Economía circular

Entrevista a Andrew Morlet: “Aún falta democratizar la economía circular”

Entrevista a Andrew Morlet: "Aún falta democratizar la economía circular"

Andrew Morlet ha sido director global de Estrategia de Información y Tecnología en Accenture y socio de McKinsey & Company. Sabe lo que es estar en lo alto de la pirámide socioeconómica, y podría haber seguido con su vida de éxito sin mirar a su alrededor. Pero lo hizo.

Y precisamente, por sus profundos conocimientos en consultoría empresarial, supo muy bien lo necesario que era un, igualmente, profundo cambio de modelo si queremos conservar el planeta. En 2013 pasó a ser director ejecutivo de la Fundación Ellen MacArthur, cuyo eslogan resume muy bien sus objetivos: «Nuestra misión es acelerar la transición a una economía circular».

De la cúspide empresarial a trabajar en una institución sin ánimo de lucro como Ellen MacArthur Foundation. ¿Cómo es esa transición? ¿Podrías describir el momento en que decidiste dar ese  giro a tu vida?

No es un momento concreto. Sencillamente, el concepto de economía circular y la inteligente visión comercial que abarcaba me parecían una gran idea. El modelo podía ser (y, de hecho, lo es)  aplicado a organizaciones de todo el mundo, y sus fundamentos se aplican no solo a las empresas, sino también a la educación, los Gobiernos y las ciudades. Todo esto cobraba mucho sentido para  mí. Y más aún, la economía circular ofrece una visión inspiradora, oportunidades de innovación en todos los sectores y tiene un enorme potencial para crear valor. De hecho, representa un cambio  que va de la extracción de valor a su creación, mediante el uso de un nuevo modelo que también ofrece resultados ambientales y sociales sumamente positivos.

Economía circular, economía sostenible… Estas son definiciones a las que recurren, cada vez más, algunas grandes multinacionales. Se las han apropiado como estrategias de marketing. ¿Cuál es  tu opinión al respecto? ¿Hay un futuro real para la economía circular, que va más allá de la mera apariencia?

Vale la pena aclarar que la economía circular y las prácticas de sostenibilidad más básicas están conectadas, pero son diferentes. Lo último tiende a implicar hacer «lo menos malo» y minimizar los impactos negativos, que es un trabajo esencial, pero no suficiente para cambiar lo que es una economía lineal y sumamente derrochadora. Con la economía circular, en cambio, sí que estamos  buscando una nueva visión y enfoque para una economía que brinde mayor prosperidad y nuevas oportunidades para la innovación y el crecimiento. Estamos hablando de volver a la fase del  diseño, y no hablo solo de productos, sino de sistemas completos: rediseñarlos para que sean regenerativos. En lugar de extraer y degradar continuamente, en una economía circular,  devolveríamos más de lo que eliminamos. Para las nuevas empresas, también las grandes compañías, y por extensión, los Gobiernos que están adoptando este enfoque, existen beneficios reales, y  no solo en cuanto al uso de recursos y energía. Los productos y servicios diseñados de acuerdo con los principios de una economía circular también pueden ser mejores para los clientes. Significaría productos más duraderos con un rendimiento mejorado, opciones más asequibles y materiales más saludables. Tomemos como ejemplo los coches. En la Unión Europea, el automóvil  promedio permanece inactivo durante el 92% del tiempo, durante el cual los propietarios siguen pagando el seguro y los impuestos, sin mencionar el coste de compra. Un negocio que permite  compartir automóviles entre muchos usuarios supone un uso mucho mejor de los recursos, y significa que los ciudadanos solo pagan por el automóvil cuando lo necesitan. Naturalmente, no es útil para una empresa de cualquier tamaño etiquetar algo como «economía circular» si esa no es la dirección hacia la que se dirigen. Pero estamos viendo la aparición de modelos de negocios circulares cada semana, y muchos de ellos son radicalmente diferentes de los del pasado: debemos alentar estrategias de marketing inteligentes para que la opción más circular sea deseable para  las personas, porque se les ha informado de sus beneficios.

Escuchándote, la transición desde una economía lineal parece muy fácil.

No es así. En el cambio hacia una economía circular, habrá dificultades y complejidades en el camino. Sucede con cualquier cambio de esta magnitud. Sin embargo, la convergencia de tendencias  en torno a la tecnología digital y las cambiantes demandas de los clientes, junto con la protección de los recursos y las crisis ambientales, dan lugar a innumerables oportunidades para crear una economía circular. Y no faltarán personas que sepan aprovecharlas.

Hoy, todos tenemos teorías claras sobre la sostenibilidad. La escritora medioambientalista Terry Tempest Williams dice que, si queremos salvar el planeta, es necesario un cambio de mentalidad  en los jóvenes. Tienen que volver a lo básico, y cambiar su forma de consumir. ¿La radicalidad es la única vía?

La mentalidad de los jóvenes ya está cambiando, y de hecho, está cambiando radicalmente. Pero eso no significa volver al modelo frugal del pasado. Se están produciendo cambios más grandes que están allanando el camino para algo nuevo y relevante para el siglo XXI.

«Se trata de un nuevo paradigma. Tenemos que dejar de extraer valor de la tierra, y empezar a crearlo»

¿Podrías darme algún ejemplo?

Estamos trabajando con la industria de la moda a través de nuestra iniciativa Make Fashion Circular. Es una industria con un gran desperdicio: el equivalente a un camión lleno de ropa se quema  o se desecha en la basura cada segundo. Una respuesta es poseer menos prendas y más duraderas, pero en realidad está surgiendo una tendencia diferente. Se espera que el mercado de reventa tenga un valor global de 33.000 millones de dólares en 2021, con compañías como Yerdle, Real Real y Renewal Network a la cabeza. El alquiler de ropa, algo que era un nicho hace apenas unos años, se está acelerando, con Rent the Runway, que cuenta ya con 10 millones de miembros, y YCloset, en China, con más de 5 millones. Defendemos una industria de la moda que no solo permita a las personas actualizar su estilo, expresarse y celebrar la creatividad, sino que también mantenga en uso los productos y materiales por más tiempo. Este cambio está habilitado por la tecnología digital, y por un cambio en la mentalidad de los jóvenes. Cada vez más, están valorando la accesibilidad y la experiencia sobre el coste y la carga de la propiedad.

De modo que podemos ser optimistas respecto a las generaciones venideras.

Los jóvenes son más conscientes de los desafíos que enfrentan la economía y la sociedad. Basta fijarse en el impulso reciente para  abordar el problema de los plásticos oceánicos, del cual hemos sido parte en nuestro trabajo con New Plastics Economy. Evidentemente, hay una energía y un deseo de abordar estas cuestiones. Lo que ahora necesitamos es establecer las condiciones en las que las decisiones, las acciones y las compras de las personas puedan realmente contribuir a la creación de un sistema de consumo de plásticos que funcione a largo plazo.

Andrew Morlet conferencia

Una pregunta directa, no como experto ni como gurú de la economía circular. Solo como un ciudadano. ¿Crees que cumpliremos los objetivos para este siglo contra el cambio climático? Tenemos que evitar que la temperatura suba 1,5 grados, un objetivo extremadamente ambicioso.

Hay una gran cantidad de datos y estadísticas para medir el éxito en la restricción del aumento de las tempera turas globales. Y nos dan una gran cantidad de datos para ser optimista. Las organizaciones líderes en el mercado están aplicando el concepto de economía circular a escala global, estableciendo un ejemplo para que otros lo sigan, y la diferencia que esto está marcando es evidente. Un buen ejemplo es el acuerdo Global Commitment (Compromiso Global) para asegurar que todos los envases de plástico sean 100% reutilizables, reciclables o compostables de aquí a 2025. Ha sido firmado por casi 300 organizaciones, que representan el 20% de todos los envases de plástico producidos a nivel mundial, e incluyen algunos de los más grandes. Son productores de envases, marcas, minoristas y recicladores de todo el mundo. Este es un compromiso sin precedentes. De esta manera, estamos dando pasos significativos hacia el logro y la superación de los objetivos establecidos por marcos tales como los ODS.

Uno de los principales problemas ha sido de índole cultural. Si nuestra generación, y la generación anterior, hubieran tenido más cultura ambiental, es posible que no estuviéramos en esta situación de emergencia. ¿Qué crees que debería cambiar en los programas educativos para las nuevas generaciones a partir de ahora?

Ya sea la economía, el medio ambiente, una industria o una ciudad, la mayoría de los sistemas que nos rodean son complejos. No están gobernados por una simple causa y efecto. Incluso si las personas educadas aprenden sobre temas ambientales, esta complejidad significa que, por lo general, no pueden identificar las mejores formas de crear un impacto positivo. El mayor cambio, por tanto, debería ser desarrollar habilidades en el pensamiento sistémico. Se trata de comprender cómo está conectado todo, el papel de las diferentes partes del sistema y las relaciones entre ellas. Esto ayuda a reconectar la economía, la sociedad y el medio ambiente, y revela puntos de intervención que nos permiten tratar las causas de los desafíos actuales, en lugar de solo los síntomas. Al mismo tiempo, necesitamos ver actualizaciones de una amplia gama de planes de estudio que reflejen las fuerzas tractoras capaces de remodelar la economía. Lo que la gente aprende sobre la economía y los negocios todavía se basa en gran medida en los preceptos de la Revolución Industrial: energía barata, recursos abundantes y un enfoque laissez-faire [dejar pasar] para los problemas ambientales. Como ejemplo de una actualización que aborda una brecha real en la comprensión, hemos producido una Guía de Diseño Circular gratuita con la consultora de diseño IDEO para ayudar a los creadores a inventar mejores productos y modelos de negocios. Por lo tanto, temas como diseño, ingeniería, economía y negocios deben adaptarse a las realidades del siglo XXI. La gente relaciona la economía circular con el reciclaje, la reutilización. Pero creo que hay un aspecto mental, que debe tenerse en cuenta. Un cambio de actitud que va más allá de tirar plásticos al cubo de plásticos.

«Las compañías que cambian de modelo obtienen beneficios que van más allá del aprovechamiento de recursos»

¿Qué opinas sobre ese aspecto más psicológico de la economía circular?

Creo que el peligro es que muchos ciudadanos piensan que al reciclar ya han contribuido con su parte. Y continúan comportándose como siempre en las otras áreas. Pero reciclar debe ir acompañado de un cambio de actitud que es necesario para que la economía circular se convierta en una realidad.

A nuestro alrededor, mucha gente que recicla no es consecuente, sin embargo, con otros aspectos de la economía circular. ¿Debemos cambiar nuestros hábitos?

De momento, las oportunidades para contribuir a una economía circular no se distribuyen a lo largo de la vida cotidiana de todos. Y es una pena porque, por suerte, hoy es cada vez más fácil tomar mejores decisiones en algunos aspectos, como elegir envases reutilizables, alimentos que se cultivan de forma regenerativa, productos duraderos o remanufacturados, o aquellos hechos de materiales seguros y circulares. Pero estas opciones, por desgracia, todavía no están accesibles para la mayoría. Aún falta democratizar la economía circular. Y la economía sigue siendo abrumadoramente lineal. Así que no creo que podamos culpar a los ciudadanos por ser imperfectos cuando se trata de su propio comportamiento. Debemos aplaudir los esfuerzos en la dirección correcta, mientras trabajamos en todo el sistema, desde el diseño, la fabricación y la venta al por menor hasta el uso, la reutilización y la remanufactura, para crear más y más oportunidades, para que cada vez más personas contribuyan a una economía circular.

«Lo que aprendemos sobre economía y negocios todavía se basa en gran medida en los preceptos de la Revolución Industrial»

Estamos en medio de una transición. ¿Cómo ves el final del proceso?

Nosotros, en el futuro, queremos ver una economía en la que no haya posibilidad de tomar «malas elecciones», lo que significa que cada acción y compra conllevan siempre una intención de acabar con el desperdicio y la contaminación, de mantener los productos y materiales en uso todo el tiempo posible y, por supuesto, de regenerar los ecosistemas naturales.