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¿Agudiza el cambio climático las alergias?

¿Agudiza el cambio climático las alergias?

Desde estornudos, picor de ojos y cansancio hasta insuficiencia respiratoria grave. Esta enumeración de síntomas podría aparecer perfectamente en el apartado de efectos secundarios de un prospecto médico. Sin embargo, pertenece a la lista de consecuencias directas del cambio climático sobre la salud. Las enfermedades respiratorias crónicas, como el asma, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica o la rinitis alérgica, afectan a cientos de millones de personas de todas las edades, procedencias geográficas y estatus socioeconómico, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En la actualidad, hay cerca de 235 millones de personas en el mundo con asma, una enfermedad que en 2015 fue la causa directa de 383.000 muertes, cifra que «aumentará en los próximos 10 años si no se toman medidas urgentes», como advierte el organismo internacional.

Además del asma, las alergias han experimentado un «aumento constante a nivel mundial», llegando a afectar a casi el 40% de la población, concluye el Libro Blanco de la Alergia de la Organización Mundial de la Alergia (WAO). Aunque no se puede asegurar de forma categórica que el origen de las alergias esté en el cambio climático, los científicos de la WAO sí afirman que estos problemas «seguirán en aumento conforme la contaminación atmosférica y la temperatura ambiente aumenten. Estos cambios ambientales afectarán a los recuentos de polen, la presencia de insectos, y la presencia de hongos asociados a las enfermedades alérgicas».

La alergia al polen es uno de los ejemplos más representativos del impacto del cambio climático en la salud, ya que el aumento de las temperaturas y la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera están directamente relacionados con mayores cantidades de polen durante periodos de tiempo más prolongados. «El dióxido de carbono (CO2) es el principal alimento de las plantas y es imprescindible para realizar la fotosíntesis. Cuando estas están expuestas a temperaturas más elevadas de las normales y a mayores niveles de CO2 en el aire, crecen más vigorosas y producen más polen del que fabricarían en condiciones ambientales normales», explica Charles W. Schmidt en el artículo Sobrecarga de polen: Alergias estacionales en un clima cambiante publicado en Environmental Heatlh Perspectives.

En los últimos 130 años, el mundo se ha calentado aproximadamente 0,85 grados centígrados. La ONU ha sido clara: no podemos conformarnos con un aumento de la temperatura de 2 grados, como se fijó en el Acuerdo de París y el techo del calentamiento global tiene que estar en los 1,5 grados. De lo contrario, los efectos serán «duraderos o irreversibles» ya no solo en el planeta, sino –según todos los indicios científicos- también en nuestra salud. Por tanto, el cambio climático no puede considerarse nunca más un fenómeno exclusivamente ambiental, este es además un problema de salud pública que nos afecta a todos… y que, aunque no siempre nos demos cuenta, también influye hasta del más inocente de los estornudos.