Economía circular

Cristina Gallach: “El entorno socioeconómico debe llevarnos a la transición energética”

Cristina Gallach: "El entorno socioeconómico debe llevarnos a la transición energética"

Cristina Gallach (Sant Quirze de Besora, Barcelona, 1960) fue la designada para presidir el Alto Comisionado para la Agenda 2030, un órgano unipersonal y dependiente directamente de Presidencia del Gobierno que se encarga de coordinar las acciones para garantizar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en España y que fue creado con la llegada del Partido Socialista a la Moncloa el pasado verano. Experta en relaciones internacionales, Gallach había sido previamente secretaria general adjunta de las Naciones Unidas para Comunicación e Información Pública. También fue corresponsal de la Agencia EFE en Moscú y en Bruselas y la voz de Javier Solana ante los medios durante más de diez años.

En julio de 2018, el Índice anual de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas suspendía a España en sus medidas hacia el cumplimiento de esta agenda global. No aprobó ninguno de los 17 ODS establecidos en 2015 y se hizo con el puesto 25 en el ranking mundial. ¿Se ha avanzado desde entonces? ¿Cuáles son los grandes caballos de batalla?

Estamos muy bien posicionados en los objetivos que tienen que ver con salud o educación –la esperanza de vida es de las más altas del mundo y nuestro sistema nutricional es uno de los mejores, según los expertos–, pero hay otros en los que tenemos mucho que mejorar, sobre todo en dos bloques. En primer lugar, el medioambiental, cuyo instrumento fundamental es el anteproyecto de Ley de Cambio Climático y de Transición Energética. Hay mucho trabajo por hacer, ya que no solamente se trata de una macro ley que afecta a muchas áreas, sino que aglutina decisiones muy específicas tanto de movilización ciudadana como de los sectores público y privado. El segundo bloque donde, afortunadamente, ya se han tomado muchas decisiones es en los objetivos que afectan directamente a las personas, es decir, los que tienen que ver con igualdad de género, inclusión, ayudas a las personas más desprotegidas y lucha contra la violencia. En diciembre tomamos 110 medidas de calado que tocaban más de sesenta indicadores concretos y ahora es el momento de medir su impacto, algo que se irá haciendo paulatinamente, ya que nos interesa evaluar el cambio de trayectoria más que la foto concreta. Salimos de una crisis en la que mucha gente se quedó rezagada y las políticas públicas están corrigiendo eso.

Según el último informe del IPCC, si no se limita el calentamiento global a 1,5 grados, las consecuencias serán irreversibles. ¿Aún estamos a tiempo de cumplir ese objetivo?

Creo que sí. Con normativas como el anteproyecto de ley que mencionaba abordamos movilidad, generación de energía, consumo y mix energético, y eso está claro que tiene un impacto real en aspectos diversos, desde la creación de puestos de trabajo hasta la construcción de viviendas. En el fondo, es una de las mayores transiciones que se han llevado a cabo y es absolutamente imprescindible que España lo aborde, ya que también moviliza a los sectores económicos y sociales. Es un compromiso de todos luchar contra el cambio climático y, además, hacerlo dentro de un marco en el que el entorno socioeconómico nos lleve de por sí a esa transición energética.

Según la OCDE, solo entre el 28 y el 45% de las personas han oído hablar alguna vez de los ODS.

Dar a conocer los ODS a la opinión pública es algo crucial. Parte del éxito de esta agenda vendrá dado por su comprensión. No solamente se trata de identificar los colores o la rueda [el logo representativo de los ODS], sino de asumir lo que significan y que eso lleve a una movilización social. En este punto, nos dimos cuenta de que había muy poca divulgación en la materia. A nivel internacional, se empezaron a hacer campañas amplias y estratégicas, pero el aterrizaje de la comunicación para la ciudadanía en su vida cotidiana corresponde a los Gobiernos y a los Estados. Naciones Unidas delegó en ellos esa responsabilidad, como debe ser. Cuanto más se conozca la Agenda, la garantía de acción será mayor. Es un triunfo ver que cada vez más ciudadanos y representantes públicos la conocen e incluso llevan el pin en la solapa. Poner marca a estos compromisos ayuda a que se adquiera un sentido de pertenencia.

«Que España sea uno de los países líderes en reciclaje demuestra que la sociedad está dispuesta a cambiar»

Un dato positivo: España es uno de los países líderes en reciclaje. ¿Cree que la sociedad española está preparada para el cambio de paradigma que supone la economía circular? ¿Qué papel juega la educación?

En España no ha habido un proceso de concienciación tan rápido en los últimos años como el que se ha tenido con temas como el reciclaje o el abuso del plástico. Tampoco a nivel internacional, como se puede comprobar, con el poco tiempo que transcurrió desde que se presentó la Directiva regulatoria de plásticos de un solo uso por la Comisión Europea hasta su adopción, lo que muestra la potencia que tienen este tipo de asuntos. Que nuestro país sea líder en reciclaje demuestra que la sociedad está dispuesta a cambiar sus hábitos. Las nuevas generaciones son cada vez más conscientes del problema, pero también se requieren procesos productivos liderados por las propias empresas que se traduzcan en más alternativas para el consumidor. El consumo responsable al que hace referencia el ODS 12 es uno de los que más empoderan a las personas. Soy muy optimista respecto a este asunto, ya que creo que cada vez está más claro que serán los consumidores los que marcarán el camino a seguir, por lo que hay que hacer que sientan esa fuerza. Eso va de la mano de la adopción de marcos regulatorios adecuados que lleven los compromisos un paso más allá e incidan en la educación. Los hábitos de consumo están cambiando y, afortunadamente, hemos desterrado el famoso usar y tirar que tan pernicioso ha sido para el planeta –aunque nos hayamos dado cuenta tarde–, sobre todo en sectores como la moda o los bienes de consumo esenciales. Cuando las personas estén concienciadas con el cambio de hábitos hacia nuevos tipos de productos más sostenibles, las empresas los pondrán en el mercado.

«Los hábitos de consumo están cambiando: hemos desterrado ese usar y tirar tan pernicioso para el planeta»

El Acuerdo de París recogía el criterio de transición justa para todos. ¿Cómo garantizar que la globalización y el cumplimiento de los ODS no dejen a nadie fuera?

La Agenda 2030 abarca muchas áreas pero, sobre todo, provoca que toda la transición ecológica y medioambiental esté íntimamente unida con esos objetivos más sociales que tienen que ver con la igualdad, la inclusión y el consumo. En ese aspecto hemos aprendido ya varias lecciones y creo que este proceso debe tener en sí mismo todos los aspectos de justicia. Quienes han emprendido la transición energética sin contar con el resto de ODS sociales se están encontrando con que sus programas se quedan cojos y tienen que repensar su estrategia. No puede haber una percepción social de que esa transición la pagan solamente las personas más vulnerables, como se ha visto en temas específicos como los usos energéticos. Tenemos que incidir en que todos los objetivos están interconectados y que el cumplimiento del paquete medioambiental requiere del social para salir adelante.

Donald Trump espetó un «no me lo creo» en referencia al informe elaborado por 300 científicos sobre las consecuencias del calentamiento global. ¿Le preocupa que uno de los pocos negacionistas que quedan presida el país más poderoso del mundo? Algo que también sucede en Brasil, paradójicamente, uno de los pulmones del planeta.

Que eso lo diga el presidente del país más importante del planeta a nivel económico o militar está claro que influye en los demás, pero en EE.UU sigue habiendo un gran compromiso medioambiental por parte de las ciudades, las Administraciones Públicas o los Estados. Es cierto que el ejemplo de Trump no ayuda, pero creo que quizá haya supuesto la movilización de otros actores que, sin él, no se habrían movilizado tanto. El empuje de ciudades como Nueva York, Miami, Los Ángeles o San Francisco es fundamental en la mitigación del impacto del cambio climático y la planificación estratégica contra el calentamiento global, pese a que su retirada del Acuerdo de París a nivel nacional sea algo evidentemente negativo. En el caso de Brasil hay que hacer una reflexión sobre la responsabilidad que tienen los países en la preservación de bienes que no les pertenecen a ellos sino a la humanidad. Es decir, el Amazonas no es solamente propiedad de Brasil, sino que es de todo el planeta pese a tener una ubicación geopolítica determinada. Existe una sensibilidad importante sobre ello que debe ponerse sobre la mesa en los debates y foros internacionales. Se trata de dos casos muy importantes, pero la trayectoria de la concienciación medioambiental es imparable y espero que haya la suficiente movilización como para detener estos liderazgos negativos.

cristina gallarch

Naciones Unidas ha denunciado «el estancamiento» de la inversión en investigación en España, que nos sitúa a la cola de los países desarrollados. ¿Hemos entendido que el crecimiento económico puede y debe ser compatible con la sostenibilidad medioambiental?

Es uno de los suspensos más importantes de nuestro país. La crisis se saldó con importantes recortes en esa área y estamos en fase de corrección de ese problema, pero se necesitan apoyos públicos importantes. En ello son fundamentales las alianzas que, aunque ocupen el Objetivo 17, son el pilar que sustenta todas las acciones. En España hay conciencia de ello y, durante los meses que hemos divulgado la Agenda, en el sector privado y las Administraciones hemos visto muchas ganas de colaborar y de liderar con el ejemplo, también desde el sector empresarial público. Las universidades, las ONG, la cooperación internacional… En el fondo, lo que estamos poniendo sobre la mesa es otra manera de trabajar, y lo hacemos porque se requiere tal cantidad de energía, movilización y recursos públicos y privados que es imposible llevarlo a cabo sin alianzas. No hemos agotado el potencial que tiene el Objetivo 17, que es inmenso y también requiere de unos altos niveles de transparencia o de rendición de cuentas que son intrínsecas a esa nueva manera de trabajar. Hay que insistir en la composición de equipos que operen en iniciativas multinivel con diferentes sectores y plataformas, ya que será lo que más movilice a la sociedad y empodere a sus actores.

Otro de los puntos en los que suspendemos es en vida submarina. El estado del Mediterráneo es crítico y el aumento de la temperatura puede ser letal para su flora y fauna. ¿Cómo podemos protegerlo?

Las alarmas que nos llegan sobre pérdida de biodiversidad en España son graves y nos hacen ser aún más conscientes de que España es muy vulnerable al cambio climático. Es bueno que estas organizaciones medioambientales nos fuercen a cumplir los ODS. No solamente somos conscientes de ello en términos socioeconómicos o de calentamiento global, sino también de derechos humanos y del legado que recibirán las próximas generaciones.

El turismo es un sector crucial para la economía española. Sin embargo, tiene un gran impacto medioambiental. ¿Nos hemos subido a tiempo al turismo sostenible? ¿Cree que España puede consolidarse como destino líder en este sentido?

Tenemos que trabajar y reflexionar sobre la estrategia que debe seguir el turismo sostenible, que es la mejor marca que España puede ofrecer. Eso nos ayudará, de hecho, a proteger la biodiversidad marina y terrestre de nuestro país. Una industria como el turismo, la más importante para nuestra economía, no puede existir si no es sostenible en el tiempo: si pierdes los recursos que te hacen atractivo, la gente dejará de venir y el sector no sobrevivirá. Además, el turismo sostenible es algo cada vez más interesante desde el punto de vista económico. En las empresas está calando la idea de que, si quieres permanecer viva a largo plazo, tienes que trabajar con nuevos criterios de sostenibilidad. Las grandes empresas lo tienen relativamente fácil porque, aunque tienen mucho volumen que transformar, disponen de los recursos y llevan más tiempo trabajando en ello. Las más pequeñas se sienten más solas en esa tarea y requieren de un apoyo especial. Nosotros trabajamos mucho con organizaciones empresariales que nos solicitan información para crear redes de apoyo y nuevos métodos. En el fondo, abrazar la Agenda 2030 te hace entrar en una especie de círculo virtuoso que, poco a poco, te sitúa en una posición de liderazgo, y la misión del Alto Comisionado es movilizar a toda la sociedad para que se decida a dar ese salto.

Las mujeres padecen de manera más profunda el impacto del cambio climático. También son las que están tomando un papel protagonista, liderando la mayor parte de los movimientos sociales para combatirlo.

Podemos decir que la Agenda 2030 es profundamente democrática y muy feminista. No solamente tiene un objetivo de igualdad y propone medidas claras contra la violencia de género, el empoderamiento femenino o la participación de las mujeres en todos los ámbitos, sino que se articula como un motor de cumplimiento para el resto de los objetivos. Quienes la diseñaron ya vieron que las mujeres viven en situaciones de desigualdad, vulnerabilidad y riesgo, pero que, a la vez son, tractores para el cambio: entregándoles los recursos necesarios, son capaces de cambiar los métodos de consumo o las dinámicas perniciosas para el planeta. Como se ha visto en las manifestaciones de los últimos años, la convicción de las mujeres es enorme. El cumplimiento de esta Agenda requiere de las generaciones más jóvenes, que cada vez se están movilizando más y exigiendo compromisos a quienes les están dejando un planeta en peores condiciones y con menos oportunidades. Las mujeres jóvenes tienen un papel muy importante y nunca antes habíamos tenido una agenda internacional tan comprometida con temas de igualdad de género, que se ve reflejada en todos los ODS, aunque sea fundamental ver que, si mejoras en el Objetivo 5 (igualdad de género y empoderamiento), mejoras en todos los demás.

¿Cuáles son los mayores retos que tenemos por delante y en lo que más tenemos que trabajar para hacer realidad esa Agenda 2030?

El punto principal es comprender la Agenda, no solamente saber que existe: tenemos que tomar conciencia de que es un instrumento muy útil y poderoso para el cambio. Como es algo tan amplio y abarca tantos aspectos a la vez, es muy importante su divulgación y presencia en medios. Esto requiere de liderazgo político, empresarial y de todas las capas de la sociedad para implicar a los individuos. Es imprescindible que continúe la implicación de los jóvenes. La máquina que hemos puesto en marcha ya no se puede parar. El reto del trabajo multilateral tampoco puede posponerse. El cumplimiento de esta agenda exige que se muevan en la misma dirección la UE, la ONU y todas las instituciones nacionales, regionales y locales. España tiene capacidad para ejercer liderazgos en estos tres ámbitos, y hemos puesto las bases para ello.