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Un campamento de refugiados donde vivir con dignidad

Un campamento de refugiados donde vivir con dignidad

El proyecto Blueprint 200 propone un asentamiento para los desplazados donde exista la justicia social, sus habitantes tengan viviendas saludables y su impacto con el medio ambiente sea mínimo.

«Los campamentos de refugiados son una expresión paroxista de lo perjudicial que es nuestra relación con el planeta y entre las personas. Queremos crear un modelo para campamentos sostenibles que no solo se autorregeneren, sino que también sean más inclusivos cultural y socialmente más».

Así es como introducen su proyecto la ONG Tamera y Blueprint Alliance, una organización que promueve la educación basada en criterios sostenibles: un campamento de refugiados en el que las personas se sientan como tales, y cuyo impacto ecológico ser mínimo.

Su cocina, por ejemplo, funciona con energía solar y biogás, igual que otras dependencias, como los cuartos de baño. Se trata, en realidad, de una estación piloto, donde poder investigar soluciones para otros campos de refugiados y, sin que suponga un coste elevado, lograr que sean sostenibles, seguros e inclusivos.

El campamento modelo, llamado Blueprint 200, aún está en desarrollo, y se levanta cerca de Colos, en el sur de Portugal. Tendrá cabida para unas 200 personas, y se prevé que esté completado a finales de este año.

Según los diseñadores, se tratará de un espacio habitable y completamente funcional, compuesto por compartimentos modulares o viviendas escalables en tamaño, materiales y usos que se pueden adaptar fácilmente a diferentes culturas y climas de todo el mundo.

El campamento servirá de base de experimentación con nuevas tecnologías para la gestión sostenible del agua, así como formas más ecológicas de cocinar, eliminar residuos y generar electricidad. Y su diseño estará enfocado a fomentar la interacción social entre los habitantes, pero al mismo tiempo que les permitirá ser tan autónomos y autosuficientes como sea posible.

Para el desarrollo de Blueprint 200, sus responsables se han basado en la información obtenida durante sus visitas a campamentos en todo el mundo, en las que han tenido conversaciones detalladas con refugiados y personas desplazadas. «Hemos investigado muchos escenarios diferentes de campamentos al planear este modelo, considerando tanto los c temporales como los asentamientos de refugiados más permanentes. Y hemos encontrado enormes diferencias de calidad y condiciones», explican sus responsables.

Si bien cada campamento tiene una historia diferente según las circunstancias locales, con demasiada frecuencia no se satisfacen las necesidades humanas básicas. Muchos asentamientos carecen de infraestructura básica, porque se han establecido rápidamente o porque todos esperaban que la situación fuera temporal. Pero otros, como el de Argelia, tienen más de 40 años, y allí ha vivido una generación entera. Están anticuados, y resultan tremendamente impactantes con el medio ambiente.

Muchos asentamientos carecen de infraestructura básica, porque se han establecido rápidamente o porque se esperaba que fuera temporal

A eso se añade, según han declarado los responsables de Blue Print Alliance, el caos que generan interacciones entre los habitantes, a menudo política y socialmente complejas. Eso alienta a las jerarquías sociales a desarrollarse, lo que significa que los servicios que deberían estar disponibles para todos pueden ser secuestrados para obtener ganancias financieras. Por eso, un principio clave de Blueprint 200 es asegurarse de que quienes habitan en el campamento y quienes los apoyan tengan un interés en mantener un entorno seguro y ecológicamente sano para vivir, enfocado en el bien común.

No es la primera vez que se aplican conceptos de diseño social a los asentamientos de refugiados. Un ejemplo reciente es el de Anicet Adjahossou, un planificador urbano de Benin, que trabajó con ACNUR para cambiar radicalmente el diseño de los espacios de vida de los refugiados del campamento Dollo Ado en Etiopía. Adjahossou se dio cuenta de que la estructura de la red de viviendas del campamento significaba que no había espacios comunitarios en funcionamiento, lo que inhibía la interacción social. Estableció una nueva área del campamento donde las casas estaban dispuestas en forma de U, permitiendo a las familias vivir en comunidades que se parecían más a sus aldeas.

En cualquier caso, estos proyectos son necesarios y urgentes. A día de hoy, existen más refugiados que nunca: 25,4 millones, según la ONU, y la mayoría, viviendo en entornos infrahumanos. Esperemos que la comunidad internacional tome nota del proyecto Blueprint 200, y que sea exportado lo antes posible.