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Así se defiende la Tierra frente a la acción humana

Así se defiende la Tierra frente a la acción humana

Durante miles de años, la naturaleza ha compensado el exceso de gases de efecto invernadero por su autorregulación. Pero la frenética actividad industrial del ser humano ha sobrepasado su capacidad.

El año pasado, la Organización Meteorológica Mundial anunció que, por primera vez en la historia de la humanidad, hemos rebasado las 400 partes por millón de concentración de dióxido de carbono en la atmósfera. La comunidad científica alerta de que estamos cerca de un punto de no retorno en la lucha contra el cambio climático. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), en los últimos 200 años (desde el inicio de la Revolución Industrial) las plantas han absorbido un 30% más de este gas de efecto invernadero que en siglos anteriores, pero no ha sido suficiente para contrarrestar su acumulación atmosférica.

En los últimos 200 años, las plantas han absorbido un 30% más de CO2 que en siglos anteriores. Y no ha sido suficiente.

La naturaleza tiene sus propios métodos para sobrevivir y evolucionar. La última vez que el planeta tenía semejante concentración de dióxido de carbono fue hace dos millones y medio de años, en un panorama muy diferente: las temperaturas globales eran en torno a tres grados más elevadas, en el Ártico no había hielo, los patrones climáticos no tenían nada que ver con los actuales, el nivel del mar era unos 30 metros más elevado… Y los seres humanos no vivían en el planeta.

Con el surgimiento de amplias zonas de vegetación, la naturaleza y su capacidad de autorregulación fueron mitigando los gases de efecto invernadero. Durante su proceso de fotosíntesis, el CO2 que acumulan las plantas es inferior al que despiden. Pero este equilibrio se ha roto por la actividad humana, concretamente, desde el inicio de su actividad industrial. Y se ve agudizado por la continua deforestación de selvas y bosques.

La Unión Europea advirtió hace poco de la necesidad de conservar y replantar árboles, que suponen, hoy, la eliminación anual del 11% de los gases de efecto invernadero. Sin embargo, es tal el nivel de contaminación al que hemos llegado, que investigadores del PIK (Potsdam Institute for Climate Impact Research) advierten de que esas medidas ya no son, ni de lejos, suficientes. E incluso pueden ser contraproducentes. El problema, señalan, es que si ahora se plantaran los árboles que son necesarios para compensar el excedente de dióxido de carbono, desaparecerían la mayoría de ecosistemas naturales.

Hasta ahora, las plantaciones de biomasa se habían visto por los ecologistas y la comunidad científica como un método eficaz y seguro contra el excedente de emisiones de CO2. Pero, según estos investigadores, aun si cumplimos con los objetivos del Acuerdo de París de aquí a 2050, sería necesaria tal cantidad de extensión de esas plantaciones «humanas» que acabaría con un tercio de los bosques naturales, además de perjudicar gravemente a la comunidad agrícola.

La Tierra ha hecho lo que ha podido, pero hemos sobrepasado su capacidad. La solución no pasa por recrear los métodos de la naturaleza. En un comunicado, Lena Boysen, del PIK, alertó: «Hay que cambiar radicalmente nuestra manera de producir. Si seguimos quemando carbón y petróleo de la manera que lo hacemos hoy y lamentamos nuestra inacción más tarde, las cantidades de gases de efecto invernadero que tendríamos que sacar de la atmósfera para estabilizar el clima serían demasiado grandes para manejarlas».