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Agenda 2030 para el desarrollo sostenible
Una responsabilidad de todos

Agenda 2030 para el desarrollo sostenible <br> Una responsabilidad de todos

Albert Camus decía que las generaciones nacen convencidas de que tienen que convertir el mundo en un mundo mejor. Hoy, la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible , del acceso a los servicios básicos y a un desarrollo urbano compatible con la preservación de recursos y el bienestar social. Es la agenda de la energía limpia y eficiente, de la conservación del capital natural, de la descarbonización y de la lucha contra el cambio climático. Nuestro futuro colectivo está en juego.

Frente a la introspección del Gobierno de Donald Trump, la Unión Europea debe defender y liderar el reforzamiento de las estructuras multilaterales. Hoy, Europa exige un nuevo liderazgo que responda a los nuevos desafíos y que deberá asumir los principios y valores que en su día dieron los padres fundadores. Lamentablemente, la Europa de los últimos años no ha tenido capacidad de
reacción ni de liderazgo y, sin embargo, el modelo europeo tiene capacidad para dar una respuesta justa y adecuada a los desafíos de la globalización internacional llena de populismos y rechazos, y, para ello, es fundamental responder con una Europa unida.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS, en adelante), adoptados por las Naciones Unidas en septiembre de 2015, constituyen el necesario marco global para resucitar el multilateralismo eficaz que todos necesitamos. Esto explica el gran éxito de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, un plan de acción universal cuyos pilares más importantes son los ODS, el Acuerdo de París y un nuevo enfoque sobre la financiación del desarrollo.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) que se marcó la comunidad internacional en el año 2000 fueron un intento loable, altruista, solidario y generoso, pero, cuando se acercaba el plazo de 2015, los Estados miembros de las Naciones Unidas comprendieron que no iban a cumplirse. Es cierto que se redujeron las cifras globales de pobreza y de hambre y se mejoró la educación, pero todavía hoy existen 900 millones de personas hambrientas en el mundo. Podemos por tanto afirmar que los ODM no tuvieron éxito y, por ello, cuando llega 2015, se pretende dar un salto cualitativo que ofrezca un nuevo marco que nos obligue a todos a responsabilizarnos de otra manera, involucrando a Gobiernos, sociedad civil y todo tipo de instituciones, tanto de países desfavorecidos como de países ricos. Por ello, hablamos de una responsabilidad global compartida.

Agenda 2030 para el desarrollo sostenible es una cuestión global

La Agenda 2030 y los ODS presentan una doble dimensión. Por un lado, cada país, cada institución, ha de encontrar el modo en que alcanza las metas que nos marcamos colectivamente, sabiendo que todos tenemos un largo recorrido por delante. Por otro, los ODS representan la globalización en positivo. Son el instrumento esencial para establecer una globalización de la solidaridad. Es la agenda inclusiva que responde a la pregunta de cómo lograr bienestar para todos dentro de los límites del planeta, entendiendo la enorme interdependencia que tenemos los unos con los otros.

La foto fija de 2017 que ofrece el índice de los ODS SDG Index & Dashboards, un informe global elaborado anualmente por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) y la Fundación Bertelsmann, muestra hasta qué punto estamos alejados de unas metas que nos hemos comprometido a alcanzar en poco más de diez años. Es interesante señalar que este
informe muestra claramente los desafíos que compartimos los países ricos, donde las mayores dificultades se presentan en la lucha contra el cambio climático (ODS 13), en la conservación
de los ecosistemas (ODS 14 y 15) y en las modalidades de consumo y producción sostenibles (ODS 12). Ni siquiera los países escandinavos, con las mejores puntuaciones en el ranking,
logran aprobar todos los objetivos, demostrando que todos los países somos países en desarrollo sostenible.

La Agenda 2030 para el desarrollo sostenible integra el compromiso con nuestro futuro y con el de las nuevas generaciones, y nos llevará a interpelar los problemas de hoy de forma diferente. No es una agenda Norte-Sur, no es una agenda sobre la brecha de la riqueza en el mundo. Es una agenda universal con objetivos interdependientes. Además, es una agenda que plantea una responsabilidad compartida hacia tres grandes direcciones: las Administraciones, incluyendo las instituciones internacionales, regionales y locales, las universidades y el sistema educativo y, por último, el sector privado y el mundo empresarial. El éxito de la COP21, en la que se aprobó el Acuerdo de París, fue una revolución en materia de multilateralismo internacional. La Agenda 2030 requiere de trabajo en equipo.

La agenda tampoco podrá avanzar sin la suficiente financiación y sin impulso político a todos los niveles: internacional, europeo y estatal. Y, por supuesto, una nueva gobernanza mundial no puede dejar fuera al sector privado, pero este no debe única y exclusivamente exigir un marco regulatorio en el que hacer sus negocios y luego desentenderse. También tiene que contribuir financieramente para poder alcanzar esos objetivos.

En España, se ha comenzado a trabajar de manera satisfactoria desde todos los sectores. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer. Según el Índice de los ODS, nuestro país se coloca en el puesto 25 de 147 países, pero no aprueba en ninguno de los objetivos. Entre los ODS con peores resultados, se encuentran varios relacionados con la conservación del medio ambiente, entre ellos los dedicados al mar y la biodiversidad, o a las emisiones de gases de efecto invernadero. Probablemente, sean los Gobiernos locales los que han respondido más rápido y, por ello, van
a marcar las agendas políticas a nivel internacional.

Es urgente y necesario que gobernantes y ciudadanos comprendan que el futuro y el presente es la sostenibilidad. No podemos mirar futuras actuaciones si no entendemos que tenemos que preservar nuestro medio ambiente, cuidar nuestros recursos naturales y prevenir las catástrofes derivadas del cambio climático. Es perverso enfrentar crecimiento económico y sostenibilidad y, por ello, el papel de los Gobiernos locales, regionales y nacionales es fundamental para consolidar y garantizar un modelo de desarrollo sostenible inclusivo. No podemos llegar al 2030 y fallar
en nuestros propósitos.