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Tierras raras: ¿el nuevo petróleo?

Tierras raras: ¿el nuevo petróleo?

Casi una veintena de minerales son esenciales para la movilidad eléctrica y para casi cualquier dispositivo tecnológico que imaginemos. Pero ¿hay suficientes para todos?

Todos los días, sin saberlo, interactuamos con una gran variedad de tierras raras: están en lo más alto, en los miles de aviones que nos transportan cada día, y en lo más hondo, en los sistemas de sónar que escanean el fondo marino. Y abarcan prácticamente todo lo que queda en el medio, los millones de productos electrónicos que usamos a diario. Así se denomina a los 17 minerales (escandio, itrio, lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio) que se han convertido en una parte integral en la evolución de la tecnología y la sociedad.

En una etapa de nuestra historia marcada por la transición a una forma de producir y consumir más sostenible, que implica ir dejando atrás el carbono, las tierras raras cobran cada vez mayor protagonismo. Son fundamentales, por ejemplo, para la purificación del aire en nuestras ciudades, porque algunas de ellas se emplean en la movilidad eléctrica. Pero también en la fabricación de las pantallas que, cada vez más, inundad nuestro día a día.

China es, hoy por hoy, el país que controla el mercado de estos minerales

A medida que la demanda de tierras raras crece constantemente, la producción permanece invariable. Esto podría crear una situación teórica preocupante de déficit de recursos de tierras raras. Y a eso se añade el hecho de que China es, hoy por hoy, el país que controla el mercado de estos minerales, por lo que tiene en su mano una facilidad preocupante para gestionar el alza o la bajada de precios.

Para muestra, un botón: el valor del neodimio, que se emplea en la fabricación de imanes en coches eléctricos, subió a finales final de 2017, debido a una mayor restricción por parte del país asiático después de una serie de inspecciones medioambientales y de recursos, lo que llevó a paros sostenidos en la producción, que fomentaron la especulación. Situaciones como estas podrían llevar a un encarecimiento del coche eléctrico y, por tanto, perjudicar el calendario que se ha impuesto la comunidad internacional para rebajar las emisiones globales de CO2 NOx.

Por otro lado, China es cada vez más restrictiva en la cantidad de tierras raras que exporta, en favor del almacenamiento o en el propio país. Una situación que estuvo a punto de agudizarse el año pasado, cuando Estados Unidos incluyó las tierras raras en la lista de importaciones del país asiático que serían gravadas con impuestos. Por suerte, la Administración de Trump se echó a atrás en el último momento, al comprobar que la producción propia de estos minerales era realmente escasa.

Por suerte, se dan dos situaciones que pueden aliviar el precio y la dependencia de las tierras raras, y evitar así que influya en el avance y éxito de la movilidad eléctrica. Por un lado, muchas compañías, como Shenghe Resources, ya están buscando fuentes alternativas de materias primas. Y marcas como Toyota ya tienen en la rampa modelos de coches híbridos y eléctricos que prescinden de tierras raras.

Por otro lado, acaban de descubrir en Japón más de 16 millones de toneladas de estos minerales, lo que supone, por ejemplo, que existen cantidades de disprosio (empleado en vehículos híbridos) suficiente para abastecer la demanda de más de 700 años. No solo es una buena noticia porque impedirá la subida descontrolada de precios: sino porque da margen de sobra para investigar en fuentes alternativas, y en un uso mucho más optimizado y eficiente de las que ya existen.