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El Camino de Santiago, la ruta del reciclaje

El Camino de Santiago, la ruta del reciclaje

Haga sol, llueva o sople un impetuoso viento, miles de personas se aventuran todos los días del año a recorrer el Camino de Santiago. Sin ir más lejos, en 2018 fueron 327.000 los peregrinos de más de 177 nacionalidades los que se enfundaron las botas de senderismo, cogieron la mochila e iniciaron la marcha hacia Santiago de Compostela, el final de la ruta más antigua (y probablemente una de las más famosas) de Europa. En las distintas sendas que lo conforman, los entornos naturales maravillan a los caminantes pero, a veces, los peregrinos olvidan que cuidar el Camino es tan importante como llegar al destino: si bien la naturaleza puede acogernos, no recoge lo que tiramos en ella.

Por eso, desde 2015, Ecoembes ha intentado que el Camino de Santiago sea también el Camino del Reciclaje, concepto que da nombre al proyecto destinado a acabar con lo que se conoce como ‘basuraleza’; esto es, desechos abandonados por los seres humanos en los entornos naturales. Actualmente, el trayecto no cuenta con un sistema unificado de recogida de residuos, sino que cada tramo lo gestiona el municipio o comunidad al que pertenece. De ahí que la iniciativa de Ecoembes sea un puente entre las diferentes administraciones para hacer que la responsabilidad y la experiencia sean compartidas.

La edición 2021 del Camino será la más sostenible y comprometida con el reciclaje de la historia

Con la colaboración de la Xunta de Galicia, la Junta de Castilla y León, el Principado de Asturias, el Gobierno de La Rioja, el Gobierno de Cantabria y la compañía de gestión de residuos Cogersa, se han llevado a cabo múltiples acciones directas para facilitar el reciclaje en todo el trayecto. También los albergues juegan un papel clave en el mantenimiento de un Camino libre de vertidos: de cara a este verano, ya son más de 450 los alojamientos que cuentan con la certificación de ecoalbergue y que han instalado contenedores de recogida selectiva amarilla y azul en sus establecimientos.

Asimismo, la iniciativa se orienta sobre todo a concienciar de que reciclar es un compromiso social. Es común ver a muchos de los ciclistas o senderistas de la ruta con una bolsa amarilla colgando del cinturón. Se trata de unas bolsas fabricadas con material PET reciclado que se distribuyen en los albergues, tanto públicos como privados, para que guarden y recojan los envases de plástico, latas y papeles generados para su posterior reciclaje. Además, los peregrinos del Camino del Reciclaje cuentan este año con un aliado: A.I.R-e, un bot del reciclaje que responde a las dudas que puedan surgir a los peregrinos.

En la edición pasada, entre junio y octubre, se reciclaron más de 248 toneladas de envases, un 28% más que en 2017. Las previsiones para este año son aún más halagüeñas, y es que de cara a 2021 (el próximo Año Santo Compostelano) se espera que sea la Edición del Camino de Santiago más sostenible y comprometida con el medioambiente y el reciclaje de la historia. Porque, al final, hay mil formas de vivir el Camino, pero solo una de conservarlo: reciclando.