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En los festivales de música también se recicla

En los festivales de música también se recicla

Aunque las oficinas y el metro vuelvan a repoblarse y los últimos rezagados estén ya de vuelta en la oficina tras las vacaciones, el verano aún da sus últimos coletazos. Para un número cada vez mayor de melómanos, el estío se despide cuando cierran las puertas del último festival y, en España, esa fecha cada vez se retrasa más en el calendario. Según las cifras manejadas por las diversas asociaciones de promotores musicales, en nuestro país hay más de ochocientos festivales de música registrados oficialmente. Más de la mitad se celebran en los meses de julio y agosto —aunque la oferta ya está diversificada desde mayo a septiembre— y, entre todos, mueven cifras que van más allá de los veinte millones de euros.

Pero, más allá de sus impactos económicos y la fiesta que traigan aparejada para los asistentes, estas citas también tienen una enorme huella medioambiental: miles de personas juntas, bailando, bebiendo, divirtiéndose… Y generando una gran cantidad de residuos, desde el papel en el que imprimen las entradas hasta las minúsculas piezas de plástico de las pulseras o las ingentes cantidades de envases de comida y bebida que se utilizan.

A más del 87% del público asiduo a los festivales le preocupa la generación de residuos en este tipo de eventos, según la consultora Muwow

Por fortuna, con la proliferación de este tipo de citas en la agenda de ocio veraniego ha ido aumentando la tendencia a hacer de ellas algo cada vez más sostenible, también por la reclamación de los propios usuarios para poder disfrutar de la música sin remordimientos. Hace un par de años, una encuesta realizada por la consultora de marketing especializada en el sector musical Muwow reveló que a más del 87% del público asiduo a los festivales les preocupa la generación de residuos en este tipo de eventos. Eso sí, la inmensa mayoría de ellos no elude su parte de culpa en el asunto y señala como responsables a partes iguales a la propia organización, pero también a los asistentes.

Quizá por ese aumento de la conciencia medioambiental de la sociedad en su conjunto, cada vez son más los eventos musicales que apuestan por las alternativas verdes para minimizar sus impactos. Para empezar, a la mayoría de estas citas ya puedes acceder con tu entrada guardada en el teléfono móvil sin que sea necesario portarla impresa para acceder al recinto, un gesto que puede parecer simbólico pero que ahorra toneladas de papel al año. Sin embargo, el mayor de los impactos medioambientales ha venido junto a la batalla contra los plásticos de un solo uso: los clásicos vasos de usar y tirar han sido reemplazados por otros reutilizables —aunque también de plástico, ya que las normas de seguridad impiden el uso del vidrio en la mayor parte de las ocasiones—. Ahora, en muchos de estos festivales, al inicio del evento adquieres un recipiente para rellenarlo en las horas o días sucesivos. En algunos de los casos, al finalizar el evento, incluso puedes devolverlo a la barra para recuperar tu dinero.

Reciclaje en los festivales de España

Además de minimizar la generación de residuos con este tipo de acciones, también es importante que aquellos que se generen, sean separados y depositados en los contenedores correspondientes para poder ofrecerles una segunda vida. Solo durante el verano de 2018, Ecoembes lanzó campañas de sensibilización específica y colocó contenedores de colores en 59 festivales de música —por los que pasaron hasta tres millones de asistentes—. Con ellos logró recoger un total de 459.332 kilos de envases propios del contenedor amarillo (latas, briks y envases de plástico), y del azul (envases de papel y cartón). Además de la recogida selectiva, este verano, la entidad lanzó la campaña Diviértete y recicla, con la que se pretende fomentar el reciclaje de forma llamativa: un tótem gigante de ocho metros que actúa como punto de encuentro y representa un ovni-contenedor que ha bajado a la Tierra para reciclar las botellas de plástico, residuos que los asistentes pueden depositar en su base.

La apuesta por la movilidad colectiva, eléctrica y compartida para llegar al recinto del festival, los talleres de reciclaje infantil o las campañas de concienciación específicas —desde plantaciones de árboles a batidas de recogida de basuraleza— comportan otras de las acciones que ya no son rara avis en las multitudinarias citas veraniegas. Como decía Bono, cantante de la conocida banda U2, «la música puede cambiar el mundo porque puede cambiar a las personas». Y, sin dejar de divertirse, los animales festivaleros ya han comenzado a bailar el cambio.