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Desmontando a los negacionistas del cambio climático

Desmontando a los negacionistas del cambio climático

«Los volcanes emiten más CO2 a la atmósfera que los coches o los aviones» o «el cambio climático es un proceso natural del planeta y no una consecuencia de la actividad humana» forman parte de la lista de argumentos utilizados por los negacionistas del cambio climático. Rebatir estas falsas creencias es más sencillo de lo que parece: solo hace falta sacar a relucir los datos científicos que presentamos a continuación.

Habitualmente, los más escépticos recurren a la afirmación de que a lo largo de la historia las temperaturas han variado hasta llegar a situaciones extremas, como las glaciaciones globales. Bajo ese pretexto, sostienen que la actividad humana no es la causante del calentamiento global, sino que se trata de una subida de temperatura que, como tantas otras, acabará por regularse.

Si bien es cierto que el planeta ha pasado por diferentes etapas de más o menos calor, ha sido a partir del siglo XIX –con el estallido de la Revolución Industrial que condujo a un inevitable incremento de las emisiones de CO2 en la atmósfera–, cuando la temperatura ha comenzado a aumentar exponencialmente y a unas velocidades cada vez mayores. Concretamente, desde 2014, cada nuevo año bate el récord de temperaturas del precedente.

El IPCC sostiene que la mayor subida de temperaturas jamás registrada está enmarcada en los últimos 35 años

Por citar una de las tantas evidencias científicas, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la NASA defiende que la mayor subida de temperaturas jamás registrada está enmarcada en los últimos 35 años. Además, hasta donde llegan las dataciones científicas, los años más calurosos de la historia pertenecen al período que va desde 2010 hasta la actualidad. Frente a los datos, las convicciones de aquellos que niegan siquiera que exista el calentamiento global, cuando menos, se tambalean.

Otro de los razonamientos más recurridos arguye que, aunque exista el cambio climático, ni nosotros ni nuestros hijos notaremos los efectos. «Entonces, ¿para qué actuar?», parecen preguntarse. La respuesta es sencilla: porque las consecuencias de la degradación del planeta ya son palpables. El nivel del mar está aumentando, los océanos se han acidificado, la Antártida se está deshelando, el número de desastres naturales como huracanes, incendios e inundaciones va in crescendo y la biodiversidad de todo el globo está desapareciendo.  Sin ir más lejos, un informe de la Unión Europea publicado en 2018 cifra ya en 258 millones las personas que se han visto forzadas a migrar por razones medioambientales. Si hablamos pues, de refugiados climáticos, ¿no serán las consecuencias del calentamiento global más que perceptibles? Sin olvidar que, según la Organización Mundial de la Salud, cerca de tres millones de muertes están relacionadas con la contaminación en el mundo.

¿Realmente, como afirman los negacionistas, «no podemos frenar el cambio climático»? Esta sentencia es, al calor de los datos, un sinsentido. Según el último informe de 2011 del Banco Mundial, en España, cada habitante emite una media de 5,8 toneladas de CO2 al año. De estas, el 56% de las partículas proceden de las viviendas y el 13% de la movilidad. En este contexto, optar por las renovables como fuente energética, utilizar métodos de transporte menos contaminantes que los vehículos diésel o reducir el gasto energético en general son algunas de las medidas que uno puede llevar a cabo a título personal para contribuir a revertir el calentamiento global.