Economía circular

Ecofactorías, la máxima expresión de la economía circular

Ecofactorías, la máxima expresión de la economía circular

La economía circular se ha alzado en los últimos años como único modelo posible de producción y consumo para el futuro más cercano. En la 49º edición del Foro Económico Mundial celebrado en Davos el pasado enero se reivindicó el sistema circular como vía imprescindible para cumplir con los Acuerdos de París de 2015 y la Agenda 2030 de Naciones Unidas. Previamente, la ONU ya lo advertía: si seguimos consumiendo al ritmo actual, será imposible alimentar a la población para 2050, que se cifra en 10.000 millones de personas –un 30% más que en la actualidad y el doble que a inicios de siglo–.

Frente a los peores escenarios, la economía circular, basada en tres principios –reducir la producción, reusar los productos y reciclar los residuos– busca dar una nueva vida a los productos, lo que implica una transformación radical de las dinámicas industriales. En este sentido, las ecofactorías encarnan la esencia de la circularidad y nos permiten entender cómo sería un planeta en el que, lo que uno considera un residuo, otro lo aprovecha como materia prima. Algunas empresas como Grupo Agbar o Estrella Damm ya han convertido su cadena de producción en un circuito cerrado de cero emisiones.

Algunas empresas como Grupo Agbar o Estrella Damm ya han convertido su cadena de producción en un circuito cerrado de cero emisiones

Aguas de Barcelona (Grupo Agbar) ha apostado por poner en marcha una nueva ecofactoría en la que se podrá reutilizar el agua residual que habitualmente se vierte al mar y obtener elementos normalmente desechables como el fósforo o el biogás y utilizarlos para actividades agrícolas e industriales. Por su parte, la Fábrica de Estrella Damm en El Prat (Barcelona) es también un circuito cerrado de referencia que se basa, sobre todo, en el reaprovechamiento de bagazo, un residuo orgánico procedente del arroz y la malta. La empresa cervecera produce cerca de 90.000 toneladas anuales de este compuesto que desde 2017 ofrece en su totalidad a granjas cercanas de producción de leche para que lo aprovechen como alimentación para las vacas. Luego, el residuo se devuelve a la tierra, convirtiéndose así en máxima expresión del modelo circular.

Otro claro caso de éxito es la fábrica de la marca Bezoya, ubicada en Tres Casas (Segovia). La planta de embotellado de agua mineral, propiedad de la empresa de alimentación y bebidas Calidad Pascual, consiguió que en 2017 ningún residuo acabase en un vertedero. Dicho de otro modo, alcanzó el objetivo de producir cero residuos. Los resultados responden a una estrategia que tiene en cuenta el impacto medioambiental de la producción en todas las etapas de la cadena de valor: desde la obtención de materias primas hasta el reciclaje y rediseño de los productos comercializados.

Si bien es cierto que reducir la huella de carbono, aprovechar los residuos y mejorar la eficiencia de la producción son ya algunas de las principales líneas de desarrollo fijadas por empresas de todo el mundo, aplicar los principios de la economía circular pasa por re-concebir el modelo de negocio en su totalidad. Y, sin duda, estamos en el camino.