Innovación

Resiliencia urbana: así serán las ciudades del futuro

Resiliencia urbana: así serán las ciudades del futuro

En 2050 el 70% de la población será urbana. Urge crear ciudades capaces de resistir a los efectos del cambio climático y de garantizar la seguridad de sus habitantes en caso de catástrofes.

Con la celebración del Día Mundial de las Ciudades el pasado 31 de octubre como telón de fondo, se pone de manifiesto la urgencia de poner en práctica aquellas medidas que garanticen el cumplimiento del ODS 11 para la Agenda 2030: ciudades y comunidades inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles. Por primera vez en la historia de la humanidad, viven más personas en áreas urbanas que en zonas rurales. En 2050, el porcentaje de personas que habitan en ciudades alcanzará el 70%, y el 60% de esos asentamientos aún no se han construido, de acuerdo con las conclusiones de ONU-Hábitat. Si se tiene en cuenta que, según datos del Banco Mundial, el 90% de la expansión urbana se produce en países en vías de desarrollo y que el 88% de la población mundial vive en el hemisferio norte, donde el incremento de las temperaturas está produciéndose de manera notable, la construcción de unas ciudades capaces de resistir a los efectos del cambio climático y de garantizar la seguridad de sus habitantes es una necesidad apremiante.

Bajo estas premisas, emerge el concepto de «ciudad resiliente». La RAE define a la resiliencia como «la capacidad que tiene una persona o un grupo de recuperarse frente a la adversidad para seguir proyectando el futuro». Si se aplica esta característica a una urbe, es fácil vislumbrar los beneficios que esta tendría para sus habitantes. Por ello, durante la celebración del pasado «mes urbano», la ONU se centró en fomentar la construcción de este tipo de ciudades. «Construir ciudades sostenibles y resilientes es una llamada a la acción para que todos nosotros reconsideremos cómo las ciudades pueden convertirse en mejores lugares para proteger y mejorar las vidas de las personas, sin dejar a nadie atrás», explicaba ONU-Hábitat durante el Día Mundial de las Ciudades.

Para Naciones Unidas, una ciudad resiliente es aquella que «evalúa, planifica y actúa para prepararse y responder a peligros naturales y creados por el hombre, repentinos y de inicio lento, esperados e inesperados, a fin de proteger y mejorar la vida de las personas, asegurar los beneficios del desarrollo, fomentar un entorno de inversión e impulsar un cambio positivo». Este ambicioso -pero posible y necesario- escenario se concreta en tres características fundamentales que toda ciudad debe cumplir para considerarse resiliente.

En primer lugar, tiene que tratarse de una ciudad persistente, entendida esta como una ciudad que se anticipa a los posibles impactos y, por tanto, puede mantener y restablecer los servicios básicos durante y después del fenómeno que haya producido el perjuicio. En segundo lugar, una ciudad no es resiliente si no sabe adaptarse. Es decir, debe considerar no solo los riesgos previsibles, sino también aceptar la incertidumbre actual y futura aportando respuestas dinámicas que transformen el cambio en oportunidad. Por último, una ciudad resiliente debe ser inclusiva, de manera que fomente la cohesión social y potencie la participación integral y significativa en todos los procesos de gobernanza con el fin de desarrollar la ansiada resiliencia.

Si no se invierte en ciudades resilientes, los desastres supondrán 314.000 millones al año.

Se estima que, en 2030, si no hay una inversión significativa destinada a las ciudades resilientes, los desastres supondrán un coste mundial de 314.000 millones de dólares al año y que las consecuencias del cambio climático pueden empujar a 77 millones de residentes urbanos a la pobreza. «Estas tendencias no cambiarán a menos que comencemos a trabajar juntos por construir resiliencia para ciudades más sostenibles», concluye Naciones Unidas.