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Piensa con los pulmones

Piensa con los pulmones

La advertencia no es nueva: la contaminación ambiental se ha convertido en un grave problema de salud pública. Tanto es así que la Organización Mundial para la Salud (OMS) la ha incluido a la cabeza de la lista de riesgos a los que deben hacerse frente este 2019. Los datos avalan esta preocupación: según la organización, nueve de cada diez personas respiran aire contaminado. Sin olvidar los 7 millones de personas que mueren al año por enfermedades derivadas de la mala calidad del aire.

Los últimos estudios alertan de un aumento de patologías respiratorias como el asma o la EPOC, cardiovasculares como la arteriosclerosis o neurológicas como la hiperactividad o la demencia, así como de un mayor riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer, concretamente de pulmón, riñón, vejiga y colon.

En este contexto, los habitantes de las grandes ciudades son los que están expuestos a unos índices de contaminación mayores. De ahí que gobiernos de todo el mundo, movidos por los compromisos alcanzados en el Acuerdo del Clima de París (2015), se estén esforzando, sobre todo en materia de movilidad, en caminar hacia un modelo energético más verde.

El reciclaje contrarresta la contaminación ambiental

Sin embargo, en la solución de problemas globales, las pequeñas acciones, incluso las que parecen menos relevantes, se tornan imprescindibles. Una de ellas es tan fácil como reciclar, según coinciden dos estudios recientes, uno elaborado por la Cátedra Unesco de Ciclo de Vida y Cambio Climático, y otro publicado por la Fundación Cidaut –ambos en colaboración con Ecoembes–. Concretamente, se calcula que, con el reciclaje de 6 botellas de plástico, se contrarresta la contaminación emitida por un tubo de escape durante 10 minutos. Entender esta conexión pasa por remontarse al inicio del proceso de fabricación de cualquier envase.

Con el reciclaje de 6 botellas de plástico, se contrarresta la contaminación emitida por un tubo de escape durante 10 minutos.

Desde la obtención de las materias primas hasta su transformación en producto final, el proceso industrial exige un gran gasto energético que, inevitablemente, se traduce en la emisión de grandes cantidades de CO2. Imaginemos, pues, que se utilizan envases reciclados. El trabajo de extracción de nuevas materias primas se reduciría y, con él, disminuirían las emisiones de dióxido de carbono. Numéricamente hablando, cada lata de aluminio reciclada evita la emisión de 0,218 kg de CO2, mientras que cada botella de refresco fabricada con plástico PET permite ahorrar 0,141 kg.

A simple vista, estas cantidades pueden parecer pequeñas. Pero su impacto es colosal si se extrapolan a nivel global. En la línea de los resultados obtenidos, tirar los envases en el contenedor amarillo no solo contribuye a reducir esos ocho millones de toneladas de plástico que cada año acaban en los mares, sino que permite que todos respiremos mejor. «Pensar con los pulmones» es una responsabilidad de todos.