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El deshielo en la Antártida es inminente, no le queda tiempo. Entrevista Ana payo

El deshielo en la Antártida es inminente, no le queda tiempo. Entrevista Ana payo

Hace un año, Ana Payo regresaba de su periplo en la Antártida con el proyecto Homeward Bound, que reunió en una expedición a 70 mujeres de todo el mundo para estudiar los estremecedores efectos del calentamiento global. Entrevistamos a esta oceanógrafa zamorana.

Se cumple casi un año de tu regreso de aquella expedición a la Antártida, en la que 70 científicas de todo el mundo os embarcasteis para comprobar los efectos del calentamiento global. ¿Qué te encontraste?

Para poder hacer observaciones sobre los efectos del cambio climático hace falta tener un punto de referencia. Nosotras –que fuimos en calidad de científicas, pero no realizamos ningún muestreo– no tuvimos una observación directa, pero sí vimos y escuchamos a los que llevan tiempo trabajando allí. Los marineros, los capitanes del barco y la gente de la expedición te decían: «El glaciar está aquí, pero hace 10 años, cuando yo llegué, tenía 20 metros más» o «Toda esa montaña que ves ahí al fondo antes estaba cubierta de hielo». Esto muestra una de las confusiones más habituales que existen actualmente sobre el cambio climático. Cuando Donald Trump exclama: «¡Cómo va a haber cambio climático si estamos teniendo una de las mayores olas frío de los últimos 7 años!», se está refiriendo al tiempo, que se refiere a un momento concreto. En clima, por el contrario, está en una escala temporal mucho más larga, y se tiene que analizar con referencias.

Los científicos del Royal Netherlands Meteorological Institute alertan de que el derretimiento de la Antártida podría darse más rápido de lo que se pensaba hasta ahora, y la comunidad científica ha rebajado a 1,5 grados el aumento de temperatura máximo permisible este siglo para no llegar a un punto de no retorno. ¿Qué riesgos implicaría superar ese límite?

El límite es en realidad un punto de inflexión. Queramos o no, vamos a tener que enfrentarnos a los efectos del cambio climático, no porque vaya a llegar cuando alcancemos el 1,5, sino porque ya está aquí. Se ha demostrado que debido al cambio climático aumentarán los eventos extremos en magnitud y en frecuencia, y habrá alteraciones en la estacionalidad. Esto ya está sucediendo y los costes son visibles. En algunos lugares de Estados Unidos, las bonificaciones a pagar por el seguro de la casa dependen del riesgo que corra la zona por desastres climatológicos. Ahora esto parece una cosa extraordinaria, pero acabará por extenderse. El 1,5 es el límite: a partir de ahí los efectos sí que serán extremadamente devastadores y el coste económico, humano y ecológico será muy grande. Esa es la cifra que no podemos rebasar. Aunque eso signifique que tengamos que decrecer y tener una calidad de vida diferente.

Pero la sostenibilidad en ningún caso es incompatible con el progreso y el bienestar. De hecho, este depende en gran medida del respeto el medio ambiente y de la reducción urgente del uso de recursos naturales.

Proteger el medioambiente no significa tener que vivir peor

La protección del medioambiente no significa que tengamos que vivir peor, sino que tenemos que redistribuir los recursos. Aún tenemos hambre en el mundo y eso no quiere decir que no tengamos comida para todos, sino que el uso que hacemos de la comida es inadecuado. En este debate tiene que entrar el concepto de justicia social. Es decir, tenemos que entender nuestros hábitos de consumo desde una perspectiva social. Las empresas no solo tienen que generar riqueza económica para unos pocos a través de recursos conseguidos a costa del bienestar de los demás. Tienen que tender hacia un desarrollo social.

¿Qué opinas de que la propuesta de crear un Santuario del Océano Antártico haya quedado en agua de borrajas? La Comisión del Océano Antártico (CCAMLR) alega una falta de acuerdo, aunque solo tres países de 25 –China, Noruega y Rusia– votaron en contra. Esta iba a ser el área protegida más grande de la Tierra, con una superficie de 1,8 millones de kilómetros cuadrados.

El tratado del Antártico es un modelo de gobernanza internacional único, porque requiere que muchas potencias mundiales se pongan de acuerdo y trabajen juntas para gestionar –no necesariamente proteger– ese territorio. La Antártida está aún por explotar gracias a ese acuerdo y la creación de un Santuario del Océano Antártico tiene muchos intereses económicos detrás. Proteger esta área y todas las aguas que hay detrás implica que la explotación de los recursos que vienen asociados, ya sean minerales, pesqueros o geológicos, estará regulada de acuerdo unas normas dictadas por esa gobernanza internacional. Por eso son acuerdos muy difíciles y requieren mucho tiempo. Pero eso no quiere decir que no se vaya a conseguir. En las cumbres previas al Acuerdo de París, este parecía imposible. Siete años después se consiguió. Es un proceso que requiere tiempo. Sin embargo, es un tiempo que la Antártida no tiene.

Uno de cada seis peces del Mediterráneo tiene plásticos en su estómago. En el océano Pacífico, son nueve de cada diez. Cada año, unos 100.000 animales acuáticos sufren muertes dolorosas por la presencia de residuos en el mar. La última «isla de plástico» localizada en el Pacífico tenía la extensión de España y Francia juntas.

Estamos desconectados de esta realidad porque no podemos verla. El mar ha sido siempre el gran castigado. Sucedía igual con la pesca: se sacaban peces del mar y el mar siempre iba a proveer. Hasta que empezó a dejar de hacerlo. Está bien mirar al mar y preocuparse, pero tendríamos que mirarnos el ombligo y preguntarnos qué cosas estamos haciendo mal y qué hábitos de consumo debemos adoptar. ¿Puedo dejar de usar pajitas? Los ciudadanos también jugamos un papel muy importante para forzar cambios en la legislación. Es importante que la legislación exija a las empresas, que son las que mueven el mercado y marcan los patrones de consumo, producir sin impactar negativamente sobre el medio ambiente.

Apenas un 11% de las investigadoras alcanzan cargos de responsabilidad en el mundo de la ciencia. Una auténtica pérdida de talento… pero también de dinero.

La falta de diversidad en la ciencia provoca una visión sesgada

Más que de mujeres y ciencia, tenemos que hablar de diversidad y ciencia. Hay una serie de colectivos, como el LGTBI+ o las personas racializadas, que han estado también invisibilizadas. Con cualquiera de estas minorías el estado invierte mucho dinero, por ejemplo, en promover becas de formación para mujeres y, aunque el porcentaje de mujeres científicas es muy alto, estas no llegan a los puestos superiores de liderazgo y responsabilidad. Hay una gran pérdida de talento. Esta realidad es flagrante, porque estas minorías se encuentran con un sistema que es hostil, que las expulsa. Eso provoca que exista una ciencia que responde a preguntas desde un punto de vista sesgado, que no representa a toda la diversidad de población. Con la brecha de género en altos niveles, no solo estamos perdiendo capital, también toda una visión de la ciencia.

Como dices, el número de hombres y mujeres matriculados en carreras científicas es similar. ¿Dónde se produce la brecha?

Se suele justificar la brecha con el argumento de que hay que esperar a que todas esas mujeres que acaban de entrar en el mundo de la ciencia accedan a puestos de liderazgo. Esto es una falacia. Ese número de mujeres que hay en puestos basales ha estado siempre. Pasaba hace 20 años en biología y en física. Aun así, las mujeres aún no han llegado a puestos de liderazgo. El coste de la maternidad y la falta de conciliación familiar es uno de los problemas, pero no el único. Además de la invisibilización, existen una serie de dinámicas dentro del sistema que endurecen el techo de cristal.

¿Qué papel tienen las escuelas, las universidades, las empresas y los poderes públicos para impulsar a las científicas a liderar la lucha contra el cambio climático?

Muchas veces la gente alega que hay mujeres que no son tan capaces como los hombres que optan al mismo puesto. Por supuesto que sí hay suficiente número de mujeres capaces para ocupar esas plazas. Irene Curie, hija de Marie Curie, decía que alcanzaremos la igualdad cuando haya tantas mujeres mediocres en puestos de liderazgo como hombres mediocres hay ahora mismo.