietnam, país menos próspero, ese porcentaje se sitúa en el 80%), mientras que en las zonas más industrializadas se advierte en el último actor que interviene, el consumidor (bien por los efectos del retail o venta al detalle, bien por los hábitos irresponsables de los consumidores).

La tecnología puede disminuir de manera significativa ese dispendio, en cualquiera de las fases. Por ejemplo, aplicada a la agricultura, puede optimizar casi al máximo los cultivos con el uso, entre otros instrumentos, de los drones, capaces de escanear al milímetro los campos de cultivo, detectando aquellas zonas que por su composición mineral son menos favorables para la siembra, qué partes de la tierra cultivada requieren más o menos agua o mayor o menor cantidad de fertilizantes (midiendo el vigor de cada una de las plantas y, por tanto, la necesidad individualizada de abono requerido).

La teledetección agrícola, con la instalación de cámaras espectrales e infrarrojos, resulta un método infalible en los viñedos para saber el momento exacto del envero (ese color rojizo o dorado que toman cuando empiezan a madurar) y evitar así que la recogida de la uva sea prematura o tardía.

Del mismo modo, la tecnología Trimble, que permite la recolección y el tratamiento abundante de datos, puede guiar a los tractores en las labores de la siembra para que la tierra tenga un mayor rendimiento, aprovechando al máximo el espacio disponible. Es lo que se llama agricultura de precisión, que permite a los agricultores aplicar la cantidad correcta de insumos en el momento y el lugar exactos gracias al empleo de sistemas de posicionamiento global (GPS), agroguía, tratamientos de big data, vehículos aéreos no tripulados (drones) o cámaras especializadas.

En 2050 habrá dos mil millones más de habitantes en el planeta. Han de comer, y para ello es indispensable poder contar con la agricultura, pero ha de ser una agricultura inteligente que responda a los desafíos medioambientales, en especial de la progresiva pero veloz pérdida de superficie cultivable. Solo en España, el Banco Mundial calcula que se ha pasado de 0,53 hectáreas por persona en 1961 a 0,27 en 2015. La tecnología permitirá supervisar el estado de las cosechas a tiempo real para tomar decisiones eficientes que permitan, al fin, degustar una alimentación sin desperdicios.