Economía circular

Economía circular y revolución 4.0

Economía circular y revolución 4.0

Estamos ya viviendo en la Cuarta Revolución Industrial, la revolución 4.0, aunque algunos no quieran darse cuenta. Esto se traduce en una interconexión permanente de máquinas y sistemas en todo el proceso productivo gracias a tecnologías como la robótica, la inteligencia artificial, el machine learning, el deep learning, el big data, el Internet of Things (IoT) o la impresión 3D. La consultora Gartner estima que, en 2020, podría haber cerca de 20,5 millones de dispositivos conectados. Tal es su potencia disruptiva, que es difícil imaginar un campo de la sociedad o la economía que no se vea impactada por ella.

En este sentido, ¿cómo va a afectar a la economía circular? Reconozco que entro en este terreno desde la humildad. He llegado a comprender, creo, el impacto de la revolución 4.0 en el espacio público, en la reputación corporativa, en la RSC e incluso en la cultura corporativa. Aunque la economía circular es un campo nuevo para mí, hay algunas ideas básicas que quisiera compartir.

Empezaré por los economics. Siguiendo datos ya publicados por la Fundación Ellen MacArthur, SUN y McKinsey, la Revolución 4.0 podría generar en Europa un beneficio neto de 1,8 billones de euros hasta 2030, lo que representa 0,9 billones más que el modelo tradicional de economía lineal. Este dato supondría que el PIB europeo podría crecer hasta un 11 y un 27 por ciento para 2030 y 2050, respectivamente, frente al 4 y el 15 por ciento del escenario de desarrollo actual.

«El blockchain facilita, entre otras cosas, la implantación de sistemas de reciclaje que promuevan la participación de los ciudadanos, recompensando con criptomonedas sus actuaciones positivas»

Sigamos por aplicaciones concretas. Por un lado, la inteligencia artificial, optimizaría el uso de recursos naturales (por ejemplo, el agua), de redes de energía y transporte; también podría predecir desastres naturales y fenómenos climáticos. Por otro, el IoT y el big data podrían recopilar datos a través de sensores y conectar máquinas y personas –a todos con todo–, para desarrollar nuevos modelos de negocio circulares, como las plataformas de coche compartido o los modelos de producto como servicio (basados no en poseer los bienes sino en utilizarlos). Además, el blockchain, en tanto que una inmensa base de datos que se distribuye entre varios participantes, permitiría ofrecer trazabilidad y claridad para realizar transacciones de activos de carbono, facilitar negocios C2C de energía renovable entre ellos, implantar un sistema de reciclaje que promueva la participación de los ciudadanos, recompensando con criptomonedas sus actuaciones positivas.

También la robótica puede ser un aliado inmenso no solo para optimizar procesos industriales, sino, sobre todo, para la gestión de residuos, ya que los robots pueden distinguir entre cientos de residuos y recuperar aquellos reciclables o valiosos. Y así podríamos seguir con las enormes posibilidades de autoproducción que generan la impresión 3D y la capacidad de la realidad aumentada para hacer demostraciones de impacto ambiental antes de la fabricación de cualquier componente. Al final, parece claro que la revolución 4.0 es una palanca fundamental para la economía circular.

Para terminar, me gustaría poner foco en los océanos, quizás la parte más difícil, por extensa, de abordar por el ser humano. Más allá de la ya famosa barrera flotante para limpiar el plástico de los océanos lanzada por Ocean Cleanup, con las que sus creadores buscan limpiar en 5 años el 50% de los residuos plásticos del gran basurero del Pacífico, también empieza a haber soluciones interesantes basadas inteligencia artificial; por ejemplo, IBM está incorporando al plancton sensores biológicos naturales para medir la salud del agua, predecir posibles mareas rojas y responder ante vertidos de petróleo.

En otras palabras. El futuro, como decía Radio Futura en su canción, ya está aquí. Simplemente, negarlo no es una opción.