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Proteger Doñana, una cuestión de Estado

Proteger Doñana, una cuestión de Estado

Desde 2004 la Comisión Europea ha mostrado en repetidas ocasiones su preocupación por la conservación del espacio natural de Doñana. Según el organismo internacional, España no ha tomado las medidas necesarias para garantizar el cuidado de las masas de aguas subterráneas que alimentan el humedal andaluz. Su deterioro es inminente, y proteger Doñana se ha convertido ya en una cuestión de Estado.

Pozos y cultivos ilegales asfixian al humedal de Doñana. Casi sin aliento, observando en silencio cómo, lentamente, le despojamos de sus aguas y, con ellas, de su flora y su fauna, el parque natural alcanza este año la madurez y entra en su segunda mitad de siglo de vida con una desprotección sin igual. Por suerte para Doñana, Europa se ha cansado de mirar impasible cómo la inacción de los sucesivos Gobiernos españoles y andaluces favorece el estado crítico de uno de los acuíferos más relevantes del continente.

La Comisión Europea ha decidido dar la voz de alarma y llevar el asunto a los tribunales, después de que varios informes europeos alertasen de la sobreexplotación que sufren tres de las cinco masas subterráneas que conforman el humedal. La legislación de la Unión Europea sobre el agua exige que se protejan este tipo de recursos hídricos, pero España ni siquiera está adoptando las medidas necesarias para evitar el deterioro de los hábitats protegidos en Doñana, lo que supone una infracción de la legislación de la UE en materia de protección de la naturaleza.

La UE y varias ONG llevan años observando el desvío de grandes cantidades de agua subterránea del humedal, tanto para la agricultura como para cubrir las necesidades del turismo local. Estas actividades están deprimiendo la capa freática —es decir, la parte de suelo saturada de agua— y agudizan la vulnerabilidad de los espacios de la Red Natura 2000 situados en Doñana durante las temporadas más secas de la zona. El deterioro parece inevitable, al menos si no se toman medidas inmediatas.

Si no llega suficiente agua de buena calidad a los humedales de Doñana, su conservación y su supervivencia será imposible

Sin lugar a dudas, la conservación de Doñana es una cuestión de Estado. El humedal andaluz alberga una importante diversidad biológica y cuenta con especies en grave peligro de extinción como el águila imperial, el lince ibérico y la tortuga mora, y forma parte de la ruta migratoria de millones de aves al año. Por si esto fuera poco, si no llega suficiente agua de buena calidad a los humedales, su conservación y su supervivencia será imposible y su vida, inexistente. Por tanto, al tener en cuenta la Directiva marco sobre el agua respecto a la protección de Doñana, el buen estado de las aguas subterráneas que dan vida a los ecosistemas se plantea como un imperativo legal.

A pesar de lo que pueda parecer, no es la primera vez que la Comisión Europea pone de relieve el estado de emergencia en el que se encuentra Doñana. Ya en 2016 el Gobierno recibió un toque de atención por parte de Europa por desproteger el humedal. Ahora, la UE se preocupa por el posible deterioro futuro del estado del parque natural, que sería irreversible. Desde la Comisión Europea aseguran que «las medidas implantadas para garantizar la gestión sostenible de los recursos hídricos y la conservación de los hábitats de Doñana son insuficientes, y su ejecución defectuosa» y, por consiguiente, es inevitable que su futuro se decida en el Tribunal de Justicia de la UE.