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Kiribati será el primer país víctima del cambio climático

Kiribati será el primer país víctima del cambio climático

Kiribati se hunde. No es metáfora. Ni hipérbole. Es una de las secuelas más terroríficas del cambio climático: la desaparición de territorio tragado por el océano.

Situada entre Hawai y Australia, Kiribati está formada por 33 atolones coralinos (entre ellos, Kiritimati, el más grande del mundo) y la isla volcánica de Banaba, ocupando un área de más de tres millones de kilómetros cuadrados. Pero Kiribati se hunde. El nivel del mar en el océano Pacífico, el mayor de la Tierra –ocupa su tercera parte– aumenta unas cuatro veces más rápido que el promedio, lo que ocasiona no sólo una inasumible contaminación de las aguas subterráneas, que a su vez corrompe las tierras de cultivo, el engullimiento de islotes y la destrucción de los arrecifes de coral, sino la radicalización de fenómenos atmosféricos como huracanes o tormentas tropicales ante los que la población está indefensa.

Kiribati se hunde. Se sitúa apenas tres metros por encima del nivel del mar. En 2030, si no antes, no habrá capas de agua dulce, y sin agua, ya se sabe, no hay vida posible. Los largos periodos de sequía que asolan la nación ya comprometen su subsistencia. Más del 60% de la población actual de Kiribati, en su mayoría jóvenes menores de treinta años, será la última generación de ese territorio. Ya han desaparecido dos de sus islas, Tebua y Abanuea.

El anterior presidente de esta República de poco más de cien mil habitantes, Anote Tong, dedicó buena parte de su mandato a viajar para sensibilizar al resto del mundo. Kiribati no es responsable de emisiones, ni ha contribuido en modo alguno al cambio climático. Y exige que el resto de países presten su ayuda.

Tomó medidas, como contemplar la posibilidad de construir una plataforma gigante –al modo de las petrolíferas– e instalar allí a la población u obras para ganar terreno al océano. Pero la inversión es inasumible. Edificar un dique en las islas más pobladas, las Gilbert, costaría más del doble del Producto Interior Bruto del país, el segundo más bajo del mundo según datos del Banco Mundial. Tong ha comprado alrededor de seis mil hectáreas de terreno en Fiyi, pero no es suficiente.

En 2016, el nuevo mandatario, Taneti Mamau, abandonó la política exterior de su predecesor, potenciando el turismo y la pesca para obtener mayores réditos que permitan seguir comprando terrero para un futuro que es ya.

Cien personas pueden ser asumidas por metrópolis como Tokio o Los Ángeles, aunque supondría la pérdida de una cultura de más de dos mil años. China y Australia, los vecinos más poderosos de los kiribatías, miran para otro lado. Como el resto de la comunidad internacional.

Kiribati se hunde. Ya lo advirtió el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU en 1989: Kiribati sería la primera víctima geográfica tragada por las aguas. Como la Atlántida. Salvo que Kiribati no pertenece al territorio del mito, y sus habitantes no tienen dones suprahumanos. Son, como tantos otros, refugiados climáticos.